22. ¿DE QUÉ LADO ESTÁS?
¿DE QUÉ LADO ESTÁS?
Reaparecieron en la sala de juntas del CIC, donde poco antes se habían reunido con Rículus. Esta vez no solo los esperaba el jefe del Departamento del TCC, sino también el mismísimo director del CIC, acompañado por Malkak y Anred.
—TOMAD ASIENTO, POR FAVOR… —dijo el director, con un tono seco y sin rodeos—. ZEN-O NOS HA CONVOCADO CON URGENCIA. ¿CUÁL ES EL MOTIVO?
Don y Ada relataron con todo detalle lo sucedido desde que iniciaron su misión para el TCC. Omitieron, sin embargo, lo ocurrido a Werner en manos de Spin-O, así como cualquier referencia al amuleto o a sus sospechas sobre la infiltración de los elfos radicales en el CIC.
—Y así fue como Heisenberg acabó secuestrado —concluyó Don—. De no haber intervenido Zen-O, estaría condenado a quedarse en el mundo cuántico: vivo y muerto a la vez.
El director del CIC, visiblemente incómodo, se aclaró la garganta.
—¡QUIERO UNA INVESTIGACIÓN EXHAUSTIVA! MALKAK, ENCÁRGUESE PERSONALMENTE.
El aludido, cruzado de brazos, rompió el silencio con voz cortante:
—Puede contar con ello. También revisaré las brechas de seguridad que han permitido semejante caos.
La presencia de humanos en el mundo cuántico es una anomalía inadmisible.
El sello existe por una buena razón: prohíbe su entrada.
Y no olviden que la ley es clara: ningún humano puede regresar con sus recuerdos intactos.
La tensión en el ambiente se podía cortar con un cuchillo.
—Zen-O ya se ha ocupado de desmemorizarlos —aclaró Don con firmeza.
—Entonces no queda más que añadir —intervino Rículus, suavizando el clima de tensión.
El director dio por concluida la reunión con un movimiento brusco, y los tres —Malkak, Anred y Rículus— lo siguieron hacia la salida. Este último, al pasar junto a
Ada y Don, murmuró con falsa cordialidad:
—A pesar de todo, seguimos contando con vosotros para las misiones del TCC. Pero, por favor, intentad no causar tanto alboroto.
Luego se volvió hacia Anred.
—Quédate con ellos y ayúdales a redactar el informe, a ver si aclaramos lo sucedido. Lo quiero en mi despacho hoy mismo.
En cuanto se quedaron solos, Ada se encaró al elfo:
—No hace falta que te quedes a vigilarnos. Debería darte vergüenza ser el perrito faldero de Rículus y Malkak…
—¿Se puede saber qué fermión te ha picado? —protestó Anred ofendido.
—Si quieres ayudar a desentrañar este lío, empieza por cuestionar la fiabilidad del propio CIC. Alguien de dentro está colaborando con los elfos oscuros.
Ante la cara atónita de su amigo, Don explicó:
—El Departamento de Transmisión de Conocimiento Cuántico fue engañado.
No había ningún problema con el nacimiento de la mecánica cuántica.
Heisenberg y Schrödinger estaban a punto de solucionar sus disputas.
Interferimos donde no debíamos. Nos manipularon para arrastrarlos al mundo cuántico y, así, poder capturarlos.
—Y ESTOY SEGURA DE QUE MALKAK ESTÁ METIDO EN EL AJO —añadió Ada.
—¡Esa acusación es absurda! —estalló Anred ofendido—. Si no recuerdo mal, fue él quien te prohibió traer a más humanos al mundo cuántico, y tú desobedeciste.
Ada le respondió, indignada:
—¿Y ahora me culpas a mí de este caos? Lo que prefieres es mirar hacia otro lado. Hay alguien dentro del CIC que trabaja con los radicales.
—Pues sí, creo que tú eres la responsable —replicó él, alzando la voz—.
Desde que llegaste, esto se ha llenado de humanos como si fuera un parque temático.
¡Es intolerable! Desde el CIC nos habríamos ocupado de que los conocimientos cuánticos se transmitieran lentamente a los humanos, de un modo seguro para todos.
Ahora hemos perdido el control. El sello no solo existe para protegernos a nosotros, sino también a los humanos de sí mismos.
De un salto, Ada se puso en pie con la indignación vibrando en su voz.
—REPITES COMO UN ECO EL DISCURSO DE TU NUEVO JEFE, QUE ES MUY PARECIDO AL DE LOS ELFOS RADICALES, ¿NO TE PARECE?
La tensión era densa como la niebla.
—Haya paz… —intervino Don, alzando la voz para imponerse—. No ganamos nada enfrentándonos. Anred, acusar a Ada de colaborar con los secuestradores es un sinsentido. Y me temo que tiene razón: los elfos oscuros se han organizado y sus raíces podrían haber llegado al corazón del CIC.
Anred lanzó una mirada a Don con una mezcla de tristeza y reproche.
—Vas a tener que decidir de qué lado estás, Dlanod: ¿del de los humanos o del de los elfos cuánticos?
Y salió de la sala sin esperar la respuesta de su amigo.