21. SALVADOS POR EL GATO DE SCHRÖDINGER
SALVADOS POR
EL GATO DE SCHRÖDINGER
El maestro Zen-O apareció en la sala cúbica envuelto en una brisa imperceptible.
Alto e imponente, con la túnica ondeando suavemente a su alrededor, comprendió al instante la gravedad de la situación.
Ante la atónita mirada de todos, su silueta se encogió, se curvó y, con un destello de luz, se transformó en un gato.
Acto seguido, se teletransportó al interior de la esfera de cristal justo cuando el electrón entraba en superposición y comenzaba a recorrer ambos caminos al mismo tiempo.
En menos de lo que se tarda en decir «quark», Heisenberg apareció fuera de la esfera. Estaba vivo, aunque aturdido y desorientado, justo en el lugar donde Zen-O se había desvanecido un instante antes.
—¿Qué ha ocurrido? —preguntó Schrödinger, entre incrédulo y alarmado.
—¡Que me parta un fotón! —exclamó Dlanod, abriendo mucho los ojos—. ¿Cómo se me pudo escapar ese detalle?
—¿De qué hablas? —preguntó Ada, mientras Born ayudaba a Werner a incorporarse—. ¿Qué quería decir el maestro con que Heisenberg no podría volver a salir nunca más del mundo cuántico?
Born tomó la palabra con gesto grave:
—ES POR EL colapso de la función de onda . LO QUE SCHRÖDINGER SE EMPEÑA EN IGNORAR. SI HEISENBERG HUBIESE PERMANECIDO EN LA ESFERA CUANDO EL VENENO SE ACTIVABA Y NO SE ACTIVABA A LA VEZ, HAbrÍA QUEDADO ATRAPADO EN UNA SUPERPOSICIÓN.
—Sí, sí, mucho colapso —insistió Ada, frunciendo el ceño—, pero lo importante es que así no estaría muerto, ¿verdad?
Don intervino con voz pausada:
—ES COMO LANZAR UNA MONEDA Y NO DEJAR QUE CAIGA NUNCA. MIENTRAS ESTÁ EN EL AIRE, ES CARA Y CRUZ A LA VEZ.
Así estaría en el mundo cuántico, en superposición. Pero en cuanto la atrapas en la mano, debes mirar: cara o cruz. Y eso es lo que ocurriría al cruzar al mundo clásico.
—Exacto —añadió Born—. En el mundo cuántico, Heisenberg podría haber estado vivo y muerto a la vez. Sin embargo, al regresar a su mundo, esa ambigüedad se rompería. Las leyes clásicas no le permitirían seguir en superposición.
Allí, la función de onda colapsaría y solo sobreviviría una opción: vivo o muerto.
—Así pues, quedaría irremediablemente atrapado en el mundo cuántico —concluyó Schrödinger, con una mezcla de fascinación y respeto—. ¡Apasionante!
—A mí no me lo parece —protestó Heisenberg, sacudiendo la cabeza mientras recuperaba el equilibrio—. Pero gracias por venir a rescatarme.
—¿Y qué ocurrirá ahora con Zen-O? —preguntó Ada con preocupación.
Como si hubiera oído su nombre, el gato emergió de la esfera por la izquierda…
y por la derecha al mismo tiempo. Descendía por ambas pasarelas simultáneamente, como si la realidad misma no pudiera decidir en cuál de los caminos existía el felino.
Al alcanzar la intersección, las dos versiones del animal se fusionaron en una sola.
En cuanto sus patas tocaron el suelo, un destello de luz dorada lo envolvió.
Con un suave parpadeo de energía, el maestro Zen-O reapareció, erguido y sereno.
—La trampa detectaba la presencia de vida en la esfera —explicó—. No podía simplemente sacar a Heisenberg o habría activado el veneno al instante. La única opción era intercambiarme por él y someterme a la superposición.
Dicho esto, respiró hondo y añadió con tono firme:
—Desde hoy, mi forma de gato estará viva y muerta a la vez.
No podré salir al mundo clásico como felino, pero no me afectará en mi forma humana —añadió, tranquilizándolos con una sonrisa—.
Llegué tan pronto como recibí vuestro mensaje, pero, por lo que veo, habíais hecho ya casi todo el trabajo sin mí.
En su fuero interno, Ada agradeció que el maestro no les recriminase por no haberlo esperado, como prudentemente había sugerido Don. Recordó una frase de Dostoievski que Sofía le repetía de pequeña:
«Ser comprensivo es más difícil
que ser inteligente».
