2. CAOS CUÁNTICO
CAOS CUÁNTICO
Una imponente figura apareció en la puerta del despacho del director del CIC.
El recién llegado, de pelo canoso, lucía una larga barba blanca y un espeso bigote.
Sus perspicaces ojos de color dorado escanearon rápidamente la sala.
Allí estaba el director, sentado a su escritorio frente a otros dos funcionarios cabizbajos.
—¡POR FIN! —celebró este, aliviado—. GRACIAS, ZEN-O, POR HABER VENIDO. COMO YA SAbrÁS, LA SITUACIÓN SE NOS HA IDO DE LAS MANOS.
Los otros dos elfos se revolvieron incómodos en sus asientos.
—Sí, los rumores han llegado a mis oídos —respondió el anciano.
—Muy sutil —refunfuñó el director, levantando de golpe tres periódicos que estaban esparcidos sobre la mesa. Los agitó en el aire como si fueran pruebas de un crimen.
Dejó caer los diarios de nuevo sobre el escritorio con un chasquido seco, se derrumbó en su asiento y continuó:
—Un día tras otro, titulares que nos ridiculizan.
Desde que Spin-O dejó el Departamento de Transferencia de Conocimiento Cuántico y tu discípulo Dlanod se fue de rositas tras el juicio por contactar con los humanos sin permiso, la gente viaja al mundo clásico cuando le place.
No contentos con eso, se han dedicado a interferir en las investigaciones de sus científicos.
Esto es un caos, Zen-O, ¡hay que frenarlo cuanto antes!
El maestro levantó una ceja y, tuteando al director, añadió:
—Son los ataques a humanos lo que deberías investigar y frenar cuanto antes, Teseo.
Se está creando una facción que pretende eliminar definitivamente el contacto entre el mundo cuántico y el clásico…
y están dispuestos a conseguirlo a cualquier precio, incluso si eso significa atacar a la humanidad.
—Bueno, bueno… —carraspeó el director—. No exageremos. Lo que ocurrió en el campo de lacrosse tan solo fue una gamberrada subida de tono.
—No subestimes lo que sucede bajo tus propias narices —le espetó Zen-O con dureza.
—No lo hago —refunfuñó el director del CIC—. Es por eso por lo que están aquí:
Al primero le he pedido que se ponga al frente del Departamento de Transferencia de Conocimiento Cuántico.
El aludido, de cara afable y redonda, saludó cordialmente a Zen-O y añadió:
—A diferencia del antiguo responsable de mi departamento, me ocuparé de que la transmisión del conocimiento a los científicos sea fluida. Simplemente debemos poner un poco de orden.
—Y de eso se ocupará Malkak —añadió el director del CIC—.
A PARTIR DE HOY SE ESTABLECERÁ UNA RESTRICCIÓN PARA LOS PORTALES DE ACCESO AL MUNDO CLÁSICO . TODO EL QUE QUIERA ATRAVESARLOS DEBERÁ OBTENER UN PERMISO ESPECIAL.
Zen-O y Malkak, de rostro anguloso y nariz afilada que parecía cortar el aire, se miraron con desconfianza mutua.
—Bien, si ya lo tienes todo organizado… —respondió el maestro—, ¿para qué me has llamado?
Rículus se movió incómodo en su asiento y explicó:
—Con tanta gente exponiendo la cuántica a los humanos se ha creado un poco de confusión…
Al parecer, unos han estado visitando a un tal Heisenberg, un científico clásico, para explicarle la versión matricial de la cuántica.
Otro grupo, sin ninguna coordinación con el anterior, ha estado interfiriendo en los trabajos de un tal Schrödinger.
Le han sugerido una descripción ondulatoria de la cuántica…
—Total —lo interrumpió impaciente el director del CIC—, que ahora los humanos no solo tienen un lío tremendo, sino una confrontación abierta entre estos dos científicos y sus respectivas teorías.
Están a la gresca a ver quién tiene razón.
Y, como postre, ni Rículus ni nadie de su departamento saben lo suficiente sobre física clásica como para ayudarles a zanjar esta discusión.
Zen-O levantó una ceja, invitando a Rículus a intervenir.
—Pensamos que Dlanod, siendo el que mejor conoce el mundo clásico, y su amiga humana Ada podrían ayudarnos a solucionar este enredo. Sin embargo, no hemos sido capaces de localizarlos. Hace tiempo que están en paradero desconocido.
Malkak, con un tono de voz suave pero frío y cortante como el hielo, añadió:
—Ah, la joven humana, Ada… El misterio de su presencia en el mundo cuántico, durante siglos sellado a los de su especie, me parece inquietante. ¿Quizá estaría dispuesta a responder algunas preguntas?
Zen-O carraspeó y miró a Malkak a los ojos, intentando descifrar sus intenciones. El elfo de nariz aguileña le aguantó la mirada al principio, pero no pudo resistir la profundidad del maestro, que respondió:
—Les transmitiré vuestra petición.
Antes de salir del despacho, Zen-O se dirigió al director y le aconsejó con solemnidad:
—No subestimes al grupo de elfos que se está radicalizando. Siempre hacen más ruido las latas vacías que las llenas. Igual sucede con los cerebros. Cuanto más tiempo les des, más fuertes se harán.
Acto seguido, juntó las palmas de las manos y desapareció teleportándose en vez de usar la puerta.
—Hay que reconocer que tiene estilo… —dijo Malkak con una risa sarcástica.