Capítulo 35 #2
El lanzallamas cabe bien en el petate que era una bolsa Yeti cuando Jack la llenó de Coca-Cola en Nebraska.
Y la Coca-Cola se convirtió en algo llamado Cooa-Cooa Ori Tay.
Un nombre distinto, el mismo sabor. Gemelas.
Se cuelga el petate al hombro. Dentro, el lanzallamas le golpetea el costado.
¡Su repentina aparición ha sido muy oportuna!
¿Ka o pura casualidad? ¿Es en vivo o es en Memorex?
¿Tiene alguna importancia a estas alturas del partido?
Estamos en el tiempo de descuento , piensa Jack.
Cuando regresa con Mary, ella señala hacia el cielo.
Una columna de luz se alza en la oscuridad, y una imagen resplandeciente de la Garganta se dibuja en las nubes bajas como una fotografía.
Zigzaguea desde el horizonte de poniente hasta el este, y la imagen parece ondularse con el movimiento de las nubes.
—He ahí lo que hemos venido a buscar —dice ella.
—Sí.
—Aquello por lo que hemos vadeado un río de mierda.
—Sí.
—Por lo que han muerto cinco de nosotros.
—Sí.
—¿Cuánto falta para llegar?
—Tres kilómetros. Quizá menos.
Mary tiene las mejillas enrojecidas y gotas de sudor en la frente. Jack le coge la mano. La tiene caliente. No, muy caliente.
—¿Cuánta fiebre tengo, Jack?
—Estás fresca como una lechuga.
Ella sonríe.
—¿Sabes qué decía Pay? Decía: «Eso es una patraña a la altura del más puro rayo supremo».
Se merece la verdad, o al menos en la medida de lo posible.
—No mucha. Para ser una infección y estar ya tan avanzada…
—Señala hacia las Tierras Arrasadas, donde el paisaje emite un ligero fulgor.
Ella, sin pedir más explicaciones, se limita a asentir.
Jack piensa que, si ahora verificase el símbolo de uno de los trajes antirradiación, estaría en rojo.
El veneno está cociéndose en los huesos y los pulmones y los tejidos blandos.
—No me gusta nada esta fuerza de empuje —dice Mary, quejumbrosa—. Es como la gravedad a la inversa.
—Una buena manera de expresarlo. —Perfecta, en realidad.
Los empuja hacia atrás, alejándolos de la Garganta.
Y aquí todavía es débil. Mira más adelante y ve el lugar donde antes se alzaba la Torre del Diablo: otro eco.
Tanto eco empieza ya a aburrirlos, pero Mary y él no pasarán mucho más tiempo en la cámara de resonancia.
—¿Sabes qué hacer ahora? —pregunta Mary.
Jack no contesta, pero la idea se le ha ocurrido mientras daba sepultura a Ryall. Quizá la única idea.
—Sí lo sabes, ¿verdad? Tú tienes tu intuición; yo tengo unos ojos de más.
—Me da miedo probarlo, pero tienes que conducir ese camión. Eres la única que queda.
Los dos entienden que no hay otra opción. Ninguno de los dos sabe qué ocurrirá.
—Esas cosas grises también son gemelas —dice Mary—. ¿Te acuerdas de cuando las sacamos de aquel hoyo en lo más hondo de ese Proyecto Arrowhead dejado de la mano de Dios? Pensé que parecían inocuas, como baúles.
—Yo por un momento creí que eran una sola —dice él.
—¿Es así?
—Una ilusión óptica. —Pero ¿y si no lo fuera? ¿Y si fueran de naturaleza única…, como él?
Jack toma conciencia de algo que seguramente solo parece interesante porque es tarde y ha oscurecido y está muerto de miedo.
No es intuición, sino deducción. Desde el episodio del Fuerte 19, han hablado de su carga en continuo crecimiento como El Grande Plasums , pero, como niño californiano con un conocimiento funcional del español que es, sabe que eso no es correcto.
Porque «el» es singular. El plural es «los».
Dice a Mary en español:
— ¿Cómo te sientes?
Ella responde en el acto, también en español:
— No muy bien. —Tras una pausa, añade—: Me siento como una mierda.
—Así de mal, ¿eh?
—Peor.
Jack señala con dos dedos, uno hacia Sorcerer y el otro hacia Lazaro, y, todavía en español, pregunta:
— ¿Crees que son dos?
— No sé —contesta ella .
— ¿Hablas español?
—¿Que si hablo español? ¿Estás loco?
—Es probable. Et si on parlait français, ma belle?
—¿De qué hablas? ¿Te has vuelto loco?
—Es probable.
Eso se debe a que sumergió el brazo en El Grande Plasum. Ella no se da cuenta a causa de la fiebre y el dolor. ¿Qué otros efectos puede tener? Lo averiguarán.
Mary sonríe. Es casi una mueca, pero él reconoce la diferencia.
—Hemos recorrido un largo camino juntos, Jack Sawyer. ¿A que sí?
—Sí.
Se miran bajo la siniestra luz de la Garganta, cuya imagen especular —su gemela — se refleja en las nubes. Por fin, Mary dice:
—Pero esto es el final.
—No tiene por qué…
—Ya es tarde, Jack.
—Vale, es probable, sí.
—Yo de verdad era capaz de ver. Al menos hasta que el alcohol me convirtió en una farsante. ¿Me crees?
