18. AUTOS DE CHOQUE CUÁNTICOS
AUTOS DE CHOQUE CUÁNTICOS
Los cuatro amigos, montados en el coche de choque, volvieron al punto de inicio. Solo que esta vez el escenario había cambiado.
—Vamos a pasar a formar parte del campo cuántico —advirtió Don, apretando los dientes—. Tranquilos, no duele… O eso espero.
El auto de choque, con ellos dentro, se convirtió en ondas que se expandían a lo largo de una especie de océano.
Pudieron oír la voz de Schrödinger, aunque no salía de un punto concreto.
—¡MARAVILLOSO! ES EXACTAMENTE COMO LO HABÍA IMAGINADO. ¡QUIÉN NECESITA PARTÍCULAS CON UNA MECÁNICA ONDULATORIA TAN ELEGANTE!
—¡Agarraos! —advirtió Don—. Falta poco para que nos midan.
Un clic seco retumbó en el aire. Reaparecieron en la misma pista de antes, perfectamente localizados en su coche…, justo a tiempo para estrellarse contra otro .
—¡Au! —protestó Ada.
—Al ser observados —explicó Don a sus alucinados amigos—, nos hemos fijado en un lugar concreto. Teníamos muchas probabilidades de seguir aquí, en la pista. Preparaos, van a retirar el objeto de medición; dejarán de observarnos.
Ada sintió un agradable cosquilleo en todo el cuerpo. Eso de ser una onda deslocalizada resultaba incluso agradable, pero no duró mucho tiempo.
Escucharon otro clic. Habían sido observados de nuevo.
Esta vez aparecieron sobre la mesa de la sala de juntas del CIC, donde un par de limpiadores casi soltaron los cubos al verlos. Por suerte, la atracción decidió observarlos tan solo unos segundos, así que volvieron a convertirse en onda antes de que los trabajadores diesen la voz de alarma.
—¿Qué diablos ha ocurrido? —preguntó Schrödinger.
—¡ESTO ES MARAVILLOSAMENTE ILUSTRATIVO! —exclamó Born—. MIENTRAS NO NOS OBSERVAN, SOMOS ONDAS DE PROBABILIDAD Y ESTAMOS A LA VEZ EN TODOS LOS LUGARES POSIBLES . AHÍ SE CUMPLE TU MECÁNICA ONDULATORIA.
—En superposición —confirmó Don.
—Como Dlanod cuando llega tarde: puede estar en su despacho… o en la cafetería —se mofó Ada.
—Hasta que nos observan y… ¡zas! —dijo Born con un chasquido de dedos—. Una de nuestras versiones se queda con el premio y las otras se esfuman.
—La sala de juntas está relativamente cerca, aquí mismo, en el CIC —explicó Don, preocupado—. Había una probabilidad relativamente grande de que pudiésemos estar allí. Lo que me da miedo es dónde podemos llegar a aparecer…
Un nuevo clic fue el preámbulo a la medición presente. En esta ocasión aparecieron sobre un bloque de hielo del Polo Norte, justo al lado de un oso polar, de blanco pelaje, que dormitaba apaciblemente.
Antes de que les diese tiempo de congelarse, o de convertirse en un aperitivo, volvieron a transformarse en una onda de posibilidades.
—No entiendo nada… —suspiró Schrödinger—.
¿QUÉ DIABLOS OCURRE CON CADA CLIC?, ¿QUÉ PASA CUANDO NOS MIDEN?
—Born lo ha expresado bastante bien —respondió Don—. Lo llamamos
colapso de la función de onda:
tan pronto como se observa el coche, de todas las posibilidades solo una sobrevive. Cuando nos han medido, hemos aparecido en el Polo Norte. Mientras nos median estábamos allí con un cien por cien de probabilidad. El resto de las ondas de probabilidades cayeron a cero.
— ¿Y quién o qué decide cuál de todas las posibilidades sobrevive? —preguntó Ada—. Si aparecer en el CIC, en el Polo Norte o en Júpiter…
—Ahí entra el indeterminismo —dijo Don—.
El resultado ganador es aleatorio, fortuito. Así como la física clásica es determinista, la cuántica no lo es.
Aunque espero que el azar no nos lleve a Júpiter, pues no tenemos escafandras con oxígeno… —Y volvieron a oír el clic .
En la siguiente medición, por fortuna, no aparecieron en Júpiter, sino en Australia, junto a unos domingueros que preparaban una barbacoa.
Ni corta ni perezosa, Ada alargó el brazo y atrapó un plato de hamburguesas, que procedió a repartir entre sus amigos.
Por desgracia, antes de que pudiesen hincarles el diente, volvieron a desaparecer ante la atónita mirada de los comensales.
—Entonces… —preguntó Born—, antes de que nos observen
¿ESTAMOS SIMULTÁNEAMENTE EN TODAS LAS POSICIONES POSIBLES, HASTA QUE LA MEDICIÓN NOS COLAPSA Y SOLO UNA DE LAS POSIBILIDADES SObrEVIVE ?
—Sí —afirmó Don—. Eso es la superposición . En el mundo cuántico todo lo posible es obligatorio: debemos estar, potencialmente, en todos los lugares en los que nos esté permitido… hasta que nos midan; entonces pasaremos a estar solo en uno de ellos.
—Si es así… —prosiguió Ada—, ¿qué ocurre con nuestras otras versiones, las que están potencialmente en otros lugares?
—Ahí hay varias interpretaciones… —respondió Don—. Unos piensan que desaparecen, se esfuman.
—Raro, raro —insistió Schrödinger.
—Otros dicen que sobreviven en universos paralelos… —prosiguió Don.
—¿UNIVERSOS PARALELOS? —preguntó Born alucinado—. ¿QUÉ DIABLOS ES ESO?
—¡ESTO ES DE LOCOS! —exclamó Schrödinger—. ¡VA CONTRA EL SENTIDO COMÚN!
—Creo que al mundo cuántico le importa un rábano tu sentido común —espetó Ada—. Pero tenemos que centrarnos en cómo salir de este experimento fallido y rescatar a Heisenberg.
En el siguiente clic aparecieron de nuevo en el laboratorio, rodeados de otros autos de choque. Don, aprovechando que se habían materializado de nuevo, sacó de su bolsillo un mapa que pitaba insistentemente y en el que brillaba un punto rojo. El elfo lo señaló y dijo:
—Tengo localizado a Heisenberg. Está en el casino… Pero no sé cómo detener este experimento para llegar hasta él. ¡Estamos atrapados en el campo cuántico!
Ada actuó por instinto. Justo antes de volver a transformarse en onda, se agarró a la llave que colgaba de su cuello, cerró los ojos y deseó llegar al casino.
Con el siguiente clic aparecieron a las puertas de un imponente edificio.
—¡Saltad del coche, antes de que dejen de observarnos! —les ordenó Ada—. Hemos llegado a nuestro destino.
El resto la obedeció, y así fue como se plantaron frente a unas puertas, franqueadas por un enorme portero, que lucían un cartel luminoso: