6. ONDAS
ONDAS
Aquella mañana le costó desperezarse. Llevaba ya una semana entera trabajando con Planck durante la jornada y, al llegar al orfanato, la hermana Urraca la cargaba de arduas tareas.
Eso le dejaba solo las noches para ocuparse del enigma de Sofía.
Debía encontrar esa llave, pero seguía sin saber por dónde empezar.
Valentina y ella habían recorrido el hospicio y el monasterio de arriba abajo buscando alguna pista sobre Urano, y tan solo habían encontrado el símbolo del planeta en uno de los retablos de la cripta, que habían registrado a conciencia, aunque sin éxito.
Finalmente, Ada había decidido ponerse a construir a la desesperada su propio telescopio para observar el misterioso planeta.
Por eso se encontraba, somnolienta y furtiva, trabajando en la carpintería de Peppo. Aprovechaba la plegaria matutina para no ser sorprendida por las hermanas.
—Peppo, no hace falta que madrugues tú también… —dijo Ada al ver bostezar al anciano—. Solo yo tengo prohibida la entrada aquí. Además, te meterás en un lío si me ven contigo.
—No te preocupes, pequeña. Soy viejo, ya nadie se toma ninguna molestia por mí, ni siquiera para amonestarme. Pero cuéntame, pequeña, echo de menos tus historias… ¿Cómo te va en tu nuevo trabajo? ¿Se porta bien el señor?
—¡Es fascinante! El profesor Planck es un científico de los de verdad…
—Eso he oído, en la Academia lo tienen en muy buena consideración.
—ESTA SEMANA HE ESTUDIADO LAS LEYES DEL ELECTROMAGNETISMO DE MAXWELL —explicó la jovencita—. VERÁS, AL PARECER, LA LUZ ES UN TIPO DE ONDA, UNA ONDA ELECTROMAGNÉTICA.
Ada interpuso su mano en un rayo de luz matinal que se filtraba por el agujero de uno de los ventanales y lo observó con admiración.
—Vaya que sí… —dijo Peppo—. La luz es especial. Nos es tan cotidiana que la pasamos por alto, y los humanos acostumbramos a obviar lo obvio. Me alegra ver, mi querida hada, que no das las cosas por sentadas. Es así como se descubre la magia en cada pequeño gesto.
—Es el conocimiento, Peppo. Recuerda lo que me repetía Sofía:
«Cuando conoces cómo funciona la naturaleza, entonces hablas su idioma, y si estás dispuesta a escuchar, te desvelará sus maravillosos secretos. Y que no te quede ninguna duda: en algún lugar algo increíble está esperando a ser descubierto».
El viejo se sentó en uno de los troncos, dispuesto a escuchar la larga explicación que sabía que vendría a continuación.
— Maxwell desveló uno de esos secretos de la naturaleza.
Estudió la electricidad y el magnetismo.
Volta, hace ya cien años, inventó la pila, que me parece fascinante.
Con la fuerza eléctrica se iluminan las bombillas, y gracias a ella Morse inventó el telégrafo en 1833.
Incluso hay una locomotora eléctrica, aquí mismo, en Alemania.
Estoy segura de que esta tecnología no hará más que crecer.
Por otro lado, la fuerza magnética hace mucho que se conoce, podemos encontrarla en los imanes o en las brújulas.
Antes se pensaba que la fuerza eléctrica y la magnética no tenían nada que ver la una con la otra, pero Maxwell se dio cuenta de que están relacionadas. Las unificó en una sola fuerza:
la electromagnética.
Peppo la escuchaba con paciencia. A pesar de que se había perdido en aquella larga explicación, el viejo sabía captar lo importante.
—Una sola fuerza que lo explique todo…—dijo él.
—Bueno, todo no, de momento solo la electricidad y el magnetismo. Pero es un paso, ¿no? Además, ahora sabemos que la luz es una onda electromagnética. Un campo eléctrico y un campo magnético oscilan sinusoidalmente de manera perpendicular. ¿No te parece hermoso?
—No entiendo nada. ¿Qué significa esa palabreja?
