CAPÍTULO 10
Willow contuvo la respiración a medida que se internaban entre la gente.
Jamás imaginó que ese momento sería tan incómodo como estaba siendo.
A pesar de la seguridad que había mostrado minutos antes frente a James y lo que habían hablado antes de entrar, Willow vio cómo esta mermaba ante las miradas de los demás.
Era solo curiosidad, lo sabía. Pero estuvo a punto de pedirles que disimularan un poco mientras ellos seguían avanzando. Realmente, desconocía a dónde se dirigía Arran, pero cuando vio frente a ellos al laird y su esposa, estuvo a punto de sonrojarse.
—Tenemos que presentarle nuestros respetos a Cameron —le informó Arran como si estuviera leyendo sus pensamientos.
El laird y su esposa sonreían de forma amable, pero había algo en esas sonrisas que les indicó que, claramente, lo hacían por ellos.
A medida que avanzaban, Willow comenzó a notar que las miradas de las personas allí presentes parecían cambiar de rumbo y los dejaban en paz, algo que le hizo suspirar aliviada.
Sin pensarlo, su mirada se dirigió hacia el lugar donde reposaba su mano.
Se aferraba con fuerza al brazo de Arran, como si se hubiera convertido en su tabla de salvación en ese momento.
Pero no solo eso, sino que había algo que iba más allá del simple hecho de agarrarse a él.
Willow podía notar bajo la palma de su mano los músculos del guerrero Chattan.
Estos se encontraban visiblemente tensos por el momento que parecían estar protagonizando ante el castillo y todo el pueblo.
Y, de repente, por primera vez en mucho tiempo, se sintió verdaderamente segura con alguien.
No pretendía desmerecer lo que el laird Sinclair había hecho por ella desde que llegó, pues en el clan se sentía plena y feliz.
Pero nunca había logrado concebir que junto a alguien podía ser ella misma, sin ambages ni fingimientos.
Sin ocultar quién era y lo que había hecho…
Y eso era algo que no podría hacer con nadie más que con él.
Sus ojos ascendieron por su increíble brazo hasta el perfil que le daba su rostro.
Se preguntó si él era consciente de lo atractivo que era, lo llamativo, lo poderoso y la fuerza que rezumaba.
Se lo había preguntado en más de una ocasión, pero era algo que no se atrevería jamás a ponerlo en palabras.
Arran Chattan era el hombre más extraordinario que había conocido nunca, y lo peor de eso era que su relación se trataba de algo fingido, aunque de común acuerdo.
En ese instante, como si sintiera su mirada sobre él, Arran torció la cabeza y le dedicó una sonrisa que no solo llamó la atención de aquellos que aún los estaban mirando, sino que minó por completo la voluntad de Willow ante los pensamientos que ya tenía en su cabeza.
Le devolvió la sonrisa al instante, pero rápidamente se obligó a dirigir sus ojos al frente.
Cameron y Kiara los observaban atentamente.
Cada gesto, cada movimiento, hasta cada parpadeo era estudiado por el jefe del clan y su esposa, algo que la puso aún más nerviosa.
No obstante, a su lado, Arran parecía estar totalmente tranquilo, como si todo lo que estaba sucediendo a su alrededor no tuviera nada que ver con él, como si ese simple gesto con ella fuera lo más normal del mundo y no temiera las posibles consecuencias, que no eran otras más que ser la comidilla del pueblo durante días.
—Me alegra ver que era cierto que ibas a venir a la fiesta, Chattan —comenzó diciendo Cameron, levantándose de la silla, al tiempo que sus hijos se perdían entre el gentío del salón.
—Claro que sí. Prometí que lo haría y yo nunca rompo una promesa.
Cameron sonrió y le estrechó la mano.
—De todas formas, igualmente pensaba que a última hora no querrías venir. Te lo agradezco enormemente. Hoy es un día muy especial.
Arran asintió.
—No tienes que agradecerme nada. Somos amigos, Cameron. Soy yo quien tiene que agradecerte que me dieras trabajo y cama mientras estoy fuera de mi clan.
—Es lo que suelen hacer los amigos… Bienvenidos a la fiesta, y espero que la disfrutéis.
—Gracias, laird Sinclair —respondió Willow—. Enhorabuena por todos estos años al frente del clan.
—Muchas gracias, Willow —le dijo el aludido con una sonrisa pícara en los labios—. Ya sé que Chattan me va a cortar el cuello por esto, pero me alegro de ver que estáis juntos. Es un buen hombre y, por lo que sé de ti, eres una gran muchacha.
La joven se sonrojó al sentir sobre ella la mirada no solo de los dos, sino también la de Kiara.
—Lo tenías muy guardado, Willow —le dijo la esposa del laird—. Cuando el otro día me dijiste que te habían regalado el manto, no pensé que se trataba de Arran. Incluso los rumores de estos días se me hacían extraños porque tú no habías dicho nada.
Willow se encogió de hombros y miró a Arran antes de responder. Este le dedicó una sonrisa, aclarándole en silencio que podía contar lo que quisiera sobre su supuesta relación.
