CAPÍTULO 3 #3
—¿Puedo saber qué es lo que te ha pasado para que hagas ese simple gesto?
—No me ha pasado nada —mintió, ignorando la imagen de la mujer que se había formado en su mente.
—Vamos, Chattan, no me puedes responder eso… —insistió—. Has sonreído.
Con un movimiento rápido, Arran se giró y tomó a James de la camisa. Lo llevó contra la pared y acercó su rostro al del antiguo guerrero del rey.
—Mira, Buchanan, no tengo ganas de que nadie me insista sobre una tontería. Si me vuelves a preguntar por eso, tendré que dejarte sin dientes, aunque, igualmente, no creo que tu mujer se dé cuenta, ya que no estropearía tu ya de por sí afeado rostro.
James respiró hondo y levantó las manos en señal de paz.
—Tranquilo, Chattan. Yo no soy el enemigo. De hecho, venía a preguntarte cómo estás.
Arran frunció el ceño y lo soltó, alejándose de él.
—¿Por qué me preguntas eso?
James suspiró.
—Me han dicho algunos compañeros que te han visto trabajar en la tierra y que no ven normal el ritmo que llevas.
Arran resopló y se alejó para beber algo mientras hablaba con él.
—Es el ritmo necesario para labrar…
—Sí si quisiéramos que lo hicieras todo tú, Chattan, pero tienes más compañeros y tiempo de sobra para hacerlo. ¿Por qué crees que hoy Cameron os ha obligado a terminar antes? A este paso, vas a plantar todas las tierras del clan tú solo en cuestión de semanas.
Arran rodó los ojos.
—Exagerado…
—No es cierto, Chattan. Sabes que llevo razón. No son los únicos que me lo han dicho. Thor trabaja codo con codo contigo y ya me ha comentado que te ha tenido que parar los pies en más de una ocasión. ¿Quieres matarte?
—¿Cómo voy a querer eso?
—Es lo que parece. Y es lo que transmites, por Dios. Cada vez que me cruzo contigo es como si tuviera ante mí a una persona que ya tiene un pie en la tumba tan solo porque ha querido meterlo.
Arran apartó la mirada.
—Ya te dije que no me iba a meter en eso, pero… sé lo que se pasa cuando pierdes a alguien así. Lo vi en Arya, mi esposa. Su hermana se sacrificó por ella y, durante mucho tiempo, también sintió que quería desaparecer.
Arran levantó su mirada acerada hacia él y lo atravesó con ella como si de una daga se tratara.
—Entonces, no mientas. Tú no sabes lo que es ese sentimiento; un sentimiento que te asfixia a cada instante; que te hace recordar que cometiste el peor error de tu vida al dejarlo solo; que te hace sentir culpable por no haber estado ahí para salvarlo o para morir junto a él; un sentimiento que te mata por dentro poco a poco y que solo te hace ver la oscuridad que te rodea.
Yo ya no tengo vida. Estoy muerto. Tú no sabes lo que es eso, Buchanan.
¿De verdad crees que me preocupa enfermar por llevar mi cuerpo al límite con el trabajo de las tierras?
Ojalá fuera cierto y acabara muerto junto a la linde del camino…
James suspiró largamente y respiró hondo mientras mantenía la mirada sobre él.
El dolor que había reflejado en sus palabras era demasiado profundo.
Ni siquiera había visto algo así en Arya, pues ella se había apoyado en él para sobrevivir.
Sin embargo, Arran no había encontrado a nadie con quien hacerlo. Y era eso lo que lo iba a matar.
—Tienes razón. No he sentido jamás eso, pero te considero un buen compañero. Solo deseo que puedas deshacerte de ese sentimiento.
—Solo el día que deje este mundo podré hacerlo.
—Se puede hacer antes.
—No sé cómo…
James lo observó y se mordió el labio. Sabía que debía mantenerse callado, pero la lengua lo traicionó nuevamente:
—Tal vez centrándote en eso que te ha hecho sonreír mientras volvías…
Arran lo miró por encima del vaso mientras bebía. Lo hizo en silencio, despacio, meditando una respuesta rápida para callarlo. Durante un instante, pensó en golpearlo, pero se dijo que estaba desentrenado y James podría romperle varios dientes.
—Por mucho que insistas, y muchos rodeos que des, no voy a contarte nada…
James le respondió con una sonrisa.
—Así que admites que hay algo que contar.
—No me vengas con tu palabrería adquirida en la corte.
El guerrero Buchanan fingió una arcada.
—No me recuerdes esa época, por favor.
Arran asintió y su mirada, durante un instante, se dulcificó ligeramente.
—¿Sabes qué es lo peor que puede pasarle a una persona que ha perdido a alguien?
—Ilústrame…
—Morir junto a él, aunque sin ser enterrado. Pero siempre hay esperanza…
—Tal vez para mí no la hay…
James sonrió al tiempo que se levantaba de la silla y se dirigía hacia la puerta de salida.
—Eso está por ver, Chattan. Tu mirada era diferente hace dos días.
—Tus dientes también, y, sin embargo, hoy corren peligro…
El guerrero, siempre serio, le guiñó un ojo y salió de la cabaña dejándolo solo nuevamente.
No quería darle la razón a James, pero la llevaba.
Durante meses se había sentido en un profundo pozo del que no podía salir y, tan solo una mirada, la mirada de un ángel, había iluminado ese pozo sin querer, mostrándole dónde estaban las piedras a las que poder agarrarse para salir de allí.
Tan solo le quedaba perder el miedo para comenzar a escalar.