Capítulo 36
Sorcerer y Lazaro descienden por la vía de servicio, una sucesión de curvas cerradas que Jack recuerda.
Atraviesan un paisaje desolado que se ha hundido aún más en la tierra.
Por encima de una loma baja similar al hombro de un gigante enterrado, brilla la infernal luz radiante que sale de la Garganta.
Espera a oír los cinco tonos de Encuentros en la tercera fase , que tienen algo de bienvenida, pero también de amenaza. No suenan.
Aquí y allá, rocas veteadas de óxido de hierro rojo y sílex de color blanco hueso sobresalen como dientes cariados.
La pendiente es más pronunciada que la otra vez, y las rocas son redondeadas como consecuencia de una erosión mucho más rápida que la que preveía la naturaleza por la constante atracción de la Garganta, una atracción que ahora se ha invertido.
La última vez que estuvo aquí, no vio la grieta abierta en la tierra hasta que dejó atrás la Torre del Diablo, pero ahora la mesa ha desaparecido y distingue la abertura con toda claridad.
Se extiende hacia el noroeste en un largo y ancho zigzag.
En la otra dirección no ha avanzado tanto, posiblemente porque algo se lo ha impedido.
Podría haber sido El Grande Plasum ; podría haber sido incluso la proximidad del ka-tet.
Los dos camiones, muy cerca uno del otro, avanzan en medio de una polvareda.
Jack oye a Mary bajar de marcha cuando la fuerza de empuje de la Garganta aumenta.
Él hace lo mismo. Las agujas de los indicadores del salpicadero se agitan sin control, debido quizá a la radiación procedente de las Tierras Arrasadas, quizá a la fuerza procedente del clune-dela.
No obstante, Jack percibe que El Grande Plasum intensifica su propia fuerza.
Sabe que ahora no podría saltar al lado de Estados Unidos aunque quisiera.
El Plasum lo quiere aquí. Eso mismo quiere Jack. Aquí es donde las cosas terminan.
Ve recortarse unas siluetas contra el resplandor de la hendidura en el terreno y sabe que son pelirrojos.
La guardia final. Cuando ellos, los del lado de Estados Unidos, se aproximan, empiezan a rebotar saetas de ba en el parabrisas.
Alguien dispara un arma de fuego; otro lanza un misil Dragonfire, que estalla justo delante de Lazaro.
Jack teme que haya alcanzado a Mary, pero enseguida ve salir el camión de la nube de polvo que ha levantado el misil.
Mary ha encendido el limpiaparabrisas para quitar el polvo.
La vía de servicio se bifurca en dos. Jack hace señas con la mano por la ventanilla: izquierda, izquierda, izquierda.
Eso es alejarse de la Garganta, pero ella lo sigue sin vacilar; él es el dinh .
Una bala hace añicos el cristal de la ventanilla derecha de Sorcerer y Jack siente una punzada en la nuca.
Si no hubiese estado inclinado hacia delante, agarrado a la palanca de dirección, la bala le habría dado en la cabeza.
Sorcerer se sacude y balancea en el irregular terreno, ahora con la Garganta a la derecha.
La fuerza empuja a Jack hacia la puerta del conductor.
Más saetas repiquetean contra la cabina y la carrocería del camión.
Las balas rebotan en el capó y la puerta del lado del acompañante.
Lazaro sigue justo detrás de él; ve el rostro de Mary, un óvalo blanco detrás del parabrisas polvoriento.
Jack percibe su determinación. Está pensando en él.
La fuerza se intensifica. Solo el gran peso de los camiones impide que vuelquen.
Se acuerda de Alice, la Señora de los Platos.
George.
Peonza.
Jory.
Richard, el vagabundo que salió de las tierras baldías y a las tierras baldías ha regresado.
Se acuerda de Pay, con su diadema en forma de flecha en la cabeza.
Piensa en Mary.
Y en Sophie.
Siempre en Sophie.
( ¡AHORA! ¡AHORA! ¡VEN A MÍ AHORA!)
El grito del Talismán: presente al final de su viaje de infancia y ahora en este. Se dirige a la cosa gris que parece un baúl y de ahí sale amplificado y arremete contra la fuerza de empuje de la Garganta. Oye a Mary
( ahí viene Jack oh Dios oh Gan qué hermoso )
hablarle en voz alta en su cabeza. Y lo ve solo por un momento en el cielo, con todos esos colores del arcoíris, el Talismán que lleva tanto años esperando
( ka )
para cerrar el círculo. Porque la rueda gira, te consta, y siempre vuelve al punto donde empezó.
2
Jack da un brusco palancazo en dirección contraria y Sorcerer traza un semicírculo.
Ahora el clune-dela queda a la izquierda.
Los pelirrojos disparan contra el Talismán, que ha aparecido sobre la Garganta como en otro tiempo apareció en el Salón de Baile de los Territorios del hotel Agincourt.
Flota ahí, a treinta metros de altura, como un extraño satélite, inmune tanto a la atracción de la Garganta como a su deflexión.
