7. ESPECTRO
ESPECTRO
Ada encontró a Planck en su escritorio, enfrascado en unos papeles. Resoplaba mientras tachaba con fuerza el resultado al que había llegado. Se quedó observándolo en silencio, mientras se preguntaba si aquel sería el momento ideal para pedirle un favor.
—¿Qué haces ahí parada? —preguntó Max al verla en el umbral de la puerta.
—No quería molestarlo…, veo que está muy concentrado.
—Eso sí que es atípico en ti, jovencita. Me estoy volviendo loco con estas ecuaciones.
¡NADA ENCAJA! EN PARTE ES POR TU CULPA, POR HACERTE CASO A TI Y A TUS DICHOSOS ÁTOMOS.
Ada se acercó al escritorio y colocó su asiento frente al de Planck, dispuesta a escucharlo. En el poco tiempo que llevaba trabajando con él se había dado cuenta de que, al compartir sus pensamientos con ella, el científico parecía aclararse y llegar a nuevas conclusiones.
Max inició su explicación:
—Verás, tus queridos átomos pueden estudiarse como si fueran osciladores.
— ¿ OSCILADORES ? ¿Y ESO QUÉ ES?
—IMAGÍNATE UNA PELOTITA ENGANCHADA AL EXTREMO DE UN MUELLE. SI TIRO DE ELLA, EMPEZARÁ A OSCILAR DE ARRIBA A ABAJO. PUES BIEN, EN NUESTRO PROBLEMA ES EL CALOR EL QUE HACE ESE TRABAJO POR MÍ. CUANTO MÁS SE CALIENTAN LOS ÁTOMOS DE LAS PAREDES DEL HORNO, MÁS SE MUEVEN.
Ada asintió con la cabeza y se imaginó un montón de bolitas con sus respectivos muelles. Cada cual moviéndose de un modo distinto, oscilando a su antojo y con diferentes velocidades.
— Al moverse, las cargas emiten radiación, es decir, luz, hasta que recuperan el equilibrio —prosiguió el científico—.
Piénsalo bien: las brasas están, más o menos, a unos 800 ºC.
Con ese calor, los átomos oscilan e irradian luz, que tiene predominantemente una frecuencia correspondiente al rojo.
El Sol está a mayor temperatura, a unos 5.
500 ºC, así que sus muelles vibrarán más rápido, es decir, a frecuencias más altas, y por eso nos parece amarillo.
Eso explicaría el cambio de color en la luz.
La imaginación de Ada volvió a volar hacia esas bolitas que desprendían luz de distintos colores.
—Para poder reproducir la curva experimental —explicó Planck—, es decir, la relación entre la temperatura y la frecuencia, necesitamos entender cómo absorben y reemiten la radiación tus queridos átomos. Y eso es lo que estoy intentando reproducir con mis cálculos.
—Parece una explicación plausible; dependiendo de cómo oscilen mayoritariamente esos muelles, emiten mayor cantidad de frecuencias correspondientes a un color determinado; brasas rojas, sol amarillo.
—Sí, pero el problema llega cuando intento dar una explicación con la teoría electromagnética de la luz, la misma que has estado estudiando. ¡No consigo llegar a ninguna parte!
El profesor Planck se levantó y se acercó a la ventana para observar el paisaje matutino.
—Esta noche viene a cenar un amigo mío. Rubens es físico experimental. ¿Te acuerdas de que había pocos experimentos sobre la radiación del cuerpo negro en frecuencias bajas, hacia el infrarrojo?
—Sí, me dijiste que era difícil ver la luz con el horno tan poco caliente, ¿no?
—Pues él ha perfeccionado su experimento y quiere enseñarme sus últimos resultados. Dice tener datos más exactos.
—¡Así sabremos si las conclusiones de Wien son equivocadas! —apostilló Ada—. Y si tenemos o no un problema…
Al ver a su pupila tan entusiasmada, Max sonrió y dijo:
—Quiero que asistas a la reunión de esta noche. He mandado un mensajero al orfanato para que sepan que hoy te quedarás hasta tarde.
—¡AH! ¡ESO SERÁ ATÓMICO!
Al escuchar la expresión, Planck alzó las cejas de modo interrogativo.
—Me parece un término de entusiasmo apropiado, dada nuestra investigación… —se explicó la joven.
Ada decidió aprovechar el momento de distensión. Pediría ayuda a Planck para resolver el enigma de Sofía.
— Tengo otro jeroglífico que resolver… —titubeó la joven—. ¿Recuerda que le hablé de la hermana Sofía?
—La que te educó durante tus primeros años en el orfanato, si no me falla la memoria.
