Pack El Origen de la puerta de los tres cerrojos 12. ENTRE SELLOS Y SECRETOS
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12. ENTRE SELLOS Y SECRETOS

ENTRE SELLOS Y SECRETOS

Al otro lado del portal, Ada y Don se toparon con Anred en un pasillo que parecía sacado de un palacio: puertas de madera regia, lámparas que brillaban sin llama y techos tan altos que Ada sintió la tentación de silbar para ver si había eco.

—Este es el corazón del CIC, donde trabajan los directores —explicó Anred.

—Vamos, que estás en tu salsa —comentó Ada, entrecerrando los ojos.

—Lo digo para que te comportes —la reprendió Anred, lanzándole una mirada de advertencia—. Si es que puedes controlar tu afilada lengua.

Viendo que el ambiente se calentaba, Don se apresuró a preguntar:

—¿Con quién nos vamos a reunir?

Anred, mirando de reojo a Ada, respondió con un tono más amable:

—CON RÍCULUS , EL SUSTITUTO DE SPIN-O. ÉL OS DARÁ LOS DETALLES DE VUESTRA MISIÓN.

Entraron en la sala. Una mesa redonda iluminada destacaba en la penumbra. Sentado al frente, Rículus los recibió con cortesía. A su lado, un elfo delgado tomaba notas frenéticamente, como si su pluma no se atreviera a detenerse.

—Gracias por venir —empezó Rículus—. Como sabréis, en los últimos tiempos los límites entre nuestros mundos se han relajado demasiado.

Después de… ciertos incidentes con humanos paseándose por el mundo cuántico, esto se ha convertido en una barra libre.

Cada dos por tres tenemos a algún elfo visitando a científicos del mundo clásico.

El director del TCC tosió ligeramente y Ada se removió en la silla, consciente de su parte de culpa.

—El resultado —prosiguió— es un caos de descripciones matemáticas para la cuántica.

—¿Cuál de las dos es la buena? —preguntó Ada.

—Las dos —aclaró Don—. Son descripciones alternativas.

—¿No pueden aceptar que ambos tienen razón? —suspiró Ada.

—Podemos ayudarles —sentenció Don—. Si esta disputa se alarga, los científicos podrían acabar descartando ambas explicaciones. Y lo que está en juego es el nacimiento de

la mecánica cuántica.

—¿Disculpa? —lo interrumpió Ada—. ¿No nació ya la física cuántica cuando Planck propuso la cuantización?

—Lo que Planck, Einstein, Bohr e incluso De Broglie han hecho es dar el pistoletazo de salida, el nacimiento a la física cuántica —aclaró Don—.

Pero el siguiente paso es crear una teoría coherente desde sus fundamentos.

La física cuántica ha nacido, sí, pero la mecánica cuántica está a punto de formarse.

—No entiendo la diferencia —dijo Ada.

—Hasta ahora, lo que han hecho estos grandes científicos es añadir procesos cuánticos a las ecuaciones de la mecánica clásica.

Rículus y su secretario lo observaban como si intentaran leer un libro en idioma pez.

—Es como poner tiritas a la mecánica clásica

—prosiguió Don—, que no funciona correctamente en el mundo cuántico. Por eso necesitamos una nueva mecánica que sea auténticamente cuántica. Un sistema matemático que describa, desde su raíz, lo que ocurre a nivel microscópico.

Ada alzó una ceja, mostrando su confusión.

—Piensa en la siguiente analogía —expuso su amigo—:

IMAGINA QUE LA MÚSICA ES LA FÍSICA CUÁNTICA, EL ARTE EN GENERAL, MIENTRAS QUE LA PARTITURA SERÍA LA MECÁNICA CUÁNTICA. EL SISTEMA CONCRETO DE REGLAS PARA ESCRIBIR Y TOCAR ESA MÚSICA.

—Entiendo…, más o menos —dijo Ada, aunque no del todo convencida—. Pero vayamos al grano. ¿Lo que tenemos que hacer es meter a esos dos científicos en la misma habitación y que se pongan de acuerdo?

—Eso es, en síntesis —confirmó Rículus.

—¿Nos dais entonces permiso para traerlos al mundo cuántico? —se atrevió a solicitar Ada.

Don se atragantó. Otra voz surgió de la penumbra.

—Esa es una petición curiosa. Sabes que eso no depende de que el CIC lo autorice. Hace siglos que los portales al mundo cuántico están sellados a los humanos. Aunque eso, estando tú aquí, una humana, resulta un poco… irónico.

Malkak emergió de las sombras; había estado escuchando toda la conversación, apoyado contra la pared.

Se sentó junto a Rículus y, con un brillo de malicia en los ojos, continuó:

—¿Cómo lograste tú, siendo humana, franquear el sello que protege nuestro mundo? Y no solo eso, sino, además, traer contigo a otros.

Ada se removió en su silla, incómoda.

—Malkak es el nuevo responsable de controlar los accesos al mundo clásico —explicó Rículus con tono cordial—. Como comprenderéis, necesitábamos poner orden. Por supuesto, vosotros tenéis vía libre al mundo clásico, siempre que nos ayudéis con este embrollo, claro. ¿No es así, Malkak?

El aludido volvió a mostrar sus dientes en una sonrisa sin humor.

—Solo vosotros tenéis permiso para cruzar los portales.

Sus ojos estaban fijos en Ada.

—Si no os importa —añadió Rículus con suavidad—, evitad futuras excursiones de humanos a nuestro mundo.

—Nos pondremos a trabajar de inmediato —dijo Don, levantándose.

Luego tomó a Ada del brazo y la arrastró hacia el pasillo.

Allí los esperaba Anred.

—He localizado a los dos científicos —les dijo—. Voy a abriros un portal al mundo clásico. Para regresar, podéis usar el armario que hay en su despacho. Lo hemos preparado para que funcione como teleportador.

Ada fue la primera en cruzar. Don estaba a punto de seguirla cuando Anred lo detuvo con un abrazo repentino. Dlanod se sorprendió ante el extraño comportamiento de su amigo, y un escalofrío le recorrió la columna cuando este le susurró al oído:

— Ten cuidado… Estarán

siguiendo todos vuestros pasos.

Sin añadir más, empujó a Don hacia el portal.