—Sí. —Jack ha visto su don en acción, y llegó a ella de manera natural, sin necesidad de Talismán.
—Así que quiero decirte una cosa, y quiero…
, no, necesito que prestes atención. Decimos que ka es una rueda.
Todos lo decimos. Está a la altura de «buenos días» y «cómo va» en el lado de Estados Unidos.
Y es correcto, pero a la vez no, porque una rueda solo puede girar.
No puede cambiar, Jack. Solo las personas cambian.
—Supongo que así es. —A Jack le parece evidente, pero es demasiado educado para decirlo, en especial cuando ella está gravemente herida y tiene fiebre debido a la infección. Por la forma en que ella lo mira, cabe pensar que se trata de algo muy importante. Al menos para ella.
—Tú recuérdalo.
—Vale.
—Si es que puedes, claro.
—Eso no lo entiendo.
—Da igual. Ahora manos a la obra.
No hacen falta explicaciones; los dos saben a qué se refiere. Jack estaba de cuclillas. Ahora se yergue.
—Va a dolerte.
—¿Te crees que soy tonta? Ya sé que va a dolerme.
Jack cae en la cuenta de que en otro tiempo él sí pensaba que era tonta. Son muchas las cosas sobre las que se equivocaba.
—Prepárate, ma belle .
Jack la levanta en brazos. Ella emite un sonido demasiado débil para considerarlo un grito. Su rostro es una máscara pálida bajo la luz reflejada desde más allá de los montes.
—Jack, me pinchan y no sangro.
Richard lanza un grito de alarma casi humano y se apresura a bajar de la cabina.
Los sigue a la parte de atrás del camión.
Como Jack tiene los brazos ocupados porque carga con Mary, es ella quien aparta la lona del vehículo.
El Grande Plasum parece, más que nunca, una enorme hogaza de pan gris sin cocer, y Jack percibe su lento palpitar.
—¿Estás segura, Mary?
—No hay otra opción si esperas que conduzca a Lazaro aunque sean solo tres kilómetros. Al amanecer habré perdido el conocimiento y mañana al mediodía seguramente estaré muerta.
El desenlace más probable, sospecha Jack, es que esa gran masa gris formada de Dios sabe qué la mate mucho antes de que ella tenga ocasión de sentarse tras la palanca de dirección de Lazaro.
La cosa gris la ahogará y lo último que Jack verá de ella será su mirada de asombro segundos antes de sumergirse como una mujer engullida por arenas movedizas.
El segundo desenlace más probable es que no ocurra nada.
La deposita encima.
El Grande Plasum se vuelve rosa.
4
Brilla mucho más que cuando él apoyó las manos en su superficie.
Es un rosa vivo. Un rosa como la piel de una Barbie.
Primero perfila el contorno de su cuerpo; luego se propaga hasta iluminar toda la zona de carga del camión con una luz potente pero a la vez, en cierto modo, delicada.
Ve cometas refulgentes de color amarillo y naranja desplazarse velozmente bajo la superficie y experimenta una oleada dentro de la cabeza, algo así como una sensación de compresión .
El último guardián del Talismán echó abajo a golpes una puerta en el hotel negro para llegar hasta él, y esto viene a ser como aquellos golpes.
Había cruzado el comedor mientras el Talismán lo llamaba: ¡ven a mí! ¡jason, ven a mí! Sostenía la púa que Speedy Parker le había dado como amuleto de la suerte, o sigul. Desde luego, no más que eso…, o así lo creía él.
¡a mí! ¡ven a mí!
El último guardián, un affrit que llevaba la armadura de un caballero desaparecido hacía mucho tiempo, se había abierto paso hasta salir del bar Garza, diciendo: Muchachito, el tiempo se te ha acabado.
Se abalanzó hacia él como un robot asesino, y el suelo temblaba a cada paso que daba con los pies calzados.
Tantos estímulos, tantos recuerdos que se habían perdido y ahora reaparecen. Lo ve todo: cada mancha de herrumbre en la cota de malla del caballero muerto, su guantelete de púas, que se llevó al yelmo para levantar la visera y mostrar a ese niño atemorizado cuya única arma era una púa de guitarra…
—Nada —susurra—. No tenía cabeza. ¡El caballero no tenía cabeza!
—Jack, ¿de qué hab…?
El rugido de aquella gran máquina ahogó por un momento la voz de Mary.
¿Le había dicho Speedy Parker que utilizase la púa de guitarra contra el caballero o había sido el Talismán?
¿Tenía alguna importancia? Hincó la púa de guitarra en el rostro inexistente que acechaba desde el yelmo y, en ese instante, vio en la superficie de la púa la cara de Laura DeLoessian, la Reina de Mundo Medio.
Y la cara de su madre.
Cuando la púa de guitarra impactó, el rostro del guardián apareció: arrugado y antiquísimo. Se le apagaron los ojos rojos y la armadura que llevaba se cayó a pedazos.
—Maté al guardián —susurra—. El último guardián.
Mary no contesta. Tiene los ojos cerrados.
Jack ve — ahora ve— todas las astillas de la escalera por la que trepó hasta donde
( ¡JASON! ¡A MÍ! )
el Talismán esperaba. Oye no una voz, sino mil, acaso un millón. Cantan, cantan.
Luchó con los caballeros y trepó
( al salón de baile )
por la escalera. Porque era en el salón de baile donde estaba.