Pack El Origen de la puerta de los tres cerrojos 16. EL ORDEN IMPORTA
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16. EL ORDEN IMPORTA

EL ORDEN IMPORTA

Tras unos momentos en silencio, el Werner Heisenberg de la visión retrocedió un paso para observar la pizarra.

— ¡ALTO! —exclamó—. ESTAS MATRICES TIENEN UNA PECULIARIDAD: NO CONMUTAN.

Ada les preguntó a sus amigos:

—¿Qué significa eso?

—Cuando multiplicas números —explicó Don—, da igual el orden : dos por cuatro o cuatro por dos siempre da ocho. Eso se llama conmutar. Pero con las matrices no pasa lo mismo. Es como vestirse: no es igual ponerse primero los calcetines y luego los zapatos que al revés. El orden importa.

Se quedaron en silencio para escuchar al elfo de la visión hablar a Werner.

—¡Cierto! No conmutan… Y eso nos lleva a una propiedad esencial en el mundo cuántico:

el principio de indeterminación.

—¿Eso qué significa? —preguntó el Heisenberg de la visión.

— Pues que no puedes medir a la vez la posición y la velocidad con total precisión. Como mucho, puedes saber más o menos cómo se mueve y dónde está. Tienes que conformarte con eso.

—Pues qué fastidio —suspiró el Heisenberg de la visión—. Con lo que nos chifla a los físicos medirlo todo…

El Werner Heisenberg real reconoció:

—Teníais razón, parte de esta conversación no la recordaba. Volví a Gotinga con mis datos ordenados, pero había olvidado que aquello eran matrices. Fue él quien me lo contó —dijo señalando a Born, que asintió con una sonrisa cargada de memoria.

—Aún recuerdo ese día, Werner. Entraste exhausto en mi despacho con un cuaderno lleno de números sin explicación aparente. Las matemáticas ya estaban ahí, solo necesitábamos mirar con ojos nuevos. Y así lo hicimos, con un joven pero brillante científico llamado Pascual Jordan.

—Lo del principio de incertidumbre no lo había recordado hasta ahora —reconoció Heisenberg—. Con Born llevábamos tiempo dándole vueltas a lo que implicaba esta extraña propiedad no conmutativa de las matrices…

Schrödinger interrumpió a Heisenberg:

—Con mis funciones de onda ocurre lo mismo: la posición y la velocidad tampoco conmutan.

—Es extraño —reflexionó Born—, pero llegas a la misma conclusión: las partículas no tienen una posición y una velocidad determinadas. Uno puede contemplar el mundo con el ojo «posición» o con el ojo «velocidad», pero si abres los dos a la vez…, te vuelves loco.

Ada miraba a uno y a otro, y les dijo:

—Parece que, pese a que no paráis de discutir, vuestras explicaciones son muy parecidas.

Entonces Schrödinger, con toda tranquilidad, replicó:

—Sí, hace poco encontré las matemáticas que las relacionan. Son equivalentes.

Max Born asintió con satisfacción.

—Además, mi visita de hoy a Copenhague era para presentarle a Bohr el trabajo de un joven científico llamado Dirac. Ha publicado otra versión de la mecánica cuántica, que es una unión de vuestras dos teorías.

—¡Atómico! —dijo Don—. Y raro… Nuestra visita no era necesaria. Al fin y al cabo, vosotros solos ya estabais desenredando el embrollo.

Ada miraba a sus amigos, confundida, pero antes de que pudiese decir lo que se temía, la visión se volvió a activar, atrayendo la atención de todos a la imagen. El elfo vestido de negro se acercó amenazante al Heisenberg de la visión.

—AHORA ES TU TURNO. TE HE DADO ESTE CONOCIMIENTO A CAMBIO DE QUE CONSIGAS PARA MÍ UN OBJETO ESPECIAL. NECESITO QUE ME ACOMPAÑES, PUES SOLO UN HUMANO QUE COMPRENDA EL ÁTOMO PODRÁ DAR CON ÉL.

Acto seguido, agarró a Heisenberg del brazo para meterlo en el armario, pero la máquina teleportadora no funcionó. El elfo abrió la puerta, muy enfadado, y volvió a reprogramarla, pero sin éxito. Mientras realizaba el tercer intento, se abrió un portal en la escena que estaban observando.

De él apareció Rículus junto con tres agentes del CIC. El elfo oscuro consiguió escapar por el armario teleportador, dejando atrás a un confundido Heisenberg.

El director del Departamento de TCC ordenó a sus agentes que desmemorizaran al científico humano antes de desaparecer por el mismo portal por el que había llegado. Así fue como dejaron a un desorientado Heisenberg, solo y con recuerdos parciales de lo ocurrido, en la isla de Heligoland.

Arrancados abruptamente del recuerdo, los tres científicos, Ada y Don reaparecieron a orillas de la piscina de las memorias perdidas . Heisenberg seguía sentado, en medio del agua.

—ESTO HA SIDO BASTANTE REVELADOR —dijo Ada.

—Cierto —concordó Don—. No he podido reconocer al elfo vestido de negro, pero es obvio que forma parte del grupo de radicales que ha creado Spin-O.

El rostro de Ada se ensombreció al decir:

—NO ME REFERÍA A ESO… PENSADLO: SCHRÖDINGER ACABA DE CONFIRMAR QUE SU FORMULACIÓN ES EQUIVALENTE A LA DE HEISENBERG, Y BORN YA TRABAJA CON LAS DOS. NO HABÍA NINGÚN PROBLEMA CIENTÍFICO QUE ARREGLAR.

Ada se llevó la mano a la frente, como quien acaba de resolver un rompecabezas y descubrir otro mayor.

—Además —continuó la muchacha—, los elfos oscuros no pueden traer ni a Heisenberg ni a Schrödinger aquí.

El armario teleportador fallaba por el sello que prohíbe la entrada a los humanos al mundo cuántico.

Solo conmigo, con la llave, pueden atravesarlo, y me temo que hemos hecho ese trabajo por ellos…

¡Nos han tendido

una trampa!

Tan pronto como Ada lanzó la advertencia, un ruido seco interrumpió la conversación. De repente, un destello oscuro rasgó el aire a unos metros de ellos.