CAPÍTULO 7
Solo cuando se alejaron del castillo, volvieron a romper el silencio.
De hecho, para Arran incluso ese silencio significaba tener lleno el vacío de su pecho.
Seguía sorprendido por lo que la joven lograba despertar en él, y que pudiera conseguir eso tan solo con su presencia era verdaderamente importante para él.
El guerrero la miró y ella se la devolvió.
Willow sonrió con timidez y Arran se quedó embobado con aquella sonrisa.
Nunca se había fijado en tantos detalles que procedieran de una mujer, pero desde que conocía a Willow era consciente de que sus ojos se llenaban de brillo cuando sonreía; su rostro también se iluminaba; en sus mejillas se hacía un pequeño hoyuelo que sus dedos deseaban tocar y, cuando el viento movía su pelo, un suave aroma a lavando parecía envolverlo por completo, obnubilando su mente.
Inconscientemente, Willow apartó un pequeño mechón de su cabello que se había soltado con el viento y había ido directamente a su rostro.
Lo llevó tras su oreja e intentó disimular cuando el nerviosismo se instaló en su estómago.
Cada movimiento parecía estar supervisado por la mirada acerada de Arran, que no la apartaba de ella en ningún momento, y eso, en lugar de molestarla, provocaba en ella un intenso calor que ningún otro hombre había despertado anteriormente.
En el momento en el que el guerrero se dio cuenta de lo que estaba haciendo y de que se había quedado embobado en ella, apartó la mirada y la llevó hacia el manto que colgaba de los hombros de Willow. Arran sonrió y levantó una mano para señalarlo.
—Veo que te has puesto el manto que te regalé.
Las mejillas de la joven se tiñeron de rojo ante el comentario y apartó ligeramente la mirada. Una sonrisa tímida surcó sus labios y acabó asintiendo.
—Sí. Es más caliente que el que tenía, y teniendo en cuenta que ha amanecido un día más fresco, he decidido ponérmelo. ¿Te molesta?
Arran dejó escapar una risa y negó con la cabeza.
—No, por Dios. Te lo regalé para eso…
Willow le devolvió la sonrisa.
—Además, reconozco que, como tenía que venir al castillo, quería hacerlo con algo más decente de lo que suelo usar…
Arran frunció el ceño ligeramente mientras miraba hacia el frente.
—Lo que usas ya es decente.
—Bueno, tengo algunas faldas que, en lugar de arreglarlas una vez más, tendría que quemarlas directamente. Ojalá algún día pueda tener acceso a mi herencia… Pero es muy complicado.
Arran se quedó parado en mitad del camino.
—¿Y si le pedimos a Cameron que indague sobre tu tío y tu primo? Tal vez murieron y tú tienes vía libre para regresar a tu hogar…
No supo por qué, pero a medida que pronunció aquellas palabras, Arran sintió que una parte de él moría. Quería ayudar a Willow, pero no deseaba que la joven desapareciera de su vida para no verla más. Y eso lo confundió terriblemente.
—No quiero meter al laird en esto —respondió la joven—. Es algo demasiado serio y puede que, si se entera de mi pasado, me expulse del clan. La verdad es que tengo más miedo que ganas de conocer lo que pasó después de escapar.
Arran asintió y, en parte, se sintió aliviado.
Se golpeó mentalmente por el egoísmo que se había instalado en su interior respecto a la joven.
Sabía que ella debía seguir su camino, pero en unos días había creado una dependencia emocional con ella que no le parecía demasiado buena ni para él ni para Willow.
Sin embargo, sabía que, si debía dejarla marchar, sería bueno para la joven.
—Me parece bien, aunque, si lo deseas, puedo preguntarle a mi hermano Rowan para saber si ha escuchado hablar de él alguna vez en los últimos tiempos. Él es laird y se codea con mucha gente. Lógicamente, no le diría nada de ti.
Willow lo meditó unos instantes. La verdad era que una parte de ella realmente necesitaba saber qué había pasado con su tío y su primo después de su huida, pero, por otro, tenía la impresión de que la respuesta no le iba a gustar y la pondría aún más nerviosa, ya que, si habían sobrevivido y la buscaban, no podría dormir tranquila.
—¿Tu hermano no le diría nada al laird Sinclair?
Arran negó con la cabeza.
—Simplemente, le preguntaría si ha oído hablar alguna vez de Cole Fraser de Lovat y si sabe algo de él ahora. Tampoco le contaría por qué quiero saberlo.
—Pero dijiste que no has hablado con él en meses… ¿Lo harías ahora… por mí?
Arran no pudo evitar sonreír bajo la barba y desvió ligeramente la cabeza.
Sí, claro que lo haría por ella. ¿El motivo?
