Pacto con el guerrero (Corazones oscuros nº 4) CAPÍTULO 6 #3
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CAPÍTULO 6 #3

Kiara se fijó en el claro sonrojo de la joven al nombrar a ese misterioso amigo, pero también en el brillo de los ojos de esta al hacerlo. No obstante, no quiso insistir más para evitarle un momento vergonzoso a la joven costurera.

—Cuida a ese amigo, entonces. Si es capaz de hacer semejante regalo, es un bien muy preciado.

Willow asintió con una sonrisa tímida y se apartó de ella para recoger sus cosas y marcharse del castillo.

—Si tengo que arreglar alguna ropa más, sabe que estoy disponible, señora.

Kiara asintió.

—De hecho, me gustaría que te llevaras el vestido que tengo pensado ponerme para la fiesta del aniversario de Cameron como jefe del clan. Fiesta a la que supongo que vendrás…

—Pero a esas fiestas suele acudir la gente de alta alcurnia…

—Será una fiesta para la gente del pueblo. Cameron no quiere algo demasiado ostentoso, así que hemos decidido celebrarlo con la gente más cercana al castillo.

Willow sonrió y asintió.

—Entonces, acudiré, señora.

—Perfecto. Y llámame Kiara, por favor. No me gusta cuando me dices señora. Suena a persona mayor a punto de morir.

Willow rio suavemente y agarró su cesta para marcharse.

Se despidió de Kiara y la dejó sola en el pequeño salón.

Conocía muy bien el castillo, por lo que no hacía falta que ningún sirviente le indicara por dónde debía salir.

Llevó su mano libre al manto que le había regalado Arran el día anterior.

Aún estaba sorprendida por ese gesto que no había esperado ni de él ni de nadie, y se lo agradecería eternamente.

Era verdaderamente cómodo y caliente, por lo que la había ayudado a vencer al frío de esa mañana mientras caminaba hacia el castillo.

Durante la noche anterior, se preguntó si tal vez había hecho mal al invitarlo a comer ese día, pero había llegado a la conclusión de que el guerrero del clan Chattan era amable y considerado y no había intentado propasarse con ella, como Paul en otras ocasiones.

Aún se sonrojaba al pensar en la idea que había tenido Arran para hacer que Paul o cualquier otro joven del pueblo no se acercara a ella.

No podía imaginarse lo que podrían pensar de ella los demás al ver que, de repente, se habían convertido en “pareja”.

Ni siquiera quería pensar en que pudieran hablar de ella.

Sin embargo, la idea le había agradado tanto que no se había podido resistir.

Estaba a punto de llegar a la última esquina que tendría que torcer para llegar a la puerta de salida del castillo cuando Willow se dio de bruces con un fuerte y amplio pecho.

Se vio impulsada hacia atrás, y al pensar que iba a caer al suelo, una mano igual de fuerte que el pecho se posó en su cintura.

Levantó su mirada azul y se quedó petrificada al ver que se trataba de Arran. Este le dedicó una sonrisa y la soltó cuando recuperó el equilibrio. Sin poder evitarlo, Willow sintió que todo el calor de su cuerpo se posaba en sus mejillas, que se tiñeron de carmesí.

—Vaya, a este paso voy a ser el culpable de que tengas un accidente de verdad…

La voz de Arran sonó ligeramente divertida, y ella no pudo evitar sonreír a pesar de la vergüenza.

—Supongo que tienes razón. Voy a tener que ir a buscar al laird para que te prohíba acercarte a mí.

El guerrero sonrió y torció la cabeza.

—Vas a empezar a pensar que te sigo como el desgraciado de ayer.

Willow negó con la cabeza.

—Solo lo pensaré si me vuelvo a cruzar contigo cuando menos lo espere…

Arran rio y dio un paso atrás.

—Lo siento, creo que iba caminando demasiado deprisa. Hoy llego tarde al trabajo.

—No quiero entretenerte entonces. Tendrás mucho que hacer.

Arran se encogió de hombros y miró a su alrededor.

—No pasa nada. Si no le comentas esto a nadie, diré que me he quedado dormido.

Willow rio.

—Supongo que te encaminabas hacia las afueras del pueblo…

—Exacto.

—¿Puedo acompañarte un tramo del camino? Yo regreso ya a mi casa. He venido a traerle a la esposa del laird un vestido que le he arreglado.

Arran asintió sin dudarlo. Ver a Willow a esa primera hora del día, con su pelo rubio semirrecogido y un brillo especial en el rostro había provocado que su mañana mejorara rápidamente.

Ambos salieron del castillo y se dirigieron hacia el portón.

Para Arran no le pasó desapercibida la mirada de James, desde un lado del patio, quien sonrió ampliamente al verlo junto a Willow.

Esta caminaba a su lado con el rostro aún sonrojado, pues casi podía seguir sintiendo su mano nuevamente sobre su cintura mientras aferraba con fuerza el cesto con sus cosas.

A su lado, Arran miró de reojo a James, que comenzó a caminar hacia ellos, pero rápidamente, el guerrero Chattan le hizo un gesto para que callara y, seguidamente, otro en el que le indicaba claramente que le cortaría el cuello si se atrevía a hacer alguna referencia a ese momento que estaba viendo con sus ojos.

Arran pudo escuchar la risa del guerrero Buchanan, pero centró su atención en el frente y a su lado. Junto a él estaba la única mujer cuya sensibilidad y amabilidad lo había sacado del pozo en el que se encontraba, y se dijo que protegería lo que ella representaba por encima de cualquier otra cosa.