CAPÍTULO 5
Durante unos segundos de total incomodidad, Willow no supo qué decir.
Había contado lo que había hecho por primera vez en dos años y no estaba segura de haber hecho bien.
No conocía en absoluto a Arran y, sin embargo, sentía la imperiosa necesidad de contarlo.
Tal vez era una necedad y el mayor error de su vida, pero se había pasado dos años sola en los que apenas había mantenido contacto estrecho con nadie, más que para conseguir unos míseros trabajos.
Y a pesar de haberlo visto tan solo un par de veces antes de esa comida, Willow tenía la impresión de que podía confiar en él. No sabía por qué, pero así lo sentía.
—Tal vez lo mejor sería marcharme del clan Sinclair para evitar problemas a todo el mundo… —meditó en voz alta al tiempo que removía el contenido de su plato.
Frente a ella, Arran sintió una punzada de dolor en el pecho que no entendió al pensar en la posibilidad de que esa joven se marchara.
No sabía qué le pasaba con ella, pero las pocas ocasiones en las que se habían visto, se había sentido vivo de nuevo, y temía haberse hecho adicto a ese sentimiento por ella.
—No tienes que marcharte de un lugar solo por eso. Si tu tío y tu primo sobrevivieron a las heridas, están más al sur.
—Pero eso no me confirma que no me estén buscando.
Arran sonrió de lado.
—¿Dos años? Nadie busca a una persona durante dos años solo por una herida.
Willow arqueó una ceja y se encogió de hombros.
—Por una herida, no, pero tal vez sí lo hagan por una herencia…
El guerrero frunció el ceño.
—¿A qué te refieres?
—A que mi tío se había hecho con muchas tierras que quedaron baldías después de su muerte a la espera de que yo tuviera edad para casarme y mi marido pudiera labrarlas. Por eso mi tío quiso casarme con mi primo.
Arran torció la cabeza.
—Entonces, puede que por ese motivo sí estén buscándote. De todas formas, nunca he oído hablar de que Cole Fraser de Lovat esté recorriendo el país, aunque tampoco escuché nada de su muerte…
En el rostro de Willow se formó una expresión de preocupación que Arran no pudo aguantar. Por ello, se echó hacia adelante en la silla y apoyó los codos en la mesa.
—Pero, sea como sea, aquí estás a salvo. Si tu tío estuviera buscándote en el norte, Cameron se enteraría. Tiene hombres vigilando por todos lados.
La joven asintió e intentó hacer un esbozo de sonrisa.
—Seguro que sí. De todas formas, no pasa nada.
Ambos se miraron unos segundos en silencio.
Ya lo habían hecho en otros momentos, pero ninguno quiso aportar nada nuevo, ya que ese silencio era lo suficientemente tranquilo como para romperlo.
Ninguno podía entender qué le pasaba con el otro, pero se sentían tan bien entre ellos que no querían que acabara la hora de la comida.
Willow pensó que tal vez ese sentimiento se debía a que tanto uno como otro habían perdido de forma trágica a un hermano al que amaban y entre ellos podían entender a la perfección cómo se sentían, algo que otra persona no podría comprender.
Y puede que fuera eso lo que la había hecho sentirse tan segura como para contar algo tan fuerte como lo de su tío.
Arran, por su parte, se encontraba tranquilo por primera vez en mucho tiempo.
Desde la muerte de Kester no había encontrado el sosiego necesario para que su mente parara momentáneamente y dejara de autoculparse de su pérdida.
Por eso, se había sentido con la confianza suficiente como para contarlo a pesar de que no se conocían.
Sin embargo, tenía la impresión de que ya lo hacía desde hacía mucho tiempo antes, como si en otra vida la hubiera tenido delante de él y por eso en esta ya le hiciera sentir esa confianza.
No obstante, fuera como fuera, Arran se sentía verdaderamente a gusto con ella y acababa de darse cuenta de que mientras estaba frente a la joven una pequeña brizna de esperanza habitaba en su pecho, algo que jamás pensó que pudiera ocurrir de nuevo.
—Y cuéntame más sobre ti, que yo he hablado mucho —Willow lo sacó de sus pensamientos—. Háblame de tu hermano gemelo.
Había dado en el clavo. Lo sabía, pues a ella misma le había costado mucho hablar de Andrew o volver a pensar en él sin sentirse mal.
Por ello, cuando vio que la mirada de acero de Arran parecía ensombrecerse, se dio cuenta de que ese tema le causaba tanto dolor al guerrero que todo en él parecía morir de repente.
—¿Cómo se llamaba? —le preguntó para sacarlo de su ensimismamiento y ayudarlo a curar esa herida de la misma forma que él la había ayudado a no darse de bruces contra el suelo y partirse el cuello.
Arran siguió clavando su mirada en ella en silencio.
La joven lo vio tragar saliva ruidosamente y con cierta dificultad, como si hubiera algo en su garganta que le impidiera hablar y responder a su cuestión.
Las manos se apretaban con tanta fuerza contra la mesa que Willow estaba segura de que iba a partirla en cuestión de minutos.
