Pack El Origen de la puerta de los tres cerrojos 35. SHAMBLA Y LA PROFECÍA
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35. SHAMBLA Y LA PROFECÍA

SHAMBLA Y LA PROFECÍA

Sofía había acompañado a Ada fuera de la sala de juicios. Todavía estaba digiriendo la noticia: ¡lo habían conseguido! Habían vencido a Spin-O. Si bien no habían ganado la guerra, al menos sí aquella batalla.

Sintió el familiar tirón en el estómago y supo que se habían teleportado. Antes de preguntarse cuál era su destino, se aseguró de que Bohr y Don aún estuviesen a su lado. La tranquilizó que así fuese.

—¿DÓNDE ESTAMOS? —preguntó, entonces, a Sofía.

—ANTE LAS PUERTAS DEL TEMPLO DE SHAMBLA —le susurró su mentora.

Un santuario de diez metros de alto y otros tantos de ancho se alzaba frente a ellos. Las paredes estaban formadas por bloques de piedra encajados. Pequeñas plantas crecían entre sus grietas. En la fachada, unas colosales puertas de hierro forjado indicaban la entrada al templo.

El maestro Zen-O y Rovi-Ra las abrieron con un suave empujón, como si no pesasen nada.

El interior era cálido, en contraste con la fría fachada de piedra. Miles de velas iluminaban la abovedada estancia, donde nueve ancianos se levantaron de una gran mesa redonda para dar la bienvenida a los recién llegados.

El mayor se acercó, ayudándose de un gran bastón de madera. Superaba en años incluso a Rovi-Ra, y sus largos cabellos canosos se confundían con la túnica blanca que vestía. Bajo sus pobladas cejas, sus ojos oscuros brillaban, dándole el aspecto de un sabio salido de las antiguas leyendas.

Saludó a Kronos, Zen-O y Rovi-Ra, y luego dijo a Sofía:

—Veo que llegaste a tiempo para el juicio, jovencita.

—Gracias por vuestra ayuda —respondió ella con una leve reverencia.

El anciano se acercó a Niels Bohr y le tendió la mano. —Es un honor tener a un humano entre nosotros —le dijo con su profunda voz—. Tus ojos brillan con la luz de la sabiduría. Has aprendido mucho en este mundo extraño al tuyo.

Por primera vez desde que había empezado el juicio, Niels Bohr volvió a hablar, compungido:

—ME GUSTARÍA RECORDAR TODO LO QUE HE APRENDIDO AQUÍ, PERO ME TEMO QUE ME HAN CONDENADO: NO ME PERMITIRÁN VOLVER A MI MUNDO CLÁSICO SIN QUE ANTES ME BORREN LA MEMORIA.

—Ah… —replicó el anciano—. Eso no debería preocuparte. Zen-O se verá obligado a borrar los recuerdos de tus aventuras en nuestro mundo, pero nadie jamás podría privarte del conocimiento y la sabiduría que aquí has adquirido.

—Espero que así sea…—dijo Bohr esperanzado—. Las leyes de la mecánica de mi mundo son inútiles cuando nos adentramos en lo más pequeño del universo, en la esencia de la materia. Esas partículas minúsculas se comportan de un modo extraño para nosotros. ¡Incluso diría que increíble!

—Pero ahora podrás contarles a los otros científicos cómo funciona el átomo —lo animó Ada.

—Tenemos que ir mucho más allá, pequeña —contestó Bohr—. La cuantización no puede limitarse a ser un parche para explicar el átomo. Debemos elaborar una mecánica nueva, que tenga en cuenta la cuantización de la energía.

La mecánica cuántica debe nacer en mi mundo. ¡Esto es una nueva revolución científica!

Rovi-Ra devolvió a Niels Bohr el amuleto con el ying y el yang.

—Esto es tuyo por derecho, consérvalo —dijo la anciana al científico—.

La intuición que tenéis los humanos sobre cómo se comporta el universo apenas se aproxima a lo que ocurre en realidad en el mundo cuántico.

Ahora que empezáis a hacer experimentos en los límites de vuestro mundo y os adentráis en el nuestro, obtendréis resultados que os parecerán contradictorios:

¿es la luz una onda o una partícula? Si es una cosa, no puede ser la otra, pensaréis, pero los opuestos son como el ying y el yang:

complementarios.

