CAPÍTULO 9 #3
—Y yo debo darle las gracias a mi supuesta prometida por hacerlo. No te puedes imaginar lo que he disfrutado viendo cómo le plantas cara a Buchanan.
Willow se encogió de hombros con una sonrisa.
—No tiene la mayor importancia. Lo haría igualmente, aunque no fingiéramos ser pareja. Somos amigos, y los amigos se defienden entre sí.
Inconscientemente, Arran se mordió el labio inferior, gesto que no pasó desapercibido a Willow que sintió cómo algo extraño se movía dentro de su estómago.
Verla defenderlo con ese ímpetu lo había excitado sobremanera, por lo que, en ese instante, necesitaba hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para contenerse y no besarla allí mismo.
Sin embargo, no pudo evitar que su cuerpo hablara por él antes de que pudiera detenerse.
Se acercó a ella y depositó un beso en su mejilla, sorprendiéndola y sonrojándola por completo.
—Gracias, Willow.
Esta levantó la mirada hacia él y vio sus ojos tan cerca de ella que casi pudo sentir la frialdad de su color, pero, al mismo tiempo, la calidez que este sabía transmitir en cada mirada.
—De nada.
Y sin perder su sonrisa, Arran le mostró el brazo.
—¿Vamos a la fiesta? Ya somos el tema de conversación en el castillo y alrededores. ¿Qué te parece si seguimos dándoles información?
Willow asintió y aceptó su brazo.
—De acuerdo… Creo que esto es lo más divertido que he hecho en mi vida. Jamás pensé que algo así podría gustarme tanto.
Arran lanzó una carcajada al tiempo que comenzaron a caminar hacia el gran salón del castillo, desde donde se escuchaba la música y el griterío de la gente que ya estaba disfrutando de la fiesta.
—Reconozco que yo también me siento a gusto con este fingimiento —dijo el guerrero—.
Incluso, a pesar de lo que podría haber pensado semanas atrás, es algo que me divierte como a ti y me hace olvidar los pensamientos que solía tener hasta hace poco.
Supongo que, en parte, Buchanan tiene razón y antes no era la mejor compañía del mundo.
Willow le apretó suavemente el brazo.
—Dijimos que esto era una ayuda mutua, ¿no? Me alegro de formar parte de ella y ver que vas cambiando, igual que tú me ayudas a mí con Paul.
Arran le guiñó un ojo y la joven necesitó apartar la mirada para respirar hondo y calmarse.
Lo había defendido con ímpetu, sí, y lo volvería a hacer, pues sentía que James se estaba burlando de él y no le había gustado.
Sin embargo, ese mismo ímpetu le hizo ver algo en lo que ella no había reparado por completo: y era que le gustaba mucho estar en su compañía, hablar con él, observarlo…
Absolutamente todo. Tenía la impresión de que su corazón se estaba volviendo cada vez más necesitado de él.
Y eso podría ser peligroso, pero, en lugar de huir de ello, quería más.
Segundos después, ambos llegaron a la puerta del gran salón del castillo Sinclair.
Esta se encontraba ligeramente entreabierta y, tras ella, estaba parte del pueblo, que ya había llegado para divertirse.
Ambos estaban a tan solo unos metros de convertirse en los protagonistas indirectos de la velada, pero ninguno estaba dispuesto a dar un paso atrás en su plan.
Willow y Arran se miraron a los ojos antes de abrir la puerta.
Por un momento, parecía que el guerrero le estaba pidiendo permiso para hacerlo, como si necesitara una confirmación de que estaba segura de que a partir de ese momento todo el mundo hablara de ellos y los considerara una pareja prometida.
Ese simple gesto provocó que el rostro del guerrero se tornara ligeramente infantil, más joven, más apuesto…
Desde que lo conocía, había cambiado la expresión de su rostro por completo, y sentirse parte de ese proceso le gustó, por lo que estaba dispuesta a seguir adelante con ello.
Ya le había dicho que no le importaba ser el tema de conversación de todo el pueblo. Por eso, asintió ligeramente, confirmándole que irían hacia adelante con lo que habían planeado. Y si Paul necesitaba una confirmación, ella estaba a punto de dársela.
—A partir del momento en el que entremos en el salón, todos hablarán de nosotros y estarán esperando una boda…
Willow sonrió.
—Lo sé, y eso creo que te compromete más a ti que a mí.
Arran le devolvió la sonrisa.
—Yo soy el amargado del clan, así que no pasa nada. Te mirarán de forma extraña por querer casarte conmigo.
—Bueno, yo soy la forastera, así que estamos en igualdad de condiciones.
—Disfrutemos entonces de este momento.
Willow asintió.
—Será inolvidable…
Arran sonrió ampliamente y levantó una mano para abrir la puerta por completo.
Al instante, la música se abrió paso en sus oídos y las voces de la gente parecieron fundirse unas con otras.
Sin embargo, en el momento en el que Willow y él cruzaron el umbral de la puerta, todas las conversaciones se apagaron y las miradas se dirigieron hacia ellos como si fuera el mismísimo rey el que entraba en la estancia en ese preciso instante.
Y desde su posición, Cameron Sinclair esbozó la mejor de sus sonrisas.