Pacto con el guerrero (Corazones oscuros nº 4) PRÓLOGO #2
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PRÓLOGO #2

Entró y cerró la puerta tras ella. Caminó hacia el centro y cruzó las manos por delante del cuerpo, esperando a que comenzaran a hablar. Se mantuvo callada, observándolos, y lo que vio en sus rostros no le gustó en absoluto.

—Supongo que te preguntarás por qué te he mandado llamar.

—Supone bien, tío.

Cole frunció el ceño ante sus palabras y rodeó la mesa para ponerse al lado de su hijo.

—Iré directo al grano.

Willow tragó saliva. Algo en su interior le dijo que no estaba preparada para escuchar lo que iba a decirle. No obstante, aguantó como pudo y contuvo la respiración.

—Te he hecho llamar porque considero que ya estás en edad casadera.

Lo que se temía…, se dijo.

—De hecho, ya deberías estar casada, pero tu padre fue demasiado blando como para obligarte a ello. Por eso, me temo que estoy en la tesitura de hacerlo yo. Y he pensado que la mejor persona que podría estar a tu lado el resto de vuestros días es mi propio hijo, Miles…

Los ojos de Willow se dirigieron directamente hacia su primo. Este sonreía ampliamente, casi frotándose las manos, pero ella no hizo gesto alguno a pesar de que le repugnó la idea de casarse con él.

—Me parece bien que tenga iniciativa, tío, pero hablamos de mi vida, por lo que soy yo quien debe decidir cuándo y con quién me casaré.

Cole sonrió y negó con la cabeza.

—Me temo que te equivocas, sobrina. Las mujeres nunca habéis tenido esas decisiones en vuestras manos. Soy yo, como tutor, quien decidiré tu futuro. Y estarás ligada a Miles el resto de tu vida.

—Me niego. Me produce asco.

El gesto de su primo cambió al escuchar sus palabras, por lo que dio un paso hacia ella con intención de golpearla, pero su tío lo frenó.

—Te he llamado para avisarte, no para preguntarte. Te casarás con él en tres días.

—No lo haré.

—Tal vez preferirías que tomáramos represalias contra Andrew…

Willow frunció el ceño al escuchar el nombre de su hermano.

—¿Me está amenazando, tío?

—Solo digo que podría sufrir algún accidente si te niegas.

La joven apretó los puños.

—No pienso casarme con Miles ni con nadie… —le aseguró.

Sin darle ni un segundo a replicar nada, Willow se giró y se marchó, pero al llegar a la puerta, la voz de su primo la interrumpió.

—Atente a las consecuencias, prima…

Willow lo miró por encima del hombro con todo el odio que logró reunir.

Y después, con un sonoro portazo, abandonó el despacho.

No podía seguir escuchando aquella conversación.

Le provocaba asco y solo quería escapar de allí.

Por eso, corrió directamente hacia su habitación y se encerró allí para el resto de la tarde.

No quería ver a nadie, escucharlos, ni comer…

Solo quería estar sola y dedicarse a intentar calmar los rápidos latidos de su corazón.

No podía creer que su destino estuviera sellado para siempre.

Y cuando las lágrimas salieron de sus ojos, solo pudo dejarlas salir con libertad por primera vez en dos años.

Ya estaba cansada de mostrarse dura y fuerte. Ahora le tocada desahogarse para seguir adelante.

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Cuando la noche se impuso en el castillo, unos nudillos llamaron con suavidad a la puerta de su dormitorio. No había salido en todo el día, ni siquiera había bajado a comer. Tan solo se había limitado a desahogarse como tanto necesitaba.

Durante unos instantes, Willow dudó sobre si debía darle paso o no, ya que, si se trataba de su tío o su primo, no estaba dispuesta a dejarlos entrar en el dormitorio. Sin embargo, rápidamente escuchó al otro lado la voz de su hermano Andrew y le dio paso enseguida.

El rostro aún adolescente de este asomó en cuestión de segundos y la miró con atención.

—¿Te importa si entro? —le preguntó al verle el rostro demacrado y rojo por el llanto.

Willow negó con la cabeza y se sentó sobre la cama, señalando justo a su lado para que Andrew se sentara junto a ella.

—Tú siempre eres bienvenido.

