Pack El Origen de la puerta de los tres cerrojos 11. LA DANZA DE LOS OPUESTOS
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11. LA DANZA DE LOS OPUESTOS

LA DANZA DE LOS OPUESTOS

Zen-O los esperaba con los brazos cruzados y el ceño fruncido. En su rostro se dibujaba una expresión que no acostumbraba a mostrar:

preocupación.

—Me temo que tenemos un problema —les dijo sin rodeos—. El CIC os está buscando.

—Salgamos de aquí antes de que nos atrapen —reaccionó Ada al instante, con los ojos bien abiertos—. ¿Cuál es el plan?

Zen-O alzó una ceja, más divertido que alarmado.

—¿No estamos huyendo del CIC? —se apresuró a justificarse la joven.

—Ya no —respondió el maestro—. Al menos de momento. Esta vez… nos han pedido ayuda.

Ada parpadeó, sorprendida

—Vaya —dijo, rascándose la sien—, cómo ha cambiado el cuento en solo unos meses.

—En realidad, para ellos ha pasado más tiempo —le recordó Don.

—¿Y no se suponía que éramos nosotros los problemáticos? —intervino Ada, con una mezcla de ironía y desconfianza.

—Lo seguís siendo —respondió Zen-O con una media sonrisa—, pero ahora no pueden permitirse el lujo de prescindir de vosotros. Y os han echado de menos en el transcurso de estos tres años.

Ya estamos en 1926.

Don le preguntó al maestro:

—¿Qué ha ocurrido?

Zen-O les explicó el caos en el que, en su ausencia, se había convertido la transmisión de conocimiento cuántico a los humanos. Les contó sobre las visitas no autorizadas a científicos del mundo clásico y cómo habían explicado dos mecanismos distintos para asentar las bases de la mecánica cuántica.

—El nuevo líder del Departamento de Transmisión de Conocimiento Cuántico anda un poco perdido —resumió el maestro con resignación.

—Y quiere que le saquemos las castañas del fuego —asumió Ada.

—Tampoco nos viene mal, piénsalo —reflexionó Don—. Nosotros seguimos ayudando a que los científicos de tu mundo se adentren en la cuántica mientras buscamos al elegido. Tener al CIC de nuestro lado, en vez de dándonos caza, es una ventaja. ¿Qué debemos hacer exactamente, Zen-O?

—Nos darán más detalles en la reunión a la que debemos asistir ahora mismo en el CIC —le respondió el maestro.

—Y en estos años que hemos estado fuera, ¿qué ha pasado con la búsqueda del amuleto? Habrás hablado con Sofía, imagino —dijo Ada.

—Sí —respondió Zen-O—, me lo ha contado todo sobre las cuatro fuerzas. Sé que el amuleto de la fuerza gravitatoria está a salvo. Nos dio a Rovi-Ra y a mí los pergaminos que cuentan su leyenda. Esperamos hallar en ellos más información. Sofía partió en busca del resto de los fragmentos.

—¿Ha encontrado alguno más? —preguntó Don—. ¿Y qué dice el manuscrito?

—Me temo que no hemos avanzado mucho en ninguno de esos dos frentes —suspiró el maestro—. Espero que vosotros tengáis más éxito con vuestra misión.

—Podríamos ayudaros… —sugirió Ada—. ¿Y si vamos con Sofía a buscar el amuleto?

Zen-O negó con la cabeza.

—Es demasiado peligroso. Spin-O anda también tras ellos, y todavía no hemos dado con su paradero. Hasta que sepamos un poco más de todo esto, será mejor que os centréis en vuestra misión :

encontrar al elegido y ayudar a que la cuántica se establezca en el mundo clásico. No tenéis poco en vuestras manos…

—De acuerdo —se resignó Ada—, ayudaremos al CIC. Tienes razón, Don, mejor tenerlos de nuestra parte mientras buscamos al elegido. Sobre todo ahora que hay un grupo de elfos radicales dispuestos a todo para estropear las relaciones con los humanos.

Sorprendido, Zen-O preguntó:

—Pero ¿qué sabéis vosotros sobre los elfos que están causando problemas?

Don se encogió de hombros, sin entender a qué se refería Ada, que aclaró:

—Antes de dejar la cabaña, la Tejedora me dijo algo que creo que solo yo pude escuchar.

Zen-O frunció el entrecejo.

—La Tejedora no regala información así como así…

A Don le corrió un escalofrío por la espalda nada más escuchar ese nombre.

—Quizá fue porque le regalé un enigma —dijo Ada, encogiéndose de hombros—. A mí no me cayó tan mal como a vosotros… En realidad, me pareció atómica.

—¿Recuerdas exactamente lo que te dijo? —preguntó Zen-O.

