CAPÍTULO 10 #2
—A pesar de que nuestra relación es fingida, puedes ir con ellas. Nadie pensará que estamos mintiendo. Y, aunque esto fuera real, te puedo asegurar que tendrías toda la libertad del mundo para ir con ellas, por Dios. Sería tu pareja, no tu dueño.
Willow lo miró, sorprendida.
—Si fuéramos pareja de verdad, ¿no te importaría que bailara con ellas?
Arran arqueó una ceja.
—No. De hecho, me gustaría verte bailar —apostilló cruzándose de brazos y una sonrisa en los labios—. ¿Por qué me miras como si me hubieran salido dos cabezas?
La joven sonrió ligeramente.
—Es que eso es algo muy raro. Si te das cuenta, solo bailan las solteras. Las demás están con sus maridos.
Arran barrió con la mirada el salón y, efectivamente, constató que Willow tenía razón: solo las solteras bailaban con los demás hombres solteros. De ahí la reticencia de la joven a bailar con sus amigas.
—Y si estuvieras casada y te apeteciera bailar, pero a mí no, ¿no bailarías?
—No lo sé. Tal vez no.
—Pues considero que es la mayor tontería que podrías pensar, Willow. Eres una mujer libre. Te conocí siendo una mujer libre y me parecería una tontería que tú misma te cortaras las alas después de ponerte un anillo en el dedo.
—¿De verdad piensas eso, Arran, o lo dices para quedar bien?
El aludido lanzó una carcajada.
—Reconozco que mi carácter siempre me hace quedar bien, pequeña Willow —dijo, llamándola con el mismo apelativo que Paul usaba con ella.
La joven puso los ojos en blanco al recordarle a su antiguo pretendiente, que no estaba muy lejos de ellos.
—Desconocía tu parte engreída… —le espetó con una sonrisa.
Arran se encogió de hombros.
—Está resurgiendo, como todo lo demás, gracias a ti.
La joven se restó importancia.
—Y sí —siguió el guerrero Chattan—, pienso eso de verdad. Eres libre, Willow. Nunca te acerques a un hombre que te quite la libertad. Cásate con alguien que de verdad la aprecie…
Con la simple mención de una posible boda, Willow sintió que se le retorcían las entrañas.
¿De verdad existía alguien que pensara así además de Arran?
¿De verdad creía el guerrero que alguien como ella podía elegir libremente a su futuro marido después de tener las manos manchadas de sangre?
Ella tenía dos opciones en la vida: casarse con alguien como Paul o bien quedarse soltera para siempre. Y hasta ahora prefería lo segundo.
Willow sonrió y negó con la cabeza.
—Sabes que con mi… pasado no encontraría a nadie que me aceptara como esposa.
Arran arqueó una ceja. Apenas había sido consciente de lo que estaba diciendo hasta que escuchó a la joven decir aquellas palabras.
Solo entonces se dio cuenta de que había pensado en que Willow podría casarse con un hombre y todo su ser tembló ante esa idea.
¿Cómo iba a casarse Willow con otro hombre?
Y aquella simple pregunta le abrió los ojos respecto a lo que había sentido por ella hasta ese momento.
No podría imaginarla en los brazos de otro jamás.
No solo porque ella poseía un carácter amable y pacífico que, en manos de un desgraciado, podría ser realmente peligroso, sino porque pensar en que Willow estaría lejos de él era algo que aún no podía asimilar.
Y, por ello, su boca habló antes de que su mente pudiera darle una respuesta razonable:
—Yo sí te aceptaría, Willow.
Los ojos de Arran bebieron de la sorpresa que se mostró en los de la joven. Esta abrió mucho los ojos y dio un pequeño paso hacia atrás, como si la hubiera golpeado con esa frase. Vio que sus mejillas se teñían de un suave color carmesí y su boca se curvaba en una sonrisa tímida.
—No seas zalamero…
—No he dicho eso para ser tan halagador como el desgraciado de Paul, sino que es la verdad —le respondió con seguridad—.
Nos conocemos desde hace ya casi dos semanas y he descubierto en ti a una mujer extraordinaria, trabajadora, amable, buena cocinera, inteligente y valiente.
Cualquiera que te conociera estaría encantado de casarse contigo.
Se obligó a decir la última frase al darse cuenta de que se había metido en un problema por culpa de su lengua, que siempre lo había traicionado.
Willow acabó sonriendo y se encogió de hombros.
—Bueno, ahora no quiero pensar en ese futuro, sino en la fiesta que hay delante de nosotros.
—Pues disfruta y baila con esas doncellas. Lo pasarás bien. Yo iré a beber algo a la mesa que hay cerca de la puerta.
La joven asintió y se despidió de él para acercarse a sus amigas. Estas la recibieron con una sonrisa y, rápidamente, hicieron un corro a su alrededor. Willow sabía que no lo hacían para bailar, al menos de momento, sino para preguntar por qué se había presentado allí con Arran.
—Entonces, ¿los rumores son ciertos?
La joven respiró hondo para calmarse e intentar convencerlas de que, efectivamente, Arran era su pretendiente.
—Sí, no pensaba que se extenderían tan rápido.
—Pero nunca nos hemos percatado de que estuvieras con él. Jamás nos has dicho nada. ¿Cuándo comenzó a pretenderte?
—Hace relativamente poco —respondió sin entrar en detalles.
—Pero es guapísimo —exclamó otra de sus amigas.
Willow sonrió tímidamente. Tenían razón. Arran era extremadamente atractivo y ese día le arrebataba el aliento por completo.
—Sí, la verdad es que lo es —susurró más para sí que para las demás.
Sus amigas rieron mientras la observaban.
—¿Y es amable?
Willow intentó no agobiarse con las preguntas, pues entendía que estas quisieran saber más sobre él.
—A veces lo hemos visto en el castillo y nunca saluda a nadie —le explicó otra—. De hecho, casi siempre parece estar enfadado o amargado.
Willow apartó la mirada de Arran y la dirigió hacia ellas.
—Es muy cordial y respetuoso. Esa seriedad era por algo que ahora no quiero contar…
Sus amigas asintieron.
—De acuerdo, no queremos atosigarte, pero necesito hacerte una pregunta más, por favor.
Willow sonrió y asintió.
—¿Besa bien? —le preguntó al oído.
Willow abrió los ojos desmesuradamente y no pudo evitar sonrojarse, gesto que sus amigas entendieron como afirmativo a la pregunta que le habían formulado y comenzaron a bailar.
Sin embargo, la joven se quedó meditando la respuesta a esa pregunta.
En varias ocasiones, su mente la había traicionado y la había llevado por caminos que podrían hacerle ganar la excomulgación.
Pero no podía evitarlo. Habría que estar ciega para no darse cuenta de que Arran era un hombre verdaderamente atractivo, casi pecaminoso, cuyos ojos habían vuelto a adquirir ese tono afable y divertido, tan pícaro que podría sonrojar a cualquier mujer tan solo con una de esas miradas.
Y deseó besarlo.
Lo sintió en lo más profundo de su ser.
Willow se descubrió apretando la falda de su vestido y atusando su cabello, como una niña enamorada.
Y solo entonces, casi con tristeza, se dijo que él no era para ella, que solo la estaba ayudando a deshacerse de Paul.
Y para olvidar ese dolor en el pecho se unió a sus amigas para bailar.
Necesitaba poner su atención en otra cosa, hasta que su mente volviera a traicionarla y la llevara de nuevo hacia la presencia de Arran.
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