Pack El Origen de la puerta de los tres cerrojos 42. EL SABOTAJE
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42. EL SABOTAJE

EL SABOTAJE

Las paredes de la sala de reuniones de Los Álamos estaban saturadas de humo y de ecuaciones.

Oppenheimer escuchaba en silencio, con los dedos entrelazados bajo el mentón, mientras Fermi explicaba las posibilidades de escalar su reactor de Chicago a una máquina mucho mayor.

Einstein se mantenía de pie, apartado de la mesa, con los brazos cruzados y el ceño fruncido.

—ROBERT, EL MUNDO NO NECESITA ESTA BOMBA… Y AHORA QUE ELLOS ESTÁN AQUÍ —dijo señalando a Don y a Ada—, TENEMOS UNA ALTERNATIVA: detener a quienes quieren fabricarla.

Ada, que hasta entonces había permanecido en silencio, dio un paso al frente.

—Sabotearemos a los alemanes. Si impedimos que empiecen esta carrera destructiva, nadie tendrá que correr para llegar a la meta.

Bohr levantó la cabeza, sorprendido. Su mirada se iluminó con un destello de reconocimiento.

—Quizá no sea tan descabellado… —murmuró—. Conozco a Heisenberg desde hace años; quizá acceda a que ningún bando cree la bomba. La última vez que lo vi fue en Copenhague, en 1941, pero fue demasiado prudente con sus palabras, como si temiera que nos escucharan.

Pensativo, Oppenheimer soltó una bocanada de humo.

—SI LOGRÁIS FRENARLOS, GANARÍAMOS TIEMPO. QUIZÁ EL SUFICIENTE COMO PARA QUE ACABE ESTA DICHOSA GUERRA SIN QUE LOS CIENTÍFICOS TENGAMOS QUE SER EL FACTOR DECISIVO.

—Yo os acompañaré —dijo Niels Bohr a Ada y a Don.

Así fue como los tres se dispusieron a meterse en la boca del lobo.

Tras someterse al protocolo de teleportación, el despacho de Werner Heisenberg apareció ante ellos. La estancia era sobria, con una gran mesa cubierta de papeles y cálculos a medio escribir. En la pizarra brillaban fórmulas sobre neutrones y reacciones en cadena.

Bohr se acercó a su escritorio con un nudo en la garganta.

—ES LA LETRA DE WERNER —susurró—. EL CÁLCULO DE la masa crítica…

—¿Qué significa eso?

—LA MASA CRÍTICA —empezó Don— ES LA CANTIDAD MÍNIMA DE MATERIAL QUE SE NECESITA PARA QUE UNA REACCIÓN NUCLEAR EN CADENA NO SE DETENGA, SINO QUE CREZCA SOLA.

IMAGÍNALO COMO UNA HOGUERA: SI TIENES SOLO UNAS RAMITAS, LA LLAMA SE APAGA ENSEGUIDA.

PERO SI JUNTAS SUFICIENTE LEÑA, EL FUEGO SE MANTIENE Y CADA CHISPA PRENDE OTRA MÁS.

—Con los átomos ocurre lo mismo —prosiguió Bohr—.

Cuando un neutrón choca con un núcleo de uranio-235 o de plutonio, este se rompe y libera más neutrones.

Si hay pocos núcleos alrededor, los neutrones se escapan y la reacción muere.

Pero si hay suficiente «leña» nuclear, los neutrones encuentran enseguida otro núcleo y la reacción se multiplica como un incendio descontrolado.

Ada consultó las notas de Heisenberg. Su conclusión reflejaba que sería suficiente conseguir la reacción con apenas unos kilos de uranio.

Borró el resultado final y, con trazo firme, escribió «toneladas de uranio».

Una cantidad lo bastante grande para que pareciera imposible construir una bomba. Luego dijo:

—Esperemos que cuele…

Un ruido en el pasillo los sobresaltó. Sin pensarlo, los tres se escondieron en el armario teleportador. Desde la rendija, vieron entrar a Heisenberg, seguido de Otto Hahn y un general de las SS con botas que resonaban como martillazos.

El general fue directo a la mesa.

—¿Qué avances tenemos, profesor?

Heisenberg cogió sus papeles. Ada, Don y Niels aguantaron la respiración.

Werner se detuvo un instante. Sus ojos recorrieron las cifras…

y de pronto, se clavaron en los de Ada, que lo observaba desde la rendija.

Durante un segundo eterno, sus miradas no se separaron.

Entonces, Heisenberg hizo algo inesperado: le guiñó un ojo.

Se giró hacia el general y, con voz segura, mostrando sus notas, declaró:

—SEGÚN MIS CÁLCULOS, LA BOMBA NO ES FACTIBLE. LA CANTIDAD DE URANIO NECESARIA ES INALCANZABLE. PERO… —añadió con un matiz de astucia— EL MISMO PROCESO PODRÍA APROVECHARSE COMO FUENTE DE ENERGÍA. ESO FORTALECERÍA LA INDUSTRIA MILITAR DEL REICH.

A su lado, Otto Hahn abrió la boca, desconcertado. —Pero, Werner…

Heisenberg le pisó el pie con disimulo. Otto comprendió y cerró la boca al instante, asintiendo como si nada.

El general resopló, frustrado.

—ENTONCES DEJAREMOS LA BOMBA PARA MÁS ADELANTE. PERO ¡EXIJO RESULTADOS ÚTILES!

Don hizo gestos a Ada: habían cumplido su misión. Tenían que salir de allí y ponerse a salvo. Programó el teleportador para regresar a Los Álamos.

—LO HEMOS CONSEGUIDO —anunció la chica con alivio—. HEMOS SABOTEADO EL PROYECTO ALEMÁN. PUEDEN OLVIDARSE DE LA BOMBA.

Fermi y Oppenheimer intercambiaron una mirada cargada de dudas. Einstein dejó escapar un suspiro de alivio.

Sin embargo, antes de que pudieran celebrarlo, el cristal de comunicación de Don vibró con violencia. Un destello rojo se encendió en su superficie.

—Nos llaman del Centro de Inteligencia Cuántico —dijo el elfo.

—¡VAYAMOS A DARLES LA BUENA NOTICIA!

—respondió Ada, feliz de haber conseguido acabar con la amenaza que se cernía sobre el mundo clásico.

Poco podía sospechar que el destino todavía le guardaba una última prueba.