El anciano de Shambla se acercó a Bohr y le anunció:

—Es momento de partir. Tienes una gran labor que desarrollar en tu mundo.

Niels Bohr se despidió de sus amigos de aventuras.

—Eres una gran científica —le dijo a Ada—. Planck y Einstein han sido afortunados de tenerte: una pequeña hada madrina, una guía de primera en el mundo cuántico. También yo te debo todo lo que ahora sé. Siento tener que olvidarte…

—No te preocupes, iré a verte —respondió la muchacha, y le dio un fuerte abrazo. Luego le advirtió—: ¡Sobre todo para asegurarme de que cumples con tu misión!

Niels le ofreció la mano a Don, que se la estrechó con fuerza.

—Cuida de ella —le pidió—. Y, si puedes, evita que deje inconscientes a más científicos…

Sofía elevó una ceja al oír aquel comentario.

—No olvides borrarle ese detalle de la memoria —le pidió Ada a Zen-O, mientras todos estallaban en risas.

El maestro y Bohr desaparecieron en menos que se dice cuanto.

Entonces, Kronos, que no se había separado de Dlanod en ningún momento, le dijo al elfo:

—TIENES ALGO QUE DEVOLVERME, ¿VERDAD?

Don asintió y le entregó el reloj de bolsillo.

—Cuando caímos en aquella sala oscura…—titubeó el elfo.

—FUISTEIS A PARAR A LA ESFERA DEL SABER —completó Kronos—. EL ETERNIZADOR TE LLEVÓ A UN LUGAR ESPECIAL. NO VOLVISTE CON LAS MANOS VACÍAS, ¿VERDAD?

Ada recordó el cubo plateado con el que Don había emergido de aquel extraño lugar.

—Vosotros dos no deberíais haber ido —dijo Rovi-Ra al elfo y a Ada—, solo Bohr… Pero las cosas no suceden por accidente, así que ya veremos qué os depara el destino.

La explicación de la anciana no respondía los millones de preguntas que brotaban en la mente de Ada. Sin embargo, parecía que eso tendría que esperar.

—Todavía no comprendo lo que sucedió allí —confesó Don—. Solo me quedan algunos recuerdos confusos.

—Ven conmigo —le dijo Kronos—. Te explicaré lo que pueda.

Y los dos desaparecieron por una de las puertecitas laterales.

Sofía hizo un gesto a Ada y la invitó a sentarse en la mesa redonda, con los ancianos, entre ella y Rovi-Ra.

—Me parece inaudito —le dijo a la muchacha su mentora mientras le acariciaba el pelo— que estés en silencio, en lugar de disparar millones de preguntas.

Ada la miró a ella y luego a todos los ancianos de Shambla. Se sentía feliz de volver a tener a su vieja amiga con ella, pero también estaba agotada. Por supuesto que deseaba saberlo todo, pero tenía tantas preguntas que… se había quedado en blanco. Probablemente por primera vez en su vida.

— HEMOS DECIDIDO —le explicó Rovi-Ra, al ver que seguía en silencio— QUE TOMES PARTE DE ESTA REUNIÓN. AUNQUE SOFÍA VOLVIÓ ANTES DE TIEMPO AL ENTERARSE DE QUE SPIN-O OS LLEVABA A JUICIO, GRACIAS A TI PUDO REALIZAR SU MISIÓN.

Ahora fue esta quien tomó la palabra para explicar a los ancianos:

—Gracias al amuleto de Bohr, conseguí entrar en el templo. No disponía de mucho tiempo. Tenía que volver, pues sabía que Spin-O estaría desesperado por hacerse con el eternizador que Ada protege.

La aludida se descolgó el collar del que pendía la llave de Decoherencia y lo posó sobre la mesa.

—Aquí lo tenéis —ofreció la joven a los sabios de Shambla—. Con vosotros estará a salvo.

El más anciano carraspeó y, con voz amable, dijo:

— Los eternizadores son objetos de gran poder. Dice mucho de ti que no lo codicies y que estés dispuesta a desprenderte de él con tanta facilidad, pero creo que va a quedarse contigo. Son ellos los que deciden con quién quieren estar, jovencita, y creo que este, en concreto, te elige a ti.