Sin embargo, ella esperó con paciencia, pues no todo el mundo estaba preparado para hablar de sus traumas al mismo tiempo.
Ella había descubierto que cada persona necesitaba un tiempo diferente a otras para poder hablar de ellos sin reparo.
Y estaba segura de que Arran era una de esas personas que necesitaba algo más de tiempo.
—Kes… Kester —tartamudeó como si el nombre le hiciera daño en la garganta.
Willow asintió con una sonrisa amable.
—¿Y qué lo hacía tan especial?
Arran frunció el ceño.
—No te entiendo.
—Tenía que haber algo que lo hiciera tan increíble como para que lo eches tanto de menos.
Por ejemplo, mi hermano Andrew, a pesar de ser más pequeño que yo, siempre intentaba protegerme.
Tenías que haberlo visto en más de una ocasión cuadrando los hombros y alargando la espalda para parecer más alto y así defenderme ante mi tío o mi primo.
Eso lo hacía sumamente especial. Por eso, tenía que haber algo que a Kester lo hiciera especial y eches de menos.
Arran sintió de nuevo un nudo en la garganta.
Nunca le había gustado que Cameron o James le recordaran a su hermano ni lo incitaran a recuperarse de su dolor, pero Willow…
había algo en su carácter que era verdaderamente calmante.
Con una sola mirada podía apaciguar su alma y su dolor.
Eso no lo había conseguido nadie, y menos aún en un tiempo récord.
—Kester era… —Arran suspiró—. Era una extensión de mí mismo.
Pensaba lo mismo que yo a cada instante.
Parecía leerme el pensamiento, al igual que yo a él.
Era una persona tan alegre que en cuanto lo veía no podía evitar sonreír.
Tenía la capacidad de calmar un ambiente tenso en cuestión de segundos con tan solo una frase.
Cuando nuestros enemigos se presentaban en nuestro castillo para reunirse con nosotros por orden del rey, Kester lograba apaciguar los ánimos antes de que las dagas volaran por encima de la mesa.
Siempre tenía una frase ingeniosa en la boca, como si ya la tuviera preparada para cada ocasión.
Lograba sacar de quicio a mucha gente, pero le bastaba una sola sonrisa para aplacarlos.
Arran sonrió mientras su mirada se perdía entre sus manos, recordando a su hermano por primera vez en mucho tiempo, pero, sobre todo, sorprendido al darse cuenta de que hablar de él no le hacía tanto daño como pensaba.
—Siempre estábamos juntos. No hacíamos nada sin que el otro lo supiera. De hecho, nos ganamos unas cuantas regañinas por parte de mi hermano Rowan por meternos en líos. Nos encantaba sacar de quicio a nuestro hermano Sloan, porque era muy serio después de que… su hermano gemelo también muriera.
Willow se mostró sorprendida por esa revelación.
—¿Había dos pares de gemelos en tu familia?
Arran asintió.
—Y solo hemos sobrevivido uno de cada par.
—¿Y cómo gestionó Sloan la muerte de su hermano?
—Craig murió alcanzado por un rayo en medio de una tormenta. Nadie podía salvarlo. Kester, por el contrario, murió en la batalla. Si yo hubiera estado allí…
—Habrías muerto con él —lo cortó—. Ambas muertes vienen a representar lo mismo, Arran. Ninguno pudisteis hacer nada por vuestro gemelo. ¿Cómo lo llevó él?
—Sloan se convirtió en un niño muy serio a partir de entonces. Y cuando creció, era muy frío.
—¿Y tú te has convertido en algo parecido?
Aquella pregunta tan directa de la joven logró sorprender a Arran.
El guerrero levantó la mirada hacia ella y la clavó directamente en sus ojos, pero la joven no la apartó.
Durante unos instantes, tuvo la necesidad de que su mirada fuera tan dura como la de Rowan para que Willow apartara la suya y se viera ligeramente amedrentada por ella.
Pero no fue así. Había hecho la pregunta sin esfuerzo, sin pensar en lo que le haría sentir, sin remordimientos, sin darse cuenta de que se convertiría en un ariete contra la muralla que había construido a su alrededor.
—Yo no… Bueno, supongo que sí. La verdad es que desde que estoy en el clan Sinclair me dedico exclusivamente a trabajar en las tierras del laird duramente hasta que llega el final del día y acabo tan cansado que solo deseo dormir para no pensar.
Willow asintió, comprendiendo.
—Los primeros meses tras la muerte de Andrew pensé que iba a morir.
Tuve que huir del palacio de mi tío y del que había sido mi clan.
Me vi sola, sin recursos, sin dinero, sin nadie que pudiera protegerme y, sin embargo, sobreviví.
Y no lo hice solo por mí, sino también por él.
Sabía que si me estaba viendo desde el otro lado, querría que su muerte tuviera un significado positivo para mí y yo siguiera viviendo por los dos.
Por eso, me armé de valor a pesar del dolor y llegué hasta aquí.
—Eres muy valiente por eso, Willow.
—Tú también lo eres, Arran.
El guerrero sonrió de lado. Fue una sonrisa falsa, carente de vida y de simbolismo alguno.