Que había algo dentro de él que no lo dejaba pensar en otra cosa que no fuera en ella, en volver a verla, en pasar tiempo con ella, en verla sonreír, en cuidarla e incluso en…
besarla. Desde la muerte de Kester no había vuelto a fijarse en la belleza de una mujer, pero cuando vio por primera vez aquellos labios y el gracioso mohín que hicieron después de salvarla de la caída no podía quitársela de la cabeza.
Y lo peor de todo era que su mente había comenzado a imaginar que la besaba, que la abrazaba…
Especialmente, desde que habían pactado fingir que tenían una relación.
—Lo haría porque sé que es algo importante para ti —dijo con la voz ligeramente ronca—. Y somos amigos, ¿no? Si lo deseas, le escribiré a Rowan.
Willow sonrió y asintió ligeramente.
—De acuerdo. Me gustaría saber qué pasó con ellos, aunque tal vez tu hermano no sabe de su existencia…
—Puede ser, pero no perdemos nada por intentarlo.
La joven asintió y puso una mano sobre su antebrazo para agradecérselo, gesto que lo sobresaltó. Arran tragó saliva y miró hacia donde estaban los largos dedos de Willow. Necesitó toda su fuerza de voluntad para que su mano libre no se levantara y los atrapara para retenerla más tiempo.
—Gracias. Eres el primero que me ayuda en algo así.
La voz suave y aterciopelada de Willow lo sacó de sus pensamientos y asintió.
—Lo haría las veces que hiciera falta, especialmente ahora que ya has descubierto que no soy un ladrón, asesino o violador…
Willow lanzó una carcajada que lo hizo sonreír y, durante unos segundos, Arran sintió la imperiosa necesidad de atrapar aquel sonido celestial con sus propios labios. Por ello, se tensó y dio un paso atrás.
—Tengo que irme a trabajar ahora.
—Sí, lo siento, no quería distraerte. Nos vemos en otro momento.
Arran se despidió con la mano y se desvió del camino hacia las tierras del laird mientras Willow se quedó parada en mitad del camino, observándolo.
Sin darse cuenta, se mordía el labio al tiempo que su mirada recorría la amplia y fuerte espalda de Arran.
Nunca se había fijado en un hombre de esa forma, pero con él era diferente.
La había respetado desde el primer momento, pero lo que la había llevado a ese estado había sido su tacto, aquellas fuertes manos que la habían sujetado con fuerza.
Apenas tenía referencias anteriores de otros hombres, pero las que tenía no eran precisamente demasiado buenas.
Desde que había escapado de la casa de su tío se había cruzado con hombres que habían intentado acercarse a ella demasiado y casi no habían respetado su negativa, como Paul, por lo que siempre había sentido rechazo a la cercanía de un hombre.
Pero con Arran era completamente diferente.
No solo se sentía a gusto en su presencia, sino que a veces se sorprendía deseándolo.
Y cuando estaba junto a él no le importaba hablar de ciertas cosas, como lo que había sucedido con su hermano, pues tenía la impresión de que compartían el dolor que la vida les había puesto delante.
Y solo cuando Arran desapareció de su vista, Willow continuó el camino hacia su casa sin ser consciente de que la sonrisa seguía dibujada en sus labios y sus mejillas estaban completamente teñidas de rojo.
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En la tarde siguiente, cuando Arran terminó de trabajar y se dirigió directamente hacia su cabaña, en su mente solo había una cosa: escribir la carta a Rowan.
Sabía que podía haberlo hecho la tarde anterior cuando terminó de trabajar, pero no había encontrado las fuerzas para hacerlo.
Y sentía tanta vergüenza por volver a comunicarse con sus hermanos que solo deseó meterse en la cama y arroparse hasta la cabeza para evitar enfrentarse a ellos, como si de un niño pequeño se tratara.
No obstante, le había prometido a Willow que lo haría, y esa misma tarde estaba dispuesto a hacerlo.
Arran se prometió que se tragaría su orgullo y su vergüenza para volver a hablar con su hermano mayor como habría hecho meses atrás.
Lo haría por ella, porque sabía que necesitaba conocer lo que había sucedido después y porque él mismo quería saber si corría algún tipo de peligro.
Arran hizo el camino hacia la cabaña y, en el momento en el que entró, suspiró largamente.
Las manos le temblaban, su corazón latía con demasiada fuerza y la opresión que había en su pecho amenazaba con hacerlo desfallecer.
Pero estaba decidido a seguir con su intención, costara lo que costara.
Debía enfrentarse a su pasado de una vez por todas, y hacerlo por Willow parecía despertarlo de su letargo.
Sin perder más tiempo y antes de que las dudas lo asolaran de nuevo, Arran cogió un pergamino, la tinta y la pluma y se sentó en la silla.
Antes de comenzar, dejó escapar una risa.
En tan solo unos días había roto la barrera con sus hermanos y se había sentado para escribirles, aunque esta sería la carta más complicada y extraña que iba a redactar.
Respirando hondo para calmarse, tomó la pluma y la mojó en la tinta.
Queridos Rowan y Sloan,