Sofía le volvió a colgar la llave del cuello con delicadeza, antes de explicarle:

— Gracias al eternizador de Decoherencia, tienes la llave que abre las puertas al mundo cuántico.

—No solo eso —añadió Rovi-Ra—, sino que también podrás moverte por el mundo clásico utilizando los fenómenos cuánticos. Te será útil para seguir con tu misión.

—¿Qué misión? —preguntó Ada sorprendida—. Ya hemos conseguido que la física cuántica nazca en el mundo clásico, ¿no?

Sofía tomó la palabra:

—Hace tiempo que buscamos los textos y reliquias que se perdieron con la destrucción de la biblioteca de Alejandría.

Hemos conseguido mucho, en parte gracias a tu ayuda —dijo, sonriendo—.

Como ya he explicado, tras lograr abrir la puerta del templo, después de tantos años de búsqueda, tuve que volver a toda prisa, pero no sin antes recuperar uno de los pergaminos que anhelábamos.

Dicho esto, Sofía se levantó y depositó un tubo de madera sobre la mesa redonda.

— Creo que he dado con ella:

la profecía.

Ada lo reconoció al instante. Rebuscó en el bolsillo de sus enaguas y puso sobre la mesa el críptex cuántico que había sacado del templo, tras caer en la esfera de la sabiduría.

Los dos cilindros de madera eran idénticos, uno al lado del otro, sobre la mesa. Aquello no se lo esperaba nadie. Se hicieron unos segundos de silencio antes de que Sofía preguntase:

—¿De dónde has sacado esto, pequeña?

Ada les explicó con todo detalle su experiencia tras atravesar la oscura puerta de la esfera de la sabiduría: cómo vio a Sofía y atravesó el muro como un fantasma, puesto que no podía tocar nada. Excepto aquel críptex.

El mayor de los ancianos murmuró:

—Interesante… Los dos mensajes están entrelazados.

—Son críptex cuánticos —advirtió otro—. Si no lo abre la persona adecuada, el mensaje se destruirá.

—Creo que está claro —dijo Rovi-Ra—. Ada y Sofía deben abrir cada una el suyo.

Los ancianos asintieron en unanimidad.

Abrieron los dos críptex a la vez. Sendos pergaminos se desplegaron al mismo tiempo y Ada leyó en voz alta:

—AQUÍ PONE LO MISMO… —confirmó Sofía—, PALAbrA POR PALAbrA.

—¿Y ya está? —preguntó Ada con fastidio, mirando por detrás del pergamino por si encontraba algo más—. ¿De qué humano habla? ¿Y quién es «ella»? ¿No da más pistas?

—¿QUERÍAS SABER CUÁL ERA TU MISIÓN? —respondió, divertida, Rovi-Ra—. PUES AHÍ LA TIENES:

¡hallar al elegido!

Aquello sería como encontrar una aguja en un pajar. Ada suspiró con desánimo.

—Tranquila —dijo Sofía—, no estarás sola.

A Ada se le iluminaron los ojos. Por fin volvería a trabajar junto a su mentora. A su lado se veía capaz de cualquier cosa, por imposible que pareciese.

Como si le hubiese leído la mente, Sofía le sonrió con tristeza:

—Lo siento, pequeña, pero yo no puedo quedarme.

La ilusión de Ada se desmoronó como un castillo de cristal, rompiéndose en mil añicos. Aquello era un duro golpe.

—Debo seguir mi búsqueda —le explicó ella—.

Aún quedan pergaminos que encontrar, así como otras reliquias valiosas.

Sospecho que hallaré más información sobre los Eternos y sus fascinantes objetos.

Y no puedo demorarme mucho. Me temo que, a la luz de los últimos acontecimientos, Spin-O ambiciona descubrir información sobre la llave que te ha permitido realizar tantas proezas.

Está a punto de averiguarlo, y no puedo dejar que nos lleve la delantera.

Dicho esto, se puso en pie y abrazó a Ada.

—PERO ¿TE VAS YA? —preguntó la joven desconcertada.

Una voz tras ella irrumpió en la sala:

—Quizá puedas esperar y partir mañana, Sofía. —Era Zen-O, que regresaba con Kronos y Don—. Esta noche daremos una fiesta de celebración memorable.