Pacto con el guerrero (Corazones oscuros nº 4) CAPÍTULO 7 #2
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CAPÍTULO 7 #2

Supongo que mi misiva os resultará demasiado extraña, no solo porque es la primera vez que os escribo en mucho tiempo, sino por el motivo por el que lo hago.

He recibido vuestras cartas con anterioridad, pero no encontraba la fuerza necesaria para responder.

De todas formas, sé que el laird Sinclair os ha comunicado mi situación aquí y cómo estoy sobrellevando todo, así que no entraré en detalles que ya conocéis.

El motivo de esta carta es para haceros una pregunta.

Y sé que será extraña, pero no puedo entrar en detalles, así que espero que podáis entenderlo.

Quisiera saber si alguna vez habéis escuchado hablar de Cole Fraser de Lovat.

Por lo que yo sé, es un señor de dicho clan que vivía con su hijo.

Me gustaría saber si tenéis constancia de su muerte o si sigue vivo.

De momento, aún no puedo dar más detalles, pero si sabéis algo de él, me gustaría que me lo comunicarais, ya que es muy importante.

Espero que todos estéis bien y viváis tranquilos tras el final de la guerra contra los Ross.

Yo… aún no puedo volver, y espero que lo entendáis. Necesito tiempo y aquí me encuentro mejor que entre las paredes de un castillo que solo me recuerda a Kester.

Gracias por todo, y espero vuestra respuesta.

Arran Chattan.

Era escueta y concisa. No quería dar detalles de su vida, pues no se sentía aún con las fuerzas suficientes como para hacerlo y había dado la información justa para saber si sus hermanos habían escuchado hablar de Cole Fraser de Lovat.

Dobló y selló la carta y se levantó para asearse. Y una vez estuviera totalmente limpio, se dirigiría a Cameron para que enviara a alguien con esa misiva a su clan.

Tardó poco más de media hora en estar listo, y de nuevo un intenso nerviosismo apareció en su estómago. Sin embargo, decidió no hacerle caso. Tomó la carta entre sus manos y caminó hacia el castillo Sinclair.

Al salir de la cabaña, se dio cuenta de que había comenzado a llover y un fuerte olor a tierra mojada se había extendido a su alrededor. Su ropa comenzó a mojarse a medida que avanzaba, pero estaba tan decidido a entregar la carta que no le importaba calarse.

Apretó el paso y en cuestión de minutos había llegado a las puertas del mismo.

Estuvo a punto de sonreír ante lo irónico de aquella situación.

Parecía estar viviendo lo mismo que el momento cuando fue a entregar la carta que había escrito para Cora.

Apenas se detuvo a mirar a nadie cuando cruzó el portón y se dirigió directamente hacia la entrada del castillo.

Sus pasos resonaban entre las paredes de piedra y no pudo evitar recordar algunos momentos que él vivió en su propio castillo.

Se dijo que tal vez nunca volvería a ser el mismo si regresaba.

Desde que estaba en el clan Sinclair y vivía alejado de una fortaleza se sentía más liberado, mejor consigo mismo, aunque dentro de su amargura.

Sin embargo, estaba seguro de que, si regresaba a su castillo, se convertiría en un fantasma dentro de su propio cuerpo.

Y eso le causó un profundo dolor en el pecho, pues siempre vería a Kester en cada rincón del castillo y no podría vivir en paz.

Y darse cuenta de que jamás sería el mismo entre aquellas paredes que habían sido su hogar se entristeció:

—Creo que deberías aceptar la habitación que te ofreció Cameron hace meses…

La voz de James lo detuvo en medio del pasillo. Arran puso los ojos en blanco antes de girarse hacia él.

—¿Acaso me sigues a todos lados? Estoy comenzando a pensar que estás obsesionado conmigo.

James sonrió de lado y se apoyó contra la pared. Acababa de salir de uno de los salones y Arran ni siquiera se había dado cuenta de su presencia al pasar por delante, pues iba tan metido en sus pensamientos que se habría chocado con él de no ser porque se había apartado a tiempo.

—Eres tú el que viene por decisión propia al lugar en el que vivo con mi esposa… Soy yo quien debería exigir protección contra ti, especialmente después de que me amenazaras con cortarme el cuello…

Arran resopló.

—Me vas a preguntar sobre ese momento, ¿verdad?

—Algo así no se puede dejar pasar. Sois el tema de conversación desde que os vieron pavoneándoos delante de todo el mundo.

—No hicimos tal cosa, Buchanan. Simplemente, nos encontramos en un pasillo del castillo y volvimos juntos al pueblo.