Como toda respuesta, Ada agarró una cuerda y le ofreció a Peppo el otro extremo. Acto seguido, empezó a sacudirla arriba y abajo hasta que las ondas se propagaron por ella.
—¡Esto es una onda sinusoidal! —explicó, señalando la forma que tomaba la cuerda—.
Esta noche soñé con ellas. Una sirena movía su cola en el mar, haciendo unas hermosas ondas en la superficie calmada del agua.
Cuanto más rápido la movía, más se agrupaban las ondas.
Como cuando cierras un acordeón. Entonces se cansaba y el movimiento de su cola se volvía lento, mientras las ondas se estiraban.
—Es un sueño bonito. ¿Qué diablos significa?
—ESO ES la frecuencia —explicó Ada divertida— . CUANTO MÁS ALTA ES, MÁS RÁPIDO SE GENERAN LAS ONDAS Y MÁS SE JUNTAN ENTRE SÍ.
—Entonces ¿la luz es una de estas ondas?
—¡Eso parece! —respondió la joven—. Y los colores del arco iris son ondas con frecuencias distintas.
Cuando ves el rojo, tus ojos están captando una onda electromagnética con una frecuencia más baja que cuando ves el color azul.
Sin embargo, quedan aún muchas incógnitas respecto a la luz. En eso estamos trabajando.
—¿Y qué ocurre con tu otra incógnita? —preguntó el anciano.
—Te refieres al mensaje de Sofía, ¿verdad? —Ada se sentó, desanimada, sobre la mesa del taller—. Todavía nada. No tengo ni idea de por dónde empezar a buscar la llave…
—Bueno, al menos parece que te estás preparando para ayudar al científico a entender la luz. —Peppo le acercó a Ada un tubo de madera hueco—. Y yo he terminado lo que me pediste, con sus medidas exactas, tal como detallabas en tu diseño.
La joven saltó entusiasmada y le dio un fuerte abrazo.
—Muchas gracias, Peppo. Con esto construiré mi telescopio.
Ya he reproducido todos los cálculos necesarios y sé a qué distancia deben ponerse las lentes para que funcione.
Sofía me enseñó los pasos que había seguido Galileo para construirse uno y observar el cielo, ¿sabes?
Ahora solo me hacen falta las lentes… No sé cómo agradecerte todo lo que haces por mí.
—¿Qué te parece si me premias con uno de tus enigmas? Así estaré entretenido hasta que vuelvas a visitarme.
—De acuerdo, ahí va:
»Un señor adinerado quería dejar toda su fortuna al más sabio de sus tres hijos. Para determinar cuál era, decidió darle a cada uno algunas monedas y pedirles que le comprasen algo que llenara su gran salón.
»EL HIJO MAYOR COMPRÓ PAJA, PERO CON LAS POCAS MONEDAS QUE TENÍA NO LE LLEGÓ PARA LLENAR LA HABITACIÓN.
»EL SEGUNDO HIJO ADQUIRIÓ PLUMAS, PERO, AUN ASÍ, TODAVÍA NO LLENABAN LA HABITACIÓN.
»POR SU PARTE, EL HIJO PEQUEÑO COMPRÓ DOS COSAS QUE CONSIGUIERON LLENAR EL GRAN SALÓN. ASÍ FUE COMO SE HIZO CON LA FORTUNA DE SU PADRE.
»¿Qué dos cosas pudo comprar el tercer hijo?
»Ahora, para acabar mi telescopio, debo conseguir unas lentes. Peppo, ¿crees que podría pedirle al profesor que me prestase unas?
—¿Le has explicado el motivo?
Ada se encogió de hombros y dijo:
—No sé si puedo confiarle algo así…
—Por lo que me has contado, hasta la fecha no te ha cortado las alas, sino todo lo contrario.
La pequeña asintió en silencio. No había conseguido avanzar en la resolución del enigma de Sofía por sí misma, así que tampoco perdía nada haciendo caso al consejo de Peppo.
Y eso hizo. El científico aportaría algo de luz a su búsqueda.