Pack El Origen de la puerta de los tres cerrojos 5. DE PERDIDOS AL RÍO
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5. DE PERDIDOS AL RÍO

DE PERDIDOS AL RÍO

Don había metido a los tres humanos en el interior del piano de cola. Por supuesto, para entrar ahí, su tamaño se había reducido sustancialmente.

—Tengo entendido que los dos sois músicos experimentados —dijo el elfo.

—Los tres —lo corrigió Ada—. Sofía me enseñó a tocar el órgano del convento. Solía repetirme las palabras de Debussy, el compositor:

la música es la aritmética de

los sonidos, como la óptica es la

geometría de la luz.

—Estad atentos —advirtió Dlanod—, voy a tocar la nota que tenemos justo al lado.

La cuerda comenzó a vibrar y formó un dibujo ondulante.

—Cuando una cuerda está fija por los extremos —explicó De Broglie con entusiasmo— aparecen unas ondas especiales: las estacionarias .

Las notas musicales de este piano son el resultado de estas ondas.

La más básica solo tiene un vientre, que es el máximo de amplitud, y ningún nodo, que es el lugar donde su amplitud es cero.

Don hizo aparecer una nueva cuerda y le tendió el extremo a Ada. La hicieron oscilar hasta producir una onda estacionaria con dos vientres y un nodo en medio. Luego, produjeron una de tres vientres.

—¿Lo veis ahora? —De Broglie tenía los ojos brillantes—. Si los electrones son ondas, solo podrán existir en las órbitas en las que caben como ondas estacionarias .

—¿Cómo? —preguntó Ada—. No entiendo nada…

Don realizó un movimiento rápido y, tomando el extremo de la cuerda de Ada, lo unió al suyo, dibujando un círculo.

—Si imaginas a los electrones como ondas estacionarias, solo pueden existir en aquellas órbitas cuya longitud encaje a la perfección, de modo que los extremos de la onda coincidan.

Fuera de esas órbitas permitidas de Bohr, la «cuerda» queda abierta: el principio y el final no se encuentran al completar el círculo .

—¡Extraordinario! —exclamó Einstein, y luego le preguntó a Don—: ¿Es así como podemos entender el modelo atómico, con órbitas ondulantes en vez de sistemas planetarios? Amigo, has levantado una esquina del gran velo.

—Entonces —interrumpió Ada—,

los electrones ya no son pequeñas canicas girando alrededor del núcleo, como planetas en miniatura alrededor del Sol, sino que también son ondas.

¡La materia que conocemos no es más

que un conjunto de ondas vibrantes!

—Como una orquesta cósmica… —dijo Don a los tres humanos—. También vosotros sois seres ondulatorios, al fin y al cabo. Lo que ocurre es que, a vuestro nivel, en el mundo clásico, osciláis tan rápido que parecéis sólidos.

—Como ocurre con los radios de una bicicleta —exclamó Ada—. Cuando haces girar la rueda los ves dar vueltas, pero si vas muy pero que muy rápido, llega un momento en que parece que no se mueven y ves un disco sólido. Irónico, ¿verdad?

Cuando el movimiento es muy

rápido, parece inmóvil.

—Me estalla la cabeza, Don —se quejó Einstein—. ¿De qué están hechas esas ondas de materia? Diablos, ¿qué son las cosas, en realidad?

Una voz de mujer respondió a sus espaldas:

—De momento, tendréis que conformaros con obtener más preguntas que respuestas. Necesito vuestra ayuda.