Pacto con el guerrero (Corazones oscuros nº 4) CAPÍTULO 5 #2
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CAPÍTULO 5 #2

—Eso no es cierto. Hui de mi clan porque me parecía imposible seguir caminando entre los muros de un castillo que solo me recordaba a él.

Mis hermanos, sus voces, sus costumbres, mis compañeros…

Todo me recordaba a él y por eso me marché.

Tú tenías que seguir adelante para sobrevivir a la ira de tu tío.

—Tú puedes hacer lo mismo.

—No puedo. He perdido esa batalla. La verdad es que no sé ni siquiera por qué me has invitado a comer. No soy la mejor compañía para nadie en estos momentos.

Willow sonrió y apoyó también los codos en la mesa.

—Te invité porque me di cuenta, a orillas del río, de que eres una persona diferente y consideré que estaba bien hacerlo. Si hubiera pensado que eras tan insoportable como Paul, te habría tirado el cesto de la ropa sucia a la cara.

Arran lanzó una carcajada.

—Bueno, creo que en eso soy vencedor… No me quiero imaginar cómo sería parecerse a ese imbécil.

—Estoy segura de que el antiguo Arran está dentro de tu corazón. Solo debes encontrarlo de nuevo porque se ha perdido y tiene miedo.

—¿Miedo? Yo no sé qué es el miedo porque no lo he visto…

Willow escondió una breve sonrisa.

—Es que el miedo no es algo que tú puedas tocar, Arran. El miedo vive en nuestro pensamiento.

El guerrero la miró largamente y se retorció los dedos con ansiedad antes de atreverse a hacerle una pregunta.

—¿Tú me ayudarías a buscar a mi antiguo yo? —ni siquiera supo cómo logró formularla—. Tú volviste a encontrarte a ti misma.

Willow sonrió y asintió.

—Me parece que me estás pidiendo algo demasiado complicado —dijo con tono bromista—, pero creo que podré hacerlo…

Arran acabó sonriendo ampliamente y asintió con gratitud.

—Supongo que te parecerá rara la petición.

—¿Rara? ¿Ayudar a una persona que lo está pasando mal es algo raro? ¿No lo hacéis en vuestro clan?

El guerrero torció la cabeza.

—En realidad, sí. Supongo que soy yo el raro…

Willow le devolvió la sonrisa.

—¿Y qué podríamos hacer? No puedo ayudarte si solo te veo alguna que otra vez en el clan…

Sabía que iba a meterse en un terreno que podría ser peligroso, pues una mujer con un honor intachable jamás iba a sugerirle a un hombre verse con asiduidad, aunque fuera como amigos.

Sin embargo, ella consideraba que su honor estaba manchado con la sangre de su tío y su primo, por lo que ya no le importaba lo que pudieran pensar de ella.

—Tienes razón. Supongo que tendrás que soportar mi compañía.

—Creo que podré con ello —respondió la joven con tono bromista—. Siempre y cuando estés dispuesto a soportar las continuas visitas de Paul… Y desde ahora te aviso que es muy insistente.

Arran dejó escapar una risa al tiempo que meditaba algo.

—Antes has dicho algo sobre el destino que me ha gustado mucho. Y si la fortuna unió nuestros caminos para conocernos y sanar, déjame ayudarte con algo… Tú me ayudas y yo haré lo mismo.

Willow entornó los ojos, sin comprender.

—¿A qué te refieres?

—A que no estoy dispuesto a aguantar la presencia de ese memo durante mucho tiempo. Tal vez te parecerá algo inapropiado, pero… podríamos fingir que soy tu pretendiente ante el pueblo y así dejará de molestarte. Además, ya me ha visto aquí, por lo que no será muy complicado convencerlo…

Willow se quedó sin palabras ante aquella proposición frente a la que no supo qué responder con rapidez.

Por una parte, le vendría muy bien hacerle ver no solo a Paul, sino al resto del pueblo, que tenía un “pretendiente”, aunque fuera postizo; sin embargo, por otra parte, le parecía tan abrumadora la propuesta que no estaba segura de que fuera buena idea.

Lo que había despertado en ella el guerrero desde la primera vez que lo miró en medio de aquel bosque a oscuras era demasiado profundo y peligroso.

Rápidamente, al ver su duda, Arran carraspeó y asintió.

—Es una tontería y una completa locura esa propuesta, lo sé.

