Pacto con el guerrero (Corazones oscuros nº 4) CAPÍTULO 8 #3
32%

CAPÍTULO 8 #3

—Ojalá tenga alguna contestación sobre eso… o no. La verdad es que no sé qué será mejor.

Arran sonrió de lado.

—Si mi hermano ha escuchado algo sobre tu tío, lo contará. Sea lo que sea… De todas formas, creo que es una buena manera de que puedas estar tranquila. Seguramente murieron o, si sobrevivieron, no creo que estén buscándote por toda Escocia.

Willow torció la cabeza.

—Mi tío era un hombre muy terco y, solo por conseguir mi herencia, sería capaz de sobrevivir a una puñalada. Y tampoco sé el alcance que tuvo su herida.

Arran dejó escapar una risa.

—Si lo apuñalaste con el mismo ímpetu con el que has abierto la puerta, seguramente estará muerto…

La joven le devolvió la sonrisa.

—Lo siento. He sido muy grosera.

Arran se encogió de hombros.

—Al menos me he llevado un abrazo…

La joven no pudo evitar sonrojarse.

—Ha sido lo primero en lo que he pensado al ver que te ibas a marchar. Ha sido sin pensar…

Y a pesar de que el nuevo Arran jamás habría dicho lo que soltó a continuación, no pudo evitar abrir la boca y decirle:

—Vaya, pensaba que lo habías hecho porque no habías podido resistirte a mis encantos.

Arran solo fue consciente de lo que había dicho cuando la vio reír suavemente y mirar hacia otro lado.

Se dio cuenta de que era una broma que habría soltado antes de la muerte de Kester, no después, por lo que Willow lo estaba cambiando a pesar de lo profundo que era el pozo en el que se había metido meses atrás.

—Señor Chattan, está usted cambiando mucho últimamente… No es el mismo que yo conocí hace días.

Arran silbó.

—¿Señor? Por favor, esa palabra no puede ir conmigo…

Willow dejó escapar una risa y acabó la última puntada al vestido.

—Debo reconocer que este nuevo Arran es mejor que el anterior. Supongo que se ha merecido ese abrazo…

El aludido le guiñó un ojo y se dejó caer contra el sillón sin perderla de vista.

La joven dejó a un lado el vestido y le devolvió la mirada sin vergüenza.

El guerrero había adquirido una postura verdaderamente llamativa.

Al contrario de lo que se esperaba de un invitado, Arran se había dejado caer y habría cruzado sus brazos.

Una de sus piernas se estiró ligeramente, aunque lo suficiente como para invadir el espacio de Willow.

Ladeó la cabeza y sonrió con picaresca. Postura que demostraba que se sentía a gusto con ella y con plena confianza, tal y como le habría ocurrido al antiguo Arran.

—Bueno, me vale con eso…

Willow puso los ojos en blanco.

—Pensaba que mi trabajo sería más arduo que el tuyo, pero veo que ha sido demasiado fácil —le dijo la joven—. Eres más dicharachero…

—¿Y te gusta? —A pesar de que intentó contener la pregunta, Arran perdió consigo mismo.

Willow no encontró la voz momentáneamente.

¿Cómo iba a responder a esa cuestión? Por la mirada del guerrero, claramente había una doble intención en su pregunta.

Pero después de todo lo que había vivido y la confianza que habían ido adquiriendo desde que se conocían, la joven respondió con claridad:

—Tal vez, pero tampoco quiero que el nuevo Arran se venga arriba y se olvide de seguir trabajando esos sentimientos…

Este asintió.

—De acuerdo… Seguiré con ello.

El guerrero volvió a inclinarse hacia adelante con la mirada acerada clavada en ella.

—Tengo la impresión de que la señorita Sutherland sabe mucho sobre el antiguo Arran, pero yo apenas conozco nada de ella…

Willow rio por lo bajo.

—No hay nada que contar.

—¿Nada? Yo no estaría tan seguro. Por ahora, lo que sé es que la señorita Sutherland es muy trabajadora, no le preocupa lo que puedan pensar de ella, es clara con sus ideas, es sensible, amable, cocina muy bien, no teme vivir sola a pesar de ser una mujer.

Tiene mucho carácter, se sonroja cuando siente vergüenza, aparta la mirada cuando no quiere que su interlocutor descubra lo que está pensando…

Estoy seguro de que me he dejado algo que podría añadir.

Willow arqueó una ceja.

—Yo creo que sabe muchas cosas, señor Chattan.

—Pues quiero conocer más…

Willow bajó el tono de voz hasta convertirlo casi en un susurro que resultó tan íntimo que estuvo a punto de sonrojarse de nuevo.

—Algunas cosas, cuando se descubren, ya no pueden olvidarse.

—Entonces será mejor que me asegure de descubrirlas todas…

—¿Y qué cosas quieres saber?

—Todo.

Willow sonrió de lado. Era un juego. Lo sabía desde el principio, pero no podía evitar jugar a él.

—¿Por qué todo?

—Porque los misterios me irritan.

La joven arqueó una ceja.

—¿Y yo soy un misterio?

Arran tardó varios segundos en responder, pues no lograba encontrar la respuesta perfecta.

Clavó su mirada en ella, fría, calculadora, casi tan obsesiva como la de su hermano Rowan y, sin embargo, también pícara y bromista.

Pero cuando comenzó a pensar que no podría encontrar la respuesta que esperaba, su antiguo yo habló por él antes de que pudiera pensar algo diferente:

—No. Desde el primer día pienso que puedes ser un problema. El misterio es averiguar cuánto voy a tardar en meterme de lleno en él…