—Hemos preferido llevarlo en secreto, pero creemos que ya era hora de que la gente supiera de nuestro compromiso.
Sin perder la sonrisa, Cameron miró de reojo a Arran, que hasta hacía poco había sido un hombre realmente serio, que trabajaba la tierra hasta perder el aliento, que no quería hablar con nadie…
Y, sin embargo, ahora había cambiado por completo y parecía ser un hombre nuevo, el mismo Arran que él conoció años atrás, divertido y sereno, aunque sin perder el tinte ligeramente triste en sus ojos.
—Luego podrías contarme cómo comenzó todo —le pidió Kiara.
Willow se puso nerviosa, pues no pensaba que nadie le preguntaría sobre los comienzos de esa relación. Y al sentir su nerviosismo, fue Arran el que respondió:
—No hay mucho que contar. La primera vez que nos vimos fue en el bosque, después en el río y comenzamos una amistad. Tras eso, nos enamoramos.
Cameron le dio una palmada en la espalda.
—Sin lugar a dudas, habrás cambiado ligeramente, pero sigues siendo igual de enigmático que el día que viniste por primera vez a pedirme asilo.
Arran se encogió de hombros.
—No hay que perder las viejas costumbres.
—Sea como sea, me alegro de ver que te sientes mejor, Chattan. Te lo digo de corazón.
Arran asintió, ligeramente incómodo. A pesar de que se había propuesto volver a ser el que era, no esperaba que la gente que conocía le confesara que había visto ese cambio y que volvía a parecerse al Arran que fue tiempo atrás.
Era cierto que se sentía mejor, especialmente cuando estaba junto a Willow, pero de ahí a que el propio Cameron se lo dijera había un abismo al que no quería asomarse, pues le recordaba el pozo en el que había estado metido.
—Bueno, no quiero monopolizar vuestro tiempo en la fiesta. De verdad, me alegro de que hayáis venido y podáis disfrutar de un día de festejos en lugar del trabajo. Así que espero que os divirtáis. Te lo mereces, Chattan.
Arran asintió y se despidieron de ellos mientras a su alrededor la gente seguía hablando, aunque algunos habían comenzado a bailar al ritmo de los tambores y las gaitas.
El ambiente en el salón era totalmente contrario a lo que Arran había visto desde que estaba en el clan.
Los Sinclair eran unas personas amables que le habían dado la bienvenida desde el primer momento e incluso habían llegado a prepararle una habitación en el castillo.
Por ello, verlos así, disfrutando, riendo, bebiendo y gritando en un burdo intento por mantener una conversación, logró envolverlo poco a poco y se sintió uno más del clan a partir de ese momento.
La luz en el salón procedía de las pocas ventanas que había alrededor de dos de las paredes del mismo, mientras que las antorchas proporcionaban más luz, puesto que el día estaba próximo a llegar a su fin.
Además, debido a la lluvia del exterior, que ya se había vuelto intensa, la luz había disminuido demasiado.
Del techo colgaban telas con el emblema del clan Sinclair.
La decoración en el resto del salón era tan escasa como siempre, no así las enormes mesas que había a un lado y a otro, casi pegadas a las paredes. Todas estaban llenas de comida y bebida, a las que la gente se acercaba para tomar sus copas o llenar sus estómagos.
En el centro del mismo, las personas que ya habían llegado a la celebración hablaban entre sí mientras disfrutaban de la música. A su lado, Willow sonreía ampliamente y saludaba a un par de doncellas a las que conocía y consideraba unas buenas amigas.
—Parece que os lleváis bien.
De repente, en el centro de su pecho sintió cierta envidia por aquellas mujeres que habían llegado a conocer a Willow antes que él.
Sabía que era la mayor tontería que podía sentir, pero no podía evitarlo.
Y, en parte, culpó al cielo por no haberle dejado conocer antes a la joven que lo acompañaba ese día y que estaba verdaderamente deslumbrante.
Los ojos de Arran volaron hacia Willow, que seguía sonriendo y se retorcía las manos con cierto nerviosismo.
El guerrero siguió la mirada de esta y se dio cuenta de que las doncellas le hacían gestos a Willow para que las acompañara al centro del salón y bailaran al ritmo de la música. Sin embargo, esta dudaba.
—¿Te apetece ir con ellas?
La joven rompió la conexión con sus amigas y se encogió de hombros.
—Da igual. Nosotros tenemos que estar juntos para que sigan creyendo que somos pareja.
Arran dejó escapar una risa.
—Si fuéramos pareja de verdad, ¿no te irías con ellas?
—Bueno… no lo sé. Se supone que debería estar con mi prometido o marido.
Arran arqueó una ceja.
—¿Qué clase de matrimonios o parejas has conocido tú?
Willow se encogió de hombros y se mostró tímida.
—La verdad es que nunca he estado con una pareja, así que no sé qué se debe esperar de alguien como yo.
Arran miró al centro del salón, donde las doncellas seguían mirando a Willow a la espera de que esta fuera con ellas.