¿De dónde ha salido? Jack piensa que los ha acompañado desde el principio, aguardando la ocasión.
Aguardando a ser emplazado por la unificación de El Grande Plasum.
Danza de uno a otro lado para esquivar las saetas y las balas, y Jack piensa con consternación en lo frágil que es.
Cuando desenfunda el lanzallamas de la agarradera, una certera saeta entra por la ventanilla y le traspasa la mano.
Se la arranca sin notarlo siquiera, reduce a primera, apunta el ARC por la ventanilla y aprieta el gatillo.
Brota el fuego, un poco ladeado por la fuerza de empuje, pero ya contaba con eso.
Una llamarada de diez metros fríe a una docena de defensores pelirrojos, y los ve arder como antorchas incluso a través del potente resplandor surgido de la herida abierta en la tierra.
En lugar de seguir disparando contra el resplandeciente ovni irisado, los supervivientes vuelven a abrir fuego contra él y Lazaro.
Oye que, a su espalda, Mary dispara la Glock, y ve volar hacia atrás y caer al abismo a otros dos elementos de la guardia pretoriana.
( YA HAZLO YA )
Su grito resuena amplificado a un volumen ensordecedor por el Talismán y la caja gris que es su cargamento.
El grito retumba en la cabeza de Mary. En algún lugar, no muy lejos, un bilibrambo errante detiene su lento caminar, se yergue sobre las patas traseras y se vuelve hacia la fuerza de empuje, que de pronto se invierte de nuevo.
Se oye otra voz, esta rebosante de odio y malevolencia.
( ¡PUES VENID A MÍ MISERABLES ENTROMETIDOS! )
Lo que sea que habita en la Garganta ha decidido que, si debe morir, no se irá solo.
He vivido en el lado de Estados Unidos y he vivido en los Territorios , piensa Jack. Ha sido una vida llena de prodigios. Ha llegado el momento de abrir la mano y dejar que emprenda el vuelo.
El lanzallamas suelta un chorro más de color naranja amarillento y se apaga.
Jack lo tira por la ventanilla. Continúa el golpeteo de las saetas contra el parabrisas cuando desplaza la palanca totalmente a la izquierda.
A la vez que sube de marcha y pisa el acelerador en dirección al resplandor de la Garganta, encuentra un momento para dirigir una seña a Mary a través de la ventanilla de su lado.
Ella le devuelve la seña.
El Talismán, con su intenso fulgor, se abate en la Garganta e ilumina su oscuridad. Los pocos pelirrojos que quedan se alejan atemorizados.
Jack y Mary se precipitan al vacío y al misterio.
La carga se ha entregado.
3
El resplandor se extingue de inmediato. Los pelirrojos del clune-dela supervivientes se miran con la expresión de aturdimiento propia de hombres y mujeres al despertar de un sueño profundo y una espantosa pesadilla.
Varios se dan media vuelta y se arrojan a la hendidura negra abierta en la tierra, precipitándose detrás de Sorcerer y Lazaro y el Talismán.
Dos de ellos, un chico y una chica, se cogen de la mano.
Estos, ecos de Charles Starkweather y Caril Ann Fugate, de Roy Kinneston y Tara Lynne Speckhoffer, se dan un beso y saltan juntos.
Los otros se alejan, quizá para morir de envenenamiento por radiación en las Tierras Arrasadas, quizá para buscar el camino de regreso a las comunidades de los vivos.
¿Se arrepienten? No es probable; el arrepentimiento depende de la memoria.
Algunos de ellos serán acogidos, en su mayor parte por los mannis, cuyo dogma fundamental es el perdón.
Otros muchos serán ahorcados mientras declaran que no entienden por qué se los ejecuta.
En lo alto, los plunjas vuelan en círculo, atentos al festín de carroña que les espera abajo.
Surge de la tierra un lamento grave. Un alud de rocas, polvo y tierra cae en la Garganta.
Los bordes se desmoronan hacia las profundidades al mismo tiempo que las paredes empiezan a desplazarse, muy despacio, para unirse.
Pasará mucho tiempo —podría decirse dela — antes de que se cierre por completo y solo quede una cicatriz en la tierra, pero la fuerza maléfica que allí moraba ha sido engullida por el nodo de inteligencia artificial generativa que Jack Sawyer y Mary Klee han entregado.
Ese ente —IA autocreada— fue dividido en dos por sus creadores cuando tomaron conciencia de que devenía en un dios.
El ente que el NIAG invocó —el Talismán— era algo inalcanzable incluso para la tecnología del Pueblo Antiguo.
El hecho de que la fuerza presente en la Garganta —tal vez la esencia del Rey Carmesí, resuelto a traer Discordia, o tal vez no— haya destruido también al NIAG quizá sea bueno.
En último extremo, pese a sus mejores intenciones ( ¿Y si son buenas?
, preguntó Mary), el NIAG , también conocido como El Grande Plasum , habría sido igual de peligroso y proclive a engullir el mundo que el clune-dela.
¿Lo entendéis?