—¡No! —exclamó la joven—. Es solo que… me ha sorprendido. Puede que eso provoque que tú mismo dejes pasar una buena oportunidad con una gran mujer.

Arran sonrió.

—¿De verdad crees que alguna mujer se fijaría en un hombre con tantas cicatrices en el alma como yo? No lo creo… Eres tú quien podría perder la oportunidad de casarte con un buen hombre.

La joven sonrió irónicamente.

—¿Crees que algún hombre querría casarse con una mujer que mató a su tío de una puñalada? —le devolvió la pregunta con tono divertido—. Nadie querría hacerlo…

—Pues estamos en las mismas, entonces…

Willow le devolvió la sonrisa. En ese instante, al ver que los ojos del guerrero brillaban ligeramente, sintió un fuerte golpe en el centro de su estómago.

No estaba segura de que Arran fuera consciente del atractivo que poseía normalmente mientras estaba serio.

Pero aquella sonrisa podría provocar que cualquier día oscuro y sin vida se convirtiera en algo verdaderamente brillante. Y eso era tremendamente peligroso.

Demasiado peligroso.

Sin embargo, su boca habló antes de que su mente pudiera tomar una decisión:

—Me parece buena idea… Tendrás que soportar mi compañía.

Arran se mordió el labio inconscientemente.

—Creo que podré sobrellevarlo.

Willow le tendió la mano por encima de la mesa para sellar el trato.

Y Arran se la estrechó sin pensárselo. Tal vez era la mayor locura que ambos iban a hacer en su vida, pero lo que había despertado noches atrás cuando se cruzaron en medio del bosque era algo contra lo que no podían ni querían luchar.

Arran estaba seguro de que ella podría ayudarlo a salir del pozo con su compañía, mientras que ella sabía que la presencia de Arran cerca de ella podría alejar a Paul o cualquier otro joven del pueblo, pues no deseaba casarse.

Acababan de sellar un pacto entre ellos, pero lo que ninguno imaginaba era que ese mismo pacto iba a cambiar sus vidas para siempre.

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Arran se atusó la barba cuando entró en su cabaña tras la comida con Willow y fue consciente de que estaba sonriendo ampliamente.

Algo que para él antes era natural y de lo que apenas se daba cuenta ahora se había convertido en algo verdaderamente extraño y escaso en él, por lo que sonreír así era todo un logro.

El guerrero se apoyó contra la puerta de la cabaña y dejó que su pensamiento vagara por gran parte de lo vivido en las últimas horas, pero también en lo que suponía pasar más tiempo con Willow a partir de ese día.

La idea de fingir ser su prometido se le había ocurrido de repente, como algo fuera de lo común y tal vez demasiado peligroso.

Jamás pensó que aceptaría su idea, pero para Arran significaba un soplo de aire nuevo; algo verdaderamente tranquilizador y esperanzador dentro de él.

Se sentía como un niño pequeño que anteriormente se había perdido y ahora había vuelto a encontrarse con su familia.

No obstante, temía que Willow se convirtiera en algo tan dependiente para él que llegara a hacerle daño.

Pero no podía negarse ni evitar querer estar con ella.

Sin embargo, antes de eso debía pedirle a Cameron que lo dejara salir antes del trabajo diariamente. Si no, apenas tendría tiempo suficiente como para ver a Willow y comenzar a sanar, pues con su sola presencia ya se sentía mucho mejor.

Y sin perder la sonrisa, Arran caminó hacia la única mesa que tenía en su cabaña.

Una de las patas estaba a punto de romperse, pero no le importaba, pues para él era más que suficiente.

Sobre el tablero de la mesa se encontraba aún la carta que le había escrito Cora y a la que aún no le había dado una respuesta.

Durante los últimos días, se había preguntado con qué palabras podría expresarle a su hermana cómo estaba y qué esperaba que sucediera en las próximas semanas.

Sin embargo, por otra, su culpabilidad le impedía sentarse en una silla para responderle.

Aún podía sentir el rostro de su hermana bajo su puño y la pelea que había derivado en algo demasiado peligroso para ambos.

Aquel día se dejó llevar por la rabia y no solo había golpeado a su hermana, sino que la había culpado de la muerte de Kester delante de todo el clan.

Y, aunque Cora le estaba demostrando que le había perdonado, él aún no lo había hecho y seguía sintiéndose avergonzado por lo ocurrido.