25. AGITAR UN AVISPERO
AGITAR UN AVISPERO
No era consciente del tiempo que había pasado cuando vislumbró un destello de luz acercarse. ¿Sería el fotón con el que había quedado atrapada? Lo había perdido de vista desde que el espectro negro los había absorbido. La figura se fue definiendo y… ¡no podía creer lo que veían sus ojos!
Sofía.
—¿Estás realmente aquí, o acaso he muerto? —preguntó la muchacha, agotada.
—No estás muerta, querida Ada… —la tranquilizó la mujer con voz dulce—. Solo has salido del tejido del espacio-tiempo. Te dije que aparecería cuando más me necesitases ¡y aquí estoy!
Ada intentó abrazarla, pero sus brazos atravesaron la imagen de su mentora.
—Estoy aquí, pero no físicamente.
—Lo siento, Sofía, te he fallado —suspiró Ada con tristeza—. He quedado atrapada para siempre y no he conseguido el amuleto.
—¿Desde cuándo te das por vencida tan fácilmente? —la amonestó, cariñosamente, Sofía—. Tu historia está muy lejos de acabar aquí, pequeña. Aunque reconozco que no esperaba tener que venir a buscarte dentro de un espectro negro. Has agitado el avispero… pero ¡a base de bien!
—Creo que lo he empeorado todo.
—De eso nada, querida mía, has sembrado la semilla de una revolución. Vas por buen camino. ¿Por qué, si no, se tomarían los del CIC tantas molestias para detenerte? Pero no te preocupes, te sacaremos de aquí.
En ese instante, la imagen de Sofía tembló, como si fuera a desvanecerse.
« DAME MÁS TIEMPO, ROVI-RA, POR FAVOR », escuchó decir a Sofía.
La imagen pareció estabilizarse de nuevo.
—No te vayas todavía —le rogó Ada atropelladamente—. Tengo demasiadas preguntas… Zen-O cree que soy uno de los niños perdidos de Shambla, pero se equivoca, ¿verdad? Los fenómenos cuánticos que suceden a mi alrededor… ¡tienen que ser por la llave! Porque simplemente soy una niña, ¿no?
—¿Simplemente una niña? ¡Por todos los quarks!
¿Dónde ha quedado todo lo que te enseñé?
No son tus orígenes lo que te definen, Ada, sino tus decisiones y tu actitud ante la vida.
Pequeña, a lo largo de tu viaje te cruzarás con gente que querrá cortarte las alas, aplacar tus sueños, ya sea por miedo o por envidia.
No debes permitirlo. Pero el mayor drama sería que fueras tú misma quien te impidiese volar.
La imagen de Sofía tembló de nuevo.
—Ahora sí; es el momento —se despidió—. Sacúdete el polvo y mira adelante. Y si alguna vez te vuelve a engullir un agujero negro…, ¡llámame!
Ada levantó la mano para tocar a su mentora y ella levantó la suya. La mano real y la que era una proyección se fusionaron en una.
—¡La oscuridad!
—dijo de repente Ada—. ESA ERA LA RESPUESTA A TU ULTIMO ENIGMA.
Sofía sonrió y, antes de desaparecer, añadió:
—Te enviaré al momento y lugar adecuados para que puedas seguir con tu misión. Encuentra el amuleto y recuerda, mi pequeña hada:
las cosas más hermosas que existen, todas ellas, empezaron con un sueño.
A Ada no le dio tiempo ni a suspirar mientras sentía un fuerte tirón desde sus entrañas.
Cuando abrió los ojos, ya no estaba atrapada en el espectro negro. Aunque seguía rodeada de oscuridad, pudo sentir el familiar efecto de la gravedad en su cuerpo. Era un alivio que aquella fuerza volviese a la normalidad, en lugar de atraparla brutalmente en medio del cosmos.
Ada decidió que, en adelante, no daría nada por hecho, ni siquiera la gravedad. Justo entonces escuchó:
—¡Ay! Me has pisado
—¿Don? —preguntó emocionada.
—¿Ada?
—Yo misma… ¿Dónde estamos?
—¿De verdad eres tú? Yo estaba en un armario teleportador, de camino al mundo clásico…
En ese momento, ambos sintieron el familiar tirón en el estómago, el efecto inconfundible de la teleportación.
—Pero ¿cómo…? —empezó a decir el elfo.
Sin embargo, fueron interrumpidos cuando alguien abrió de sopetón las puertas del armario teleportador.
Estaban de nuevo en el ático del orfanato, pero apenas alcanzaban a ver la gorda y enrojecida cara de sor Urraca, con una amplia sonrisa que mostraba sus dientes amarillentos.
—¡TE TENGO, LADRONZUELO! —exclamó la Bulldog, agarrando fuertemente a Don por el brazo.
Luego, al ver a Ada, exclamó sorprendida:
—ESTO SÍ QUE ES INESPERADO…, ¡DOS PILLASTRES AL PRECIO DE UNO! Y ADEMÁS ME HA TOCADO EL PREMIO GORDO: ¡GERTRUDIS!
—Me llamo Ada —replicó ella.
—No estás en posición de ser arrogante, jovencita —exclamó la hermana, exultante—. El inspector me avisó de que encontraría aquí al ladronzuelo que ha estado ayudando a Sofía, oculto en el armario del orfanato. Lo que no me dijo era que también daría contigo.
Dicho esto, se dirigió a dos policías que la acompañaban y les ordenó:
—Agarradlos con fuerza. ¡Que no escapen! Los encerraremos aquí mismo hasta que llegue el inspector.
Los dos agentes se miraron entre sí.
—Esto no es el procedimiento usual… —protestó uno de ellos.
Pero Urraca ya bajaba las escaleras. Ada sabía perfectamente adónde conducían: al Agujero.
—El inspector es Spin-O… —le susurró la muchacha a Don—. No podemos dejar que nos atrape.
—Se debe de haber enterado de que iba a teleportarme al mundo clásico y ha interceptado el canal —dijo Dlanod, pensando en voz alta.
El policía que lo tenía sujeto lo observaba con curiosidad, pero el gorro y las gafas lo camuflaron lo suficiente como para que no lo descubriesen antes de llegar a la particular prisión del orfanato.
Urraca esperaba en el umbral de la antigua mazmorra del hospicio.
Primero empujó dentro a Dlanod y luego agarró a Ada por el brazo.
—EL INSPECTOR ME ADVIRTIÓ DE QUE HABÍAS ROBADO ALGO DE GRAN VALOR —dijo la monja mientras le arrebataba el colgante que escondía bajo su vestido—. ¡AJÁ! AQUÍ ESTÁ: LA LLAVE . SE ALEGRARÁ DE SABER QUE LA HE RECUPERADO.
La joven estaba aterrorizada. Urraca la había despojado del único elemento que le permitía acceder al mundo cuántico.
—Menuda científica de pacotilla… —se rio la hermana mientras empujaba bruscamente a Ada al interior de la prisión—. Deberías haberte centrado en ser sirvienta, ese es tu destino.
Urraca cerró la puerta con un golpe estridente.
Ada volvía a estar atrapada, y esta vez no tenía manera de escapar.