Pacto con el guerrero (Corazones oscuros nº 4) CAPÍTULO 4 #3
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CAPÍTULO 4 #3

—Que sea hermano de un laird no me convierte en lo mismo que él. Yo no soy nadie en el clan, tan solo un guerrero más. Y ahora no soy ni eso…

—¿A qué te refieres? —preguntó la joven cuando encontró de nuevo la voz.

A pesar de que Arran no quería hablar de su antiguo clan y hogar, había algo en Willow que lo hacía sentirse cómodo hablando sobre eso, por lo que no pudo callar su boca.

—A que ahora vivo en este clan por decisión propia.

—¿No tenías buena relación con tu hermano?

—No es eso…

Willow vio la perturbación en el joven. Había algo en esa historia que era lo que le había provocado el dolor. Estaba segura de ello, y a pesar de que sabía que no debía preguntar, por respeto, había algo que la incitaba a saber más sobre él.

—No quiero parecerte una entrometida o cotilla. Lo siento.

Arran dejó escapar una risa, ligeramente triste.

—No es eso, tranquila. Ahora vivo aquí porque decidí marcharme de mi castillo hace unos meses. Mi clan se encontraba inmerso en una guerra contra el clan Ross por una profecía sobre mi hermana pequeña. Y… bueno, ya sabes lo que pasa en las guerras.

—Muere gente… —dijo enseguida.

Arran asintió. Le costaba hablar de ese tema, pero las palabras le salían solas.

Eso era algo que jamás habría hablado con nadie.

Ni siquiera respondía cuando Cameron o James intentaban meterse en una conversación sobre eso; o tal vez les respondía con malas palabras, pero con ella no podía.

No sabía por qué demonios con ella no podía esconderse tras la muralla que había a su alrededor, pero sentía precisamente todo lo contrario.

Willow no había escuchado hablar de él antes y, paradójicamente a lo que pensaba de todos los demás, tenía la impresión de que ella no lo juzgaría.

—Un día atacaron mi castillo cuando estábamos de caza, celebrando una boda, y… mi hermano gemelo acabó asesinado.

Arran sintió un pinchazo en el corazón al escucharse hablar de Kester.

No lo había querido hacer desde su muerte.

Ni siquiera le gustaba escuchar su nombre en los labios de los demás, como si ensuciaran su recuerdo.

Pero ahora acababa de soltarlo y, a pesar del dolor de su pecho, sintió que el peso de su espalda se aligeraba.

—Lo siento… —susurró Willow, incapaz de perderse una sola palabra del guerrero.

—Estábamos tan unidos que desde que él murió yo solo pienso que también me fui con él.

Desde ese día, la vida no es la misma. Todo está más oscuro, nada parece tener interés, todo el mundo es enemigo y solo quiero estar a solas conmigo mismo…

Por eso decidí venirme aquí. No podía seguir estando en el clan porque me recordaba a él.

Arran clavó su mirada en la de Willow y, a diferencia de lo que esperaba ver en un principio, vio comprensión.

Siempre había visto lástima en los ojos ajenos cuando sabían quién era él y lo que le había pasado, pero en ella fue completamente diferente a lo que esperaba.

No había lástima, no había pena, solo comprensión.

Y eso le hizo fruncir el ceño. Estaba tan acostumbrado a enfurecerse al ver otro sentimiento, que no sabía cómo reaccionar ante esa mirada de la joven.

—No tenía que haberlo contado. Lo siento. Pensarás que soy tan imbécil como Paul, pero al menos has visto que no soy un asesino…

Willow se sorprendió al ver que se levantaba deprisa, dispuesto a marcharse, pero se levantó con él y lo agarró del brazo.

—Espera… No me has dado tiempo a encontrar las palabras necesarias para responder.

—No hace falta que digas nada.

—Durante meses deseé que alguien pudiera decirme alguna palabra, la que fuera. Y ahora soy yo quien ha errado al no encontrarla… Disculpa.

—¿A qué te refieres?

—A que sé que no hay palabras que puedan calmar lo que se siente en un momento así.

Entiendo cómo puedes sentirte en este momento y, créeme, no es una frase hecha que se suele decir en estos momentos.