—AL PRINCIPIO ALGO QUE YA SABÍAMOS: QUE SPIN-O ANDA TRAS ESOS OBJETOS DE GRAN PODER. ESPERO QUE SOFÍA SIGA UN PASO POR DELANTE DE ÉL.

—El tono de Ada se volvió más grave cuando explicó—:

LUEGO ME ADVIRTIÓ DE ALGO MÁS PREOCUPANTE: TU HERMANO, PARA MANTENER AL CIC DISTRAÍDO, ESTÁ MANIPULANDO A UN GRUPO DE ELFOS RADICALIZADOS… SON ANTIHUMANOS. QUIERE USARLOS COMO EJÉRCITO Y QUE LE AYUDEN A CONSEGUIR LOS FRAGMENTOS DEL AMULETO.

Zen-O arrugó el entrecejo y susurró:

—Interesante información… Me temo que no podré acompañaros a la reunión con el CIC. Debo ir a ver a los ancianos y advertir a Sofía y a Rovi-Ra.

—Intenté contárselo a Sofía antes de despedirnos, pero por algún motivo no quiso saber lo que la Tejedora me había dicho…

—Sofía sabe que la anciana no elige sus palabras al azar —le respondió el maestro—, lo que cuenta puede cambiar el destino. Por otro lado, me temo que lo que te anunció ya está ocurriendo.

—¿Ves? —le dijo Ada a Don—, no es tan maliciosa como la pintas: me dijo la verdad.

—¡Exacto! —murmuró el elfo—. No necesita mentir. Eso es lo más terrible. Elige verdades que destruyen.

—No te imaginaba dejándote llevar por supersticiones, Don —dijo Zen-O, que luego continuó explicando—:

En el mundo cuántico se están formando dos facciones.

Una defiende que ha llegado el momento de permitir una conexión total entre el mundo cuántico y el clásico, para convivir y avanzar juntos.

La otra, más conservadora, cree que deberíamos cortar todo lazo con los humanos. Temen que aún no estén preparados para digerir determinados conocimientos. Y dentro de esta facción hay un grupo que se está radicalizando.

—¿Y tú? —preguntó Ada, clavando los ojos en los del maestro—. ¿Quién crees que tiene razón?

Zen-O le aguantó la mirada y respondió con una sonrisa cansada:

—El equilibrio está en el camino del medio. Pensar que los dos mundos están realmente separados es una ilusión. El cosmos es una danza de opuestos, y el mundo cuántico y el clásico están más conectados, entrelazados, de lo que imaginan.

Levantar un muro entre ellos es como intentar separar la luz de su sombra; una ilusión tan persistente que puede volverse real para humanos y elfos, pero que solo traerá destrucción.

Tras una breve pausa, su voz se tornó más grave:

—Por otro lado, existe el peligro de que la humanidad avance en su conocimiento científico.

La ciencia no es una cornucopia de la que tan solo surgen bondades.

Gracias a saber cómo funciona el mundo cuántico, la humanidad tendrá en sus manos la capacidad de desarrollar nuevas tecnologías.

Capaces de lo mejor… o de lo peor. Y los humanos son complejos a la hora de tomar este tipo de decisiones.

Hace poco pasaron por una guerra mundial.

Imagina lo que habría sucedido de disponer de estas tecnologías…

—¿Cree que la facción radical de elfos puede darnos problemas? —preguntó Don, más práctico.

Zen-O guardó silencio un segundo.

—A menudo, el odio no es más que miedo disfrazado. Miedo a lo diferente, a lo que no entendemos, a lo que nos desafía. Y ese miedo, si no se reconoce y se transforma, envenena el alma y construye muros.

Entre los elfos del mundo cuántico, este miedo se está convirtiendo en odio. Ya han comenzado a atacar a grupos de humanos. Si esta espiral negativa sigue avanzando, no tardaremos en ver consecuencias mucho más graves.

—¿Y qué está haciendo el CIC al respecto? —preguntó Don.

—Me temo que no lo suficiente. No podéis confiar plenamente en nadie del CIC.

Sed especialmente cuidadosos con Malkak .

Todavía no he dilucidado de qué parte está, pero una cosa está clara.

—Zen-O se volvió hacia Ada—. Está obsesionado contigo.

Le intriga tu habilidad para entrar y salir a tu antojo del mundo cuántico.

Ada apretó el eternizador contra el pecho, como si así pudiese protegerlo del mundo.

—Bajo ningún concepto debe enterarse de la existencia de esta llave —concluyó el maestro con firmeza.

Una luz estalló tras él y el espacio se rasgó. En el centro del resplandor apareció una figura recortada: alguien los esperaba al otro lado.

—Anred ha abierto un portal hacia el CIC —dijo Zen-O.

Don y Ada se acercaron al vórtice de luz. Antes de entrar, el maestro repitió su advertencia:

—Id con cuidado con Malkak.

Y no confiéis en nadie.