—Así es. Pues me ha dejado un críptico mensaje.
—Esa mujer hizo un excelente trabajo contigo. Tienes toda mi atención. ¿Qué enigma te ha planteado?
Pese a que confiaba en su mentor, Ada no creía necesario darle todos los detalles, así que le citó solo una parte del mensaje:
—Dejó un objeto escondido para mí, y una única pista para hallarlo:
—¿ William Herschel, el astrónomo? Qué mensaje tan extraño… —reflexionó Planck.
—¡Exacto! Él descubrió Urano, así que he buscado en todas partes donde hay alguna referencia a ese lejano planeta, pero no he tenido éxito. Estoy construyendo un telescopio, y me faltan las lentes; había pensado que quizá usted…
—Los mundos ocultos de Herschel… —la interrumpió Max, sin hacer caso de su petición—. Puede que no se refiriese al planeta.
La joven se calló, expectante, y observó a su tutor como queriendo leer lo que pasaba por su mente.
—La semana pasada estudiaste las ondas electromagnéticas de Maxwell. —Planck se dirigió a su escritorio y cogió un pisapapeles de cristal en forma de pirámide—. Pero ¿qué sabes del espectro electromagnético?
Ada reaccionó con rapidez. Estaba dispuesta a demostrar su valía. Agarró el prisma de cristal de las manos de Planck y se acercó a la ventana. Recordaba a la perfección el experimento con el que Sofía había replicado el descubrimiento de Newton.
—La luz blanca
—explicó la joven—, la que emite el Sol, contiene todos los colores del arco iris. Eso lo descubrió Isaac Newton en el siglo XVII .
Acompañó sus palabras con una demostración.
Colocó la pirámide de cristal en medio de la ventana.
Un rayo de luz entró por uno de los lados del prisma.
El haz que atravesó aquella diminuta pirámide se estrelló contra la pared, reproduciendo un abanico de colores, del violeta al rojo… Los colores del arco iris.
—A este hallazgo lo llamó «espectro» —prosiguió Ada—, que significa «aparición» en latín. Y es lo que sucede en los días de lluvia, cuando el sol emerge de entre las nubes. Las gotas de agua cristalina hacen de prisma para crear el arco iris cuando los rayos del sol las atraviesan.
—¡Excelente, Ada! Pero a Isaac Newton se le escapó algo que se escondía en la luz…
Tuvieron que pasar ciento cincuenta años para que Herschel descubriese lo que había más allá del rojo.
Estos últimos días hemos hablado de la relación entre el calor de los objetos y el color de la luz que emiten, pero la luz también transporta calor.
En verano, puedes experimentar la diferencia de salir al sol con un vestido negro o uno blanco.
William Herschel se preguntó si algún color transportaría más calor que otro, así que se dispuso a comprobarlo…
Con un prisma, separó la luz del sol en los colores del arco iris, como acabas de hacer tú ahora mismo.
Acto seguido, colocó termómetros de mercurio, uno en cada color.
Puso un termómetro de control un poco más allá del rojo, donde suponía que ya no había luz.
»Observó que el termómetro que estaba en el rojo marcaba una temperatura más alta que el del azul.
Era un descubrimiento agradable, pero no revolucionario.
Lo que sí resultó sorprendente fue que el termómetro que estaba más allá del rojo había subido más de temperatura.
¿Cómo era eso posible, si no le llegaba ningún tipo de luz? Solo había una respuesta posible:
HERSCHEL HABÍA DESCUBIERTO UNA NUEVA CLASE DE LUZ, INVISIBLE PARA LOS OJOS. ACERCA LA PALMA DE TU MANO A TU ROSTRO.
Ada hizo lo que su instructor le ordenó.
—¿Puedes notar el calor en tu mejilla? ¡Tu mano emite radiación! No la ves, pero la sientes. Herschel descubrió una presencia oculta que se escondía más allá del extremo rojo. Por eso la llamó
«infrarrojo» .
Ese tipo de luz es invisible a nuestra vista, pero podemos sentirla en forma de calor, tal como acabas de experimentar.
Quizá tu críptico mensaje se refiera a eso…
Escondido en la luz hay mucho más de lo que podemos ver.
Además del infrarrojo, en el otro extremo está el ultravioleta, también invisible, que encierra sus propios enigmas…
Ada ya no escuchaba las explicaciones de su mentor. Las palabras de Sofía resonaban en su cabeza.
¡Claro! Lo había entendido todo al revés, no se trataba de Urano.
—¡Dios mío, profesor! Tengo que marcharme, volveré para la cena.
Ada salió disparada sin esperar la respuesta de Planck.
Ya sabía dónde encontrar la llave.