Capítulo 33 #4
—¿Gusanos de la madera ? Nunca había oído hablar de eso.
Jack le dirige una sonrisa cansina. Después del paso sobre el Puente 775, es lo máximo que puede permitirse.
—Yo no hago las noticias, solo informo.
Ry señala hacia el norte, en dirección a las Tierras Arrasadas.
—Las cosas raras…, gusanos en los árboles y demás…, vienen de allí, ¿no?
—Eso creo.
—¿Por la radiación?
—Probablemente. —Jack exhala un suspiro—.
El socio de mi padre reabrió las minas de esa parte de Mundo Medio.
Con eso, una zona de los Territorios que ya era mala se volvió aún peor.
En mi mundo, ese hombre se llamaba Morgan Sloat.
El padre de Richard. Su equivalente en Mundo Medio era Morgan de Orris.
Orris se encuentra en las Avanzadas, cerca de las Tierras Arrasadas.
—Morgan Sloat, Morgan de Orris —dice Ry—. Más ecos. Más gemelos.
—Sí —confirma Jack. Se plantea contar a Ry su visión de los caballeros que custodiaban el Talismán, pero se abstiene.
Puede imaginar la expresión de incredulidad de Ry si le contara que derrotó a los caballeros (caballeros muertos ) con una púa de guitarra que le había dado un viejo guitarrista negro.
—Tienes a tus espaldas una larga historia.
—Más larga de lo que yo querría. —¿Eso es verdad? ¿Cambiaría sus experiencias por una vida más corriente? ¿La vida, por ejemplo, de un detective del Departamento de Policía de Los Ángeles? No lo sabe.
—Algún día deberías contárnoslo —dice Ry—. El relato al calor de una fogata de las aventuras de Jack Sawyer en Mundo Medio.
—Quizá lo haga. —Puede que tenga que hacerlo. Al menos en la medida de lo posible antes de que la memoria se le quede en blanco.
—Ya hago yo el primer turno. Te despertaré dentro de unas horas.
—¿Seguro?
—Ea. Ya decidirás tú si quieres despertar o no a nuestro Muhammad Ali con tetas para las últimas horas antes del amanecer.
—Te ha sacudido una buena, ¿eh?
Ry se toca con el dedo el labio inferior hinchado.
—Dices verdad.
—A mí me hizo lo mismo. —Jack se da palmadas en el pecho—. Y eso después de salvarle el pellejo.
—Aún recuerdo cuando esa mujer parecía una mosquita muerta.
—Y yo. Se te ve cansado, Ry.
Eso es quedarse corto. Por cada año que El Grande Plasum le quitó a Mary Klee, parece haber añadido uno a Ryall Connors.
—Tampoco es que tú estés como el puto Harrison Ford, oh, gran dinh .
—En el lado de Estados Unidos, Ford parece más viejo que yo.
—Pero ¿aún vive?
—Sí. Y, si no dejas ya ese rollo de gran dinh , te llevarás otro puñetazo en la boca.
—Con ella no estaba preparado. Contigo sí lo estaré.
—O no.
Ry no le presta atención a eso; sigue pensando en Mary.
—Ha cambiado. Y mucho, quiero decir.
—Todos hemos cambiado.
—¿Eso es por efecto de las cosas grises? ¿El Grandes?
Jack se encoge de hombros.
—Venga —dice Ry—. Vete a dormir un rato. —Y, en cuanto Jack se baja del vehículo, añade—: Oh, gran dinh .
Jack le hace una peineta; después coge sus mantas y se reúne con Mary. Ella dice:
—Cuando la Vieja Madre ha asomado por encima de ese primer monte —señala con el dedo—, le he pedido un deseo.
—¿Qué deseo?
—Que esto acabe bien.
—Según tú, Mary, ¿en qué consiste que esto acabe bien?
—En echar El Grande Plasums a la Garganta, claro.
—¿Y cerrarla?
Mary se encoge de hombros.
—Nuestro trabajo…, nuestra misión , habría dicho Larry…, es llevarlas hasta allí y echarlas dentro. Lo que ocurra después ya no está en nuestras manos. Ya conoces el dicho de aquí, ¿no? Será agua…
—Si Dios quiere —concluye él.
—Dices verdad, digo gracias.
