31. LOS CHICOS DE LA VIA PANISPERNA
LOS CHICOS DE LA VIA PANISPERNA
Cruzaron con rapidez la Via Panisperna, donde divisaron el Instituto de Física de la Universidad de La Sapienza, en Roma. Era un edificio discreto, encajado entre callejuelas bulliciosas y tenderos que discutían sobre los precios de las aceitunas.
Ada, Don y Flaworld se deslizaron entre los muros con la ligereza de quienes están habituados a viajar entre mundos.
El Instituto olía a tiza y a tubos recién pulidos. Estaban atravesando el claustro interior cuando se cruzaron con un grupo uniformado y oyeron murmurar a dos estudiantes.
—YA ESTÁ LA POLICÍA POLÍTICA DE MUSSOLINI DETENIENDO A OTRO CIENTÍFICO. A ESTE PASO, NO QUEDARÁ NADIE…
Aquellos guardias se llevaban a rastras a un joven.
—Debemos darnos prisa —susurró entonces Ada—. Antes de que arresten a Fermi o a Majorana.
Entraron con sigilo en el laboratorio, donde un grupo de físicos rodeaba una mesa repleta de contadores Geiger, bloques de parafina y fuentes radiactivas cuidadosamente protegidas.
Un hombre de baja estatura, de gesto rápido y ojos brillantes se inclinaba sobre el aparato central mientras daba explicaciones al resto.
—Ese debe de ser Enrico Fermi —susurró Don.
Ada observó cómo el joven colocaba una pequeña muestra radiactiva junto a un detector. En la pizarra, garabateó una ecuación:
Luego dio comienzo a su lección.
—La radiación beta consiste en la emisión de electrones por algunos núcleos, pero la gran pregunta es…
Ada interrumpió la explicación para formular la pregunta antes que él.
—¿DE DÓNDE SALE ESE ELECTRÓN, SI DENTRO DEL NÚCLEO SOLO HAY PROTONES Y NEUTRONES?
Fermi se giró, sorprendido, pero sonrió ante la curiosa insolencia de la muchacha.
—¡Bravo! —exclamó. Y luego explicó, señalando la fórmula de la pizarra—:
El protón del núcleo se transforma en un neutrón, pero el precio es que aparezca un antielectrón y algo más, a lo que hemos llamado neutrino.
—¡Atómico! —exclamó Ada sin poder contenerse—. Así que ya se ha aceptado la antimateria de Dirac. ¡Me alegro por él!
Uno de los estudiantes, molesto por las interrupciones de Ada, quiso presumir.
—Por supuesto; en 1932, Carl Anderson confirmó experimentalmente el antielectrón , que aparece en la ecuación relativista de Dirac. Lo llamaron
positrón .
—Muy bien, punto positivo para ti —replicó la muchacha con ironía—.
Pero… ¿y el neutrino?
¿Insinúa que hay algo más dentro del núcleo?
—No exactamente… En esas desintegraciones falta algo, una energía que desaparece sin dejar rastro: una nueva partícula . Pauli la sugirió hace tres años, y yo la he bautizado con el nombre de neutrino .
Un joven de rostro serio, con mirada melancólica, se acercó desde el otro lado del laboratorio y añadió:
—Y sospecho que esta transformación del protón a neutrón debe de obedecer a una nueva interacción, algo débil… Quizá se trate incluso de una nueva fuerza.
—¡Majorana! Llegas justo a tiempo —dijo Fermi—. ¿Podrías iluminar a mis alumnos con tu trabajo sobre los neutrinos?
Antes de que Ettore Majorana pudiese unirse a la lección, un muchacho irrumpió a toda prisa en el laboratorio y dijo nervioso:
—LA POLICÍA POLÍTICA, LA OVRA, SE HA LLEVADO A brUNO PONTECORVO. ENRICO, ETTORE, SERÁ MEJOR QUE OS ESFUMÉIS. ¡ESTÁN BUSCANDO A TODOS LOS CHICOS DE LA VIA PANISPERNA!
Los estudiantes se dispersaron con rapidez mientras Ettore y Enrico recogían los papeles de sus mesas de trabajo.
—No creo que vengan por nosotros, ¿verdad, Enrico? —preguntó Ettore.
—No lo sé, pero es mejor que no se intenten llevar nuestros apuntes.
Ada y sus dos amigos cruzaron una mirada de comprensión. Debían ayudarles a escapar. Sin pensarlo dos veces, Dlanod sacó su maletín-laboratorio para crear un universo de bolsillo. El espacio se rasgó para desvelar su entrada. Ada se dirigió a los dos científicos, que observaban confusos la escena.
—¡Seguidnos, por favor! Ahí adentro estaremos a salvo y, además, tenemos que aclarar algo sobre esa nueva interacción de la que habláis:
la fuerza nuclear débil.
Fermi y Majorana se habían quedado petrificados. En el pasillo ya se oían los pasos de los agentes de la policía política. No había tiempo que perder, y Ada lo sabía, así que empujó a los dos jóvenes hacia la entrada del universo de bolsillo.
Dentro, Don había replicado el laboratorio del Instituto de Física, pero las mesas de trabajo estaban vacías. Ettore y Enrico dejaron allí las hojas donde habían anotado sus descubrimientos y el segundo preguntó:
—Creo que es momento de que nos aclaréis quiénes sois y dónde estamos.
Don dio un paso al frente y les explicó:
—Mis amigos y yo venimos de un mundo distinto al vuestro, el mundo cuántico, y ahora mismo nos hemos escondido en un universo de bolsillo.
—Mientras damos esquinazo a la policía de Mussolini —continuó Ada—, dilucidaremos qué es lo que habéis descubierto y qué relación tiene con la fuerza nuclear débil.
Fermi y Majorana se miraron. Nunca habían oído hablar de esa fuerza desconocida.
—ENTONCES —dijo el primero—, ¿LAS DESINTEGRACIONES QUE HEMOS ESTUDIADO NOS LLEVARÁN A DESCUbrIR UNA NUEVA FUERZA DE LA NATURALEZA?
—Muy nueva no es…, aunque sí esencial para la vida —respondió Don—.
El Sol es una brillante fábrica de
fuerza nuclear débil.
Allí, los protones y los neutrones se transforman los unos en los otros constantemente.
Ada dio un golpecito en la espalda de Don y le preguntó:
—¿No podemos llevarlos allí y que lo vean? ¿Existe un mundo cuántico en el Sol?
—Sí —interrumpió Flaworld—, y yo conozco el modo de llegar. Pasé allí mis veranos de estudiante. ¿Listos para volver al CIC?