—¿Los dos solos?

Arran puso los ojos en blanco.

—Sí, los dos solos. Y nos separamos cuando llegamos a la senda que lleva a las tierras. Ella volvió sola a su casa.

James chasqueó la lengua.

—Tenías que haberla acompañado. Eres muy poco caballeroso, Chattan.

—¿Acaso te has convertido en la alcahueta del castillo?

El guerrero Buchanan se carcajeó.

—No, pero me genera curiosidad.

—La curiosidad mató al gato.

—No eres tan peligroso como para sentirme amenazado.

—Pues deberías.

—Entonces, supongo que vas a acabar con la vida de medio clan… Te repito que todo el mundo habla de vosotros. ¿Qué tenéis?

—No pienso responderte a eso. ¿No puedes dejarlo pasar?

—¿Es por ella por la que pediste las tardes libres? —siguió insistiendo.

Perdiendo la paciencia, Arran lo tomó de la pechera de la camisa y lo apretó contra la pared. Abrió la boca para amenazarlo de nuevo, pero la voz de Cameron lo sorprendió y lo obligó a separarse de él.

—¿Ocurre algo?

Arran colocó su ropa sin apartar la mirada iracunda de James. No sabía por qué, pero le molestaba sobremanera que todo el mundo intentara meterse en su vida cuando él no quería contar absolutamente nada.

—Que no deja de meterse donde no lo han llamado —le explicó Arran con tono enfadado—. Parece más una vieja alcahueta que un guerrero del clan.

James se encogió de hombros, pero antes de que pudiera hablar, fue el propio Cameron el que lo cortó con una pregunta:

—¿Desde cuándo eres tan cotilla, Buchanan? Te recuerdo que cuando estabas en la corte eras uno de los guerreros más serios del rey.

La pequeña sonrisa burlona del aludido se borró de golpe:

—¿Por qué no dejáis de recordarme esa etapa de mi vida?

—Porque es muy divertido hacerlo —respondió Cameron.

—¿Así que no te gusta recordar parte de tu vida? —preguntó Arran con media sonrisa en los labios—. Vaya, qué descubrimiento…

James torció el gesto.

—Y ahora bromeas, Chattan. Sí que te ha cambiado la costurera.

Arran hizo un movimiento rápido y le propinó un puñetazo, sorprendiendo no solo a Cameron, que se apartó de ellos, sino al propio James, que lo miró con una expresión iracunda.

—Te lo has ganado, Buchanan —dijo Arran.

—En eso tiene razón… —terció Cameron.

James resopló al tiempo que se acariciaba la mejilla.

—Está claro que ni esa muchacha es capaz de quitarte la animadversión que tienes desde hace meses, Chattan —siguió pinchando.

—Aún estoy a tiempo de romperte un diente —le advirtió Arran con una sonrisa antes de girarse a Cameron—. Venía a buscarte, pero no deseo quitarte mucho tiempo. Quiero que alguien entregue esta carta a mi hermano Rowan. Es muy importante.

Cameron la tomó entre sus manos sin poder evitar una expresión de sorpresa.

—¿Otra carta? Vaya, al final voy a tener que darle la razón a Buchanan.

Arran puso los ojos en blanco.

—Si seguís así, me tendré que ir del clan. Y no se te ocurra decir lo que estás pensando, James.

El aludido levantó las manos en señal de paz. Estaba seguro de que su respuesta se había dibujado en sus facciones, pues claramente había estado a punto de recordarle de nuevo a Willow.

—Tranquilo, Chattan, será él quien lleve la carta a tu clan y esperará la respuesta —sentenció Cameron.

James arqueó una ceja.

—Eso no forma parte de mis competencias. No soy mensajero.

—Pero no te vendría mal salir del castillo y despejarte un par de días…

El guerrero miró a Arran con mala cara.

—Después de esto, espero que te prepares porque pienso hacerte preguntas incómodas a diario…

Arran sonrió ampliamente y le guiñó un ojo.

—Y yo estaré encantado de tirarte al suelo de un puñetazo…

James gruñó y le enseñó los dientes antes de quitarle la carta de las manos a Cameron y alejarse de allí.

—Es la primera vez que te veo sonreír desde que estás aquí —terció el laird.

Arran giró la cabeza en su dirección y rodó los ojos.

—¿Tú también?

Cameron levantó las manos y dio un paso atrás.

—Por cierto, quedan solo unos días para mi aniversario como laird y la fiesta. Espero que no hayas cambiado de opinión… Vendrá todo el pueblo.

—Tranquilo, aquí estaré.