—¿Qué buscabas esta mañana, Mary? Y no me salgas con el cuento de que solo buscabas ropa limpia y una ducha.
—Háblame de la Reina de las Sombras —contraataca ella.
—Quizá en otro momento.
—Sabía que dirías eso y yo te diré en otro momento qué buscaba.
—Dime solo si lo has encontrado.
—Duérmete, Jack. —Mary le vuelve la espalda y él apenas oye lo que dice a continuación—: Sí. Lo he encontrado.
9
Jack está cansado. Aun así, tarda mucho en vencerlo el sueño.
Tendido de espaldas, observa la Vieja Madre surcar el cielo.
También ve un rápido punto de luz que probablemente sea un satélite terrestre, puesto en el espacio por North Central Positronics o tal vez por esos Antiguos legendarios de los que hablan largo y tendido los ancianos de Dezi.
Su sistema electrónico habrá fallado hace mucho tiempo y, sin embargo, sigue dando vueltas y vueltas, alojado en un punto cósmico propicio donde puede orbitar durante mil años. O diez mil.
Supone que lo mantiene en vela lo que Mary ha dicho: «Háblame de la Reina de las Sombras».
Así la llamaba la gente en Dezi, pero para Jack era solo Sophie, su buena esposa.
Laura DeLoessian era la verdadera reina y el gemelo de Jack era su hijo muerto, Jason.
Aquel por quien jura la gente de los Territorios.
Jack Sawyer es de naturaleza única, pero la gemela de la Reina Laura en el lado de Estados Unidos era Lily, su madre.
Eso lo sabe. Tenía cáncer: la gran C. Intentó ocultárselo —demonios, incluso él intentó ocultárselo a sí mismo—, pero Jack lo sabía.
Ella era la persona a quien más quería, su corazón.
Speedy Parker animó a Jack a emprender viaje por el camino de las tribulaciones, pero él fue por Lily Cavanaugh, la Reina de la Serie B.
Terminó en otro sitio , piensa a la vez que empieza a entrarle el sueño. En un sitio que era el gemelo —y el eco— del hotel Jardines de la Alhambra de New Hampshire.
Mientras flota en esa zona crepuscular previa al sueño, recuerda el nombre del sitio donde terminaba su camino de las tribulaciones, suyo y de Richard.
Era el Agincourt, en Point Venuti. Allí es donde luchó contra los caballeros. Allí es donde estaba el salón de baile.
Lo demás permanece ahí, en su mente, a la espera. Jack lo sabe, pero no hay prisa. Debe esperar, porque está todo vinculado a El Grande Plasums.
La Vieja Madre desaparece detrás del monte más cercano. Jack por fin se adormece. En lo alto de Francesca ve el guiño intermitente del pitillo que fuma Ry.
Cuando se duerme, sueña con Sophie. Lo cual está bien, hasta que Ry lo despierta con una sacudida para su turno de guardia.
Aunque también tiene su lado malo, porque soñar con ella es lo único que le queda y los sueños no duran.
La Reina de las Sombras es ahora una esposa en las sombras.
Judy Marshall, la gemela de Sophie, sigue viva y goza de buena salud en French Landing, Wisconsin.
Si hubiese muerto, seguramente Dale Gilbertson lo habría informado, porque Dale seguía el rastro a la mayoría de las personas de la ciudad por medio del La Riviere Herald , el periódico de cotilleo de Landing.
El marido de Judy todavía vive: Fred, robusto y poco imaginativo.
También el hijo de Judy: Tyler, con su excepcional talento.
Gracias a Jack Sawyer, Judy tiene su vida.
La señora (nunca señorita) Judith Marshall de French Landing, en Wisconsin, tiene a su hombre y a su hijo.
Tiene sus recados de ciudad pequeña de los que ocuparse, su club de lectura de ciudad pequeña al que asistir (donde comentarán la última novela de Dan Brown o de Freida McFadden), su politiqueo de ciudad pequeña en el que participar.
Tiene el cielo del lado de Estados Unidos que contemplar y el aire del lado de Estados Unidos que respirar.
Podría sentir envidia —sentimiento sin duda primo hermano del odio— por la vida de la que él se ha visto exiliado, pero nunca lo ha hecho y desde luego no va a hacerlo ahora.
El odio es un lastre y el tiempo es limitado.