En mi caso, es real. Sé cómo te sientes porque…

mi hermano pequeño murió asesinado hace dos años. Ese es el motivo por el que estoy aquí.

Arran arqueó una ceja.

—Vaya, tenemos varias cosas en común…

Willow sonrió fugazmente y asintió.

—En eso tienes razón… Lo más gracioso de todo es que el destino decidiera cruzarnos la otra noche.

Arran la secundó.

—¿Sabes qué decía siempre mi madre? —le dijo la joven—.

Que, a veces, quien tiene el poder de curar nuestra alma no es alguien que ya estaba en nuestra vida, sino un completo desconocido que el destino nos puso en el camino, porque solo un extraño tiene la capacidad de enseñarte que todavía se puede volver a sentir.

—Entonces, si hacemos caso a la sabiduría de tu madre, ¿el destino nos ha encontrado para ayudarnos a sanar?

Willow se encogió de hombros y sonrió con timidez.

—No lo sé. Simplemente, me he acordado de ella.

Arran la miró fijamente y sonrió.

—Pues tal vez tenga razón —sentenció—. Creo que cuando estás en este estado te encuentras tan mal que te aferras a cualquier cosa que te haga tener un mínimo rayo de esperanza.

El guerrero esperó un segundo antes de añadir:

—¿Y quién mató a tu hermano? ¿Obtuvo su castigo?

Willow se puso ligeramente nerviosa, algo que no pasó desapercibido para él.

—No me lo cuentes si no quieres.

—Tú me has contado lo tuyo.

—Pero no quiero que eso signifique que tú tengas que hacer lo mismo. Eres libre de no…

—Lo maté yo... —sentenció.

Y en el momento en el que los ojos de Arran se abrieron desmesuradamente, Willow se dio cuenta de la ambigüedad de sus palabras.

—¡A mi hermano, no, por Dios! —exclamó llevándose las manos a la cara—.

A su asesino. Lo siento, no me he explicado bien.

Hacía dos años que mis padres habían muerto en un accidente y desde entonces vivíamos con mi tío y mi primo en su palacio.

Yo tenía la impresión de que mi tío quería conseguir mi herencia como fuera, y así me lo confirmó cuando quiso casarme con mi primo.

Me negué y me amenazó con las consecuencias.

Después, mi hermano también se negó y, al día siguiente, cuando fui a despertarlo…

Estaba en un charco de sangre. Había salpicado por todos lados.

Solo recuerdo que grité y que mi tío y mi primo llegaron. Después…

Willow suspiró.

—Sé que perdí la razón y me lancé contra ellos. Me habían amenazado el día anterior, así que solo podían ser los culpables. Le robé la daga a mi primo y le rajé la cara. Y después, apuñalé a mi tío. Me escapé antes de que pudieran cogerme, así que no sé si sobrevivieron.

Era la primera vez que contaba algo así y aún no sabía por qué lo había hecho, pero se sentía más ligera que antes.

—Qué irónico, ¿verdad? Te llamé ladrón y asesino y resulta que me estaba describiendo a mí…

Willow miró a Arran, que estaba totalmente callado y sin expresión en el rostro, y la joven se sintió tan mal que no sabía qué pensar.

—Si es verdad que quieres ser mi amigo, solo te pido que no se lo cuentes a nadie. Ni siquiera el laird Sinclair sabe lo que ocurrió.

El guerrero asintió, dejándole claro que no diría nada.

—¿Y cómo te dio asilo?

—Solo lo pedí porque necesitaba comer. Hui del palacio de mi tío y no podía quedarme en sus tierras. Tenía que escapar de allí porque acabaría en la horca. Aquí nadie me conoce y las noticias del clan de mi tío no han llegado hasta el norte, así que estoy segura.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

Willow asintió.

—¿Quién era tu tío?

—Cole Fraser de Lovat.

—Vaya…

Willow sintió que se paralizaba.

—¿Lo conocías?

—No, pero es curioso… Tu tío es primo del laird Struan Fraser, y este, a su vez, es amigo íntimo de Cameron Sinclair.

Willow se retorció las manos.

—¿Crees que eso puede meterlo en problemas?

Arran suspiró.

—Espero que no…