CAPÍTULO 5 #3
Aquella carta había logrado arrebatarle las lágrimas, pues era la primera vez que veía escrito el nombre de su hermano gemelo.
Y saber lo que Cora sentía por todo aquello lo mataba por dentro.
Su familia estaba completamente rota, y en parte sentía que era por él.
Sloan y Rowan seguían viviendo en el castillo familiar y parecían haber encontrado la paz.
Cora se había ido a vivir con Alasdair al clan MacGillivray y él…
él no tenía más que una simple cabaña abandonada con una mesa casi rota y sillas destartaladas.
Arran miró a su alrededor y sintió vergüenza sobre su posición.
¿Qué iba a contarle a sus hermanos, que vivía apartado del castillo Sinclair por decisión propia y que no tenía ni una sola de las comodidades de antes?
¿Cómo iba a contar algo así? No tenía nada…
Ni siquiera su antigua espada colgaba de su cadera.
La había guardado en lo más profundo del baúl viejo que había en su dormitorio y no quería saber nada de ella.
¿Qué más podría contarles, que trabajaba como un campesino más hasta que su cuerpo protestaba y caía rendido al sueño?
Arran suspiró y se dejó caer sobre una silla sin apartar la mirada de la carta.
Esta parecía llamarlo, haciéndolo olvidar lo sucedido con Willow horas antes.
Y se preguntó qué pensarían sus hermanos si les hablaba de ella.
¿Se alegrarían de que hubiera encontrado a alguien que realmente lo entendía y a la que no conocía de nada?
Sabía que Sloan se enfurecería con él por no tener la suficiente confianza para apoyarse por la muerte de Kester.
Pero es que él no quería que alguien conocido hablara con él sobre la muerte de su hermano.
No quería hablar de ello con nadie, tal y como le había ocurrido a Sloan con Morag, con la que había hablado largo y tendido de Craig por primera vez en su vida.
A él le había sucedido lo mismo. Se había alejado de su familia para evitar hablar de algo que los hería a todos.
Kester había dejado un vacío demasiado grande con su muerte y no podía recordárselo a su familia a cada instante.
Ellos ya habían forjado su camino con sus parejas, y él estaba solo, cojo.
Sin embargo, a pesar de esos pensamientos, se sentía con más fuerzas que en otras ocasiones y por ello agarró un pergamino, tinta y una pluma para comenzar a escribir:
Mi muy querida hermana,
La verdad es que no sé cómo comenzar, continuar y finalizar esta carta, así que perdona si no es lo que estabas esperando.
Nunca he respondido a ninguna de vuestras misivas porque no encontraba la manera de hacerlo sin romperme una vez más por dentro. De hecho, ahora mismo es lo que siento: dolor. Dolor por todo lo que ha pasado y en lo que ha derivado la relación de nuestra familia.
Aún no puedo creer que hace un año estábamos unidos, riendo por cada rincón del castillo y viviendo una vida normal. Hasta que todo se rompió en mil pedazos. Yo me rompí en mil pedazos. Y no sé cómo reconstruirme.
Lo primero que quiero pedirte, Cora, es que me perdones por todo; por lo que sucedió aquel día durante el entrenamiento, lo que pasó después y mi marcha. Jamás quise acusarte de la muerte de Kester. Sí, yo también me sorprendo de pronunciar su nombre. Y no es la primera vez que lo hago hoy.
Tampoco quiero excusarme ahora mismo, pero cuando lo vi muerto en medio del patio…
sentí que la tierra temblaba bajo mis pies.
Te juro que fue así. Un sonido atronador invadió mis sentidos y dejé de escuchar al resto de personas que había a mi alrededor.
Temblaba. Todo mi ser temblaba al ver que lo llamaba y él no respondía con alguna broma como siempre.
Incluso ahora sigo soñando con ese momento y deseando que abra los ojos como parte de una de sus pesadas bromas.
No puedo deshacerme del dolor que tengo en el pecho, Cora. Es demasiado fuerte y amenaza con volverme loco. Lo echo terriblemente de menos y, a veces, creo que aparecerá por la puerta para abrazarme. No te imaginas lo que deseo ese momento.
También os extraño, pero no puedo volver. Si lo hago, no podré olvidarlo nunca y seguir adelante. Es todo demasiado difícil para mí. Necesito vivir fuera un tiempo para sanar, pero creo que he encontrado la forma de hacerlo, aunque ahora no pueda contaros nada.
De nuevo, perdona lo que te hice, y espero que seas feliz junto a MacGillivray. Aún se me hace raro no llamarlo Mackay…
Te quiero, Cora.
Arran Chattan.
El guerrero suspiró y dejó la pluma a un lado sin saber si había plasmado en la carta lo que deseaba.
A medida que escribía se amontaban los sentimientos y pensamientos, por lo que le resultaba difícil plasmarlos.
Sin embargo, era la única forma que encontró para responderle, por lo que deseó que su hermana Cora pudiera entender cómo se sentía realmente.
Arran esperó a que la tinta terminara de secarse para doblar la carta y sellarla.
Su corazón latía con demasiada rapidez, pues acababa de dejar entrever el dolor de su alma y se sentía ligeramente desnudo ante su familia, pero, por primera vez en meses, tenía la necesidad de que supieran cómo se encontraba.
Tan solo le faltaba por hacer una de las cosas más difíciles: enfrentarse a la mirada penetrante de Cameron para que alguno de sus hombres cabalgara a tierras MacGillivray a llevar la carta…