Y, sin lugar a dudas, Zen-O tenía la grandeza de quien, pudiendo juzgar, elige comprender.
Atropelladamente, comenzaron a explicarle lo sucedido. Las palabras se amontonaban, como si temieran que el tiempo se deshiciera entre sus dedos. Pero en cuanto Heisenberg tomó la palabra, se produjo un helado silencio:
—Tras capturarme, me llevaron ante otro tipo. No era un elfo. —Miró al maestro y añadió—: Se parecía un poco a usted, pero estilo «mal rollo».
—Spin-O —susurró Ada.
—¿Qué ocurrió entonces? —preguntó Zen-O.
—Aparecimos frente a una pila de agua. Dentro flotaba un colgante. Tenía la forma de un cuarto de circunferencia.
—SPIN-O SE NOS HA ADELANTADO —dijo Ada con un suspiro—. SE HA HECHO CON UNO DE LOS FRAGMENTOS. ¿CÓMO LO RECUPERAREMOS AHORA?
—No se lo quedó —interrumpió Heisenberg—. Me llevó a una gruta y dejó el colgante en la pared de piedra. Bueno, más bien dentro de ella. Es todo tan confuso… Luego me trajo a esta sala y me metieron en la prisión.
—Tenemos que volver a ese sitio —apremió Ada— y recuperar el amuleto.
—No sabemos dónde está esa gruta —dijo Zen-O, meditativo—. Y, sin duda, es peligroso, no solo para vosotros, sino también para ellos. Lo mejor será llevarlos de vuelta al mundo clásico, allí estarán a salvo. Sofía y yo nos encargaremos de buscar el fragmento oculto.
—¿Y qué hacemos Ada y yo? —preguntó Don, preocupado.
—Volver al CIC e informar de lo ocurrido: la visita a la piscina de las memorias perdidas, el secuestro por parte de los elfos oscuros…, todo menos la parte del amuleto. No quiero que sepan que vamos tras los fragmentos.
—¿Estás seguro de que es lo más oportuno? —preguntó Ada—. Podría haber infiltrados en el propio CIC. Si no, ¿quién envió el comunicado a Flaworld para que se quedara vigilando aquí?
El becario bajó la mirada, visiblemente nervioso.
—Precisamente por eso —respondió el maestro—.
Para desentrañar quién mueve los hilos de los elfos oscuros, debemos indagar desde dentro.
Enviaré una notificación urgente para que os reciba el director del CIC.
Decidle que yo mismo he devuelto a los humanos a su mundo y que me he encargado de borrar sus recuerdos.
—¡NI HABLAR! —protestó Heisenberg— . NO PODEMOS OLVIDAR LO QUE HEMOS APRENDIDO: EL PRINCIPIO DE INCERTIDUMbrE, LA FUNCIÓN DE ONDA, LA SUPERPOSICIÓN… ¡SERÍA COMO RETROCEDER AÑOS DE TRABAJO!
Schrödinger resopló y dijo, irónico:
—Con tal de que no olviden volver a meter al gato en la caja, yo me doy por satisfecho.
—No os preocupéis —los tranquilizó el maestro—. Solo olvidaréis lo relacionado con los elfos y el CIC. Lo que habéis aprendido aquí permanecerá en vuestra mente.
Ada abrazó con fuerza a cada uno de ellos.
—Estaréis a salvo en vuestro mundo. Mi misión sigue siendo encontrar al elegido, el humano que logre romper el sello que nos impide entrar libremente en el mundo cuántico. Así que volveréis a verme pronto. Mientras tanto, resolved vuestras diferencias… y dadle vida a la mecánica cuántica, ¿sí?
Luego añadió con una sonrisa: —Para que no os aburráis en mi ausencia, os dejo un enigma :
«Si conduces un autobús con 25 pasajeros
y se bajan 15, ¿cuántos años tiene el
conductor?».
—Ah, a mí no se me ha olvidado el que le propusiste a Bohr: «Si me tumbas, soy infinito. Si me cortas por la cintura, me quedo en nada. ¿Qué soy?» —dijo Schrödinger, guiñándole un ojo—.
La respuesta es el número ocho.
Tras esa solución inesperada, Zen-O abrió dos portales. Por uno de ellos desaparecieron él y los tres científicos.
—Me temo que no recordarán tu enigma después de que Zen-O les modifique la memoria —dijo Don, encogiéndose de hombros.
Y los dos amigos atravesaron el portal que les había creado el maestro.