9. UN DÍA DE OSCURIDAD
UN DÍA DE OSCURIDAD
Ada fue la primera en salir disparada del túnel y desplomarse contra el suelo. No le dio tiempo a levantarse, ya que Don le cayó encima, seguido de Einstein. Unos segundos más tarde Sofía salió disparada, pero, a diferencia de sus amigos, logró aterrizar de pie con elegancia.
—¡Apartaos, me estáis aplastando! —protestó Ada.
En cuanto se levantaron, quedaron impresionados por lo que tenían frente a ellos.
—¡Atómico! —exclamó Einstein, frotándose la cocorota, donde Don lo había golpeado con el pie al caer—. Viajar con vosotros es toda una aventura…
Se hallaban bajo una inmensa cúpula de piedra agrietada. Al otro lado de un abismo imponente se alzaban las gigantescas puertas de un castillo, marcadas con grabados que brillaban como galaxias atrapadas en roca.
—¡Allí está, por fin! —exclamó Sofía—.
El castillo de la fuerza
de la gravedad.
—Precioso, pero… ¿cómo vamos a cruzar? —murmuró Don, acercándose al precipicio—. ¡No se ve el fondo!
El elfo lanzó una piedrecita al acantilado, esperando escuchar un sonido que no llegó. Ada se inclinó hacia Albert y le sugirió:
—Mientras estos dos deciden cómo cruzar el precipicio, ¿puedes acabar de explicarme eso de la relatividad general?
Einstein se alisó el bigote, encantado con la pregunta.
—NEWTON PENSABA QUE LA GRAVEDAD ERA INSTANTÁNEA, MÁS RÁPIDA QUE LA LUZ. PERO YO ENCONTRÉ OTRA EXPLICACIÓN .
A su espalda, Don y Sofía discutían sobre sus opciones para llegar al otro lado de la grieta.
—EN MI TEORÍA DE LA RELATIVIDAD GENERAL —prosiguió Einstein—, EL ESPACIO Y EL TIEMPO SE UNIFICAN EN UNA ESPECIE DE TEJIDO CÓSMICO DE CUATRO DIMENSIONES: LAS TRES ESPACIALES Y LA TEMPORAL. LA GRAVEDAD NO ES MÁS QUE LA CURVATURA DE ESE TEJIDO ESPACIOTEMPORAL.
—Más despacio, geniecillo… —dijo Ada—. Eso suena raro.
—IMAGÍNATE QUE EL TEJIDO ESPACIOTEMPORAL FUESE UN COLCHÓN BLANDITO.
—¿Con sábanas limpias? —preguntó Ada para despistarlo.
—CON SÁBANAS INFINITAS —corrigió él divertido—. SI YO, QUE SOY MÁS CORPULENTO, ME TUMBO EN UN LADO, TÚ RODARÁS HACIA MÍ. ASÍ FUNCIONA LA GRAVEDAD.
Ada asintió, comprendiendo, y Einstein prosiguió:
—LA ATRACCIÓN GRAVITATORIA NO ES MÁS QUE EL EFECTO QUE LAS ESTRELLAS, LOS PLANETAS O CUALQUIER COSA QUE TENGA MASA HACEN EN ESE TEJIDO.
Mientras Albert exponía su teoría a Ada, el amuleto comenzó a brillar con intensidad. Tan absortos estaban en la explicación que no se dieron cuenta. Sofía y Don contuvieron el aliento: el precipicio que los separaba de las puertas del castillo se cubrió de un material exótico.
—¿Qué es esto? —preguntó Don, palpando la superficie pringosa con los dedos.
—Es tejido espaciotemporal —respondió Sofía.
—¿De dónde ha salido?
—Lo está haciendo él… —Sofía le hizo un gesto al elfo para que se callara y escuchase a Einstein.
Ajeno a lo que sucedía tras ellos, Einstein prosiguió:
—Un rayo de luz viaja en línea recta sobre el tejido del cosmos.
Pero todo cambia cuando se aproxima a algo grande, muy grande…
, como una estrella. La masa del astro deforma el espacio-tiempo, igual que una bola pesada hunde un colchón.
Entonces, ese rayo de luz ya no seguirá una línea recta, pues se doblará siguiendo la curva del espacio-tiempo .
—Puedo imaginarlo —afirmó Ada con fascinación.
—Si mi teoría es correcta, la luz de las estrellas debería curvarse al pasar junto al Sol . El problema es que, de día, su resplandor borra cualquier otra luz. Necesitamos un cielo oscuro para poder comprobarlo experimentalmente.
Ada estaba a punto de decir que era imposible tener oscuridad de día, pero una idea apareció en su cabecita:
— ¡Sí se puede! En un eclipse total.
—Efectivamente, mi pequeña hada —dijo Einstein admirado—.
Arthur Eddington también tuvo esa brillante idea, aunque tardó un poco más que tú en dar con ella.
Realizó una expedición a la Isla Príncipe durante el eclipse solar del 29 de mayo de 1919.
Así fue como se demostró que mi teoría era correcta.
—Y así es —zanjó Ada— como los planetas se ven atraídos por el Sol. Nuestro astro rey deforma el tejido espaciotemporal, atrapando a los diferentes planetas a su alrededor.
El amuleto volvió a emitir luz. En esa ocasión, Einstein y Ada sí se dieron cuenta de que algo ocurría a su espalda. El abismo, ahora cubierto por el tejido espaciotemporal, se había convertido en un lago.