Su hermano sonrió tímidamente y ocupó el lugar libre de la cama, mirándola aún con curiosidad y cierta preocupación.

—Durante la cena, el tío me ha dicho que te vas a casar con el primo Miles…

Willow resopló y rechinó los dientes, incapaz de mantener la conversación, pero no podía negársela a su hermano.

—Eso fue lo que me dijeron hace unas horas…

—A mí no me parece justo que hagan eso. Parece que quieran aprovecharse de nuestro legado.

Willow miró a Andrew. Por primera vez en su vida, vio en él al futuro hombre en el que iba a convertirse con el tiempo.

Había dejado a un lado su carácter suave y dejó ver a alguien completamente diferente.

Y eso le gustó. Sin embargo, no pudo sonreír ante sus palabras, pues ella misma estaba completamente de acuerdo.

—¿Y qué le has dicho?

—Que no iba a permitir esa boda. Que eres mi hermana y que no estoy de acuerdo con ella porque sabía que tú tampoco lo estarías.

—En eso tienes razón, Andrew. Yo también me he negado, pero no sé si valdrá para algo.

—Es que ya nos obligaron a venir aquí cuando murieron padre y madre. No pueden ahora obligarte a casarte. ¡Y con Miles! ¡Es nuestro primo!

—Sí, a mí también me da asco…

Andrew suspiró y después llenó su pecho de aire, aún meditativo.

—Creo que podríamos buscar algo de dinero para intentar escapar de aquí. Me da igual lo que nuestros padres dejaron para nosotros. Que se lo queden, si quieren. Pero al menos podremos vivir libremente. Con poco, eso sí, pero libres.

Al ver el ánimo de su hermano, Willow no pudo evitar sonreír.

Alargó una mano y acarició el rostro de este, donde los granos de la juventud aún se marcaban en sus mejillas y su frente.

Era la única persona que le quedaba en el mundo, ya que su tío y su primo no contaban al no haberlos conocido nunca.

—No sabemos dónde tienen dinero.

—Estoy seguro de que se están aprovechando del dinero que nos dejaron padre y madre. Tenemos que salir de aquí con lo que sea, Willow.

El entusiasmo y la pasión que imprimió Andrew en sus palabras logró calar en el corazón de la joven.

Hasta ese momento, no había podido pensar con claridad debido a la amargura que sentía.

Sin embargo, ahora sí podía hacerlo y, aunque pareciera algo verdaderamente carente de juicio, estaba segura de que podría funcionar.

Prefería vivir en la miseria, trabajando de lo que fuera, antes que vivir rodeada de lujos y casada con Miles.

Por ello, se armó de valor y le dijo a Andrew en voz baja:

—Creo que tienes razón, hermano. Mañana buscaremos algo de dinero o cualquier cosa de valor que poder vender y nos marcharemos de aquí.

Andrew sonrió ampliamente y asintió:

—¡Sí! Vayamos a donde sea…

Willow respiró hondo:

—Sí, a donde sea menos aquí.

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A pesar de que Willow se había prometido no dormir para intentar recoger sus cosas y marcharse cuanto antes para evitar que en el palacio se dieran cuenta, la joven había caído rendida al sueño en cuestión de minutos después de que su hermano se marchara a su dormitorio a descansar.

Todo lo vivido durante el día y la enorme cantidad de lágrimas derramadas la habían dejado sin energía y se había dormido sin tan siquiera cambiarse de ropa ni arroparse con las sábanas.

Sin embargo, sí fue una de las primeras en tomar conciencia de un nuevo día.

Con apenas unos rayos de luz en el horizonte, Willow abrió los ojos, se cambió de ropa y recogió su cabello en una trenza.

No esperó demasiado para salir del dormitorio e ir a buscar a su hermano para comenzar la búsqueda de dinero en las alforjas de su tío.

Por ello, cuando salió de allí, lo hizo con cierto cuidado de no aparentar mucha energía ni buen humor, porque llamaría la atención de todo el mundo.

En ese momento, todo estaba aún en silencio.

En el piso inferior se escuchaba el traqueteo de los sirvientes, que ya habían comenzado su jornada; fuera de allí soplaba el viento con fuerza y en cada rincón del palacio parecía haber la misma amargura de siempre, pero al menos en su corazón había algo diferente, más despierto y esperanzador.