Otros mundos (El Talismán 3) Capítulo 32 #5
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Capítulo 32 #5

Jack cree que a ese respecto Ryall tiene razón.

El problema es que cree que Mary también podría tenerla.

Lo único que sabe con certeza es que la voz de la masa intenta penetrar en su amnesia acerca del final de su viaje de la infancia.

No sabe por qué, pero ha empezado a sentir cierta desesperación.

—Creo… —Mary se interrumpe. Tuerce el gesto. Jack piensa que, a pesar del plasum , le duele mucho—. Creo que sai Hestin quería que lo consiguiéramos. Sabía que algunos moriríamos, solo eso. Quizá todos nosotros excepto tú, Jack.

Este mueve la cabeza en un gesto de negación.

—Eso ni siquiera lo pienses y menos aún lo digas. Yo no soy el puto Roland de Gilead.

—¿Y el personaje de la película? —pregunta Ry—. ¿No sobrevive él?

A esto Jack no contesta.

—¿Cumplirán su función esas masas grises? ¿Tú que crees? —pregunta Mary—. Si llegamos hasta allí, ¿realmente impedirán que eso siga creciendo?

—Más vale —dice Ry con un gruñido—. Después de todas estas muertes…, después de lo de Alice…, más vale. ¿Tú qué dices, grandullón? ¿Tú qué dices, oh, gran dinh ?

Jack desearía alimentar sus esperanzas y darles un motivo para seguir adelante, pero, después de todo por lo que han pasado, merecen la verdad, no una sarta de palabrería vacía. Así que dice:

—No lo sé. Intentad dormir un rato, porque nos pondremos en marcha por la mañana. Tenemos que acabar con esto lo antes posible.

—Pues sea —responde Ry.

8

Ni Ry ni Mary quieren saber nada de las habitaciones situadas en la parte más profunda del fuerte, con o sin fantasmas.

Instalan sus sacos en la cocina. Con esas quemaduras —las de Ry no son peores que las de una insolación; las de Mary son más graves—, Jack duda que consigan dormir mucho.

Tampoco él espera dormir mucho y decide pasar la noche en el parque móvil.

Coge unas mantas de la parte trasera de Francesca, se envuelve y fija la mirada en la oscuridad para tratar de reproducir mentalmente su primer viaje desde el Fuerte 19 hasta la Garganta. Para intentar recordar los diversos obstáculos con los que se tropezó en el camino.

La cabeza le salta de eso a un libro que leyó en la universidad, en la época en que aún recordaba sus aventuras de infancia en los Territorios. Esa claridad terminó al resultar herido de bala.

El libro se titulaba El héroe de las mil caras , de Joseph Campbell.

Jack nunca se consideró un héroe; excepto en los relatos de aventuras, pocos niños podrían considerarse heroicos.

Los niños rara vez actúan ; son objeto de los actos de los demás.

A los doce años, ese era el caso de Jack, pero, en otros sentidos, todo parecía encajar: el viaje, la búsqueda, las tentaciones, el abismo (que describían a la perfección tanto el bar Oatley como el Hogar del Sol), la victoria final.

¿ Hubo una victoria? ¿Fueron derrotadas la gran P y la gran C? Debió de ser así; su madre vivió durante años después de esas vacaciones

( exilio )

en New Hampshire.

Ahora ha emprendido otro viaje —un eco de aquel primero—y tampoco ahora se siente como un héroe, sino como un instrumento.

Un instrumento de Hestin. Mary ha dicho: «Creo que quería que lo consiguiéramos», pero ¿cuánta fe puede depositar en las conclusiones de una vidente fracasada que tiene problemas con el alcohol?

Eso no sería precognición; sería una esperanza ciega.

Mientras piensa esto, Jack se duerme.

9

Esa noche se despierta al cabo de un rato, sin saber si ha dormido mucho o poco.

Se incorpora y tiende la mano hacia la Glock, de nuevo enfundada en la agarradera de estiba.

Aguza el oído para detectar qué lo ha despertado, pero no hay nada.

Nada en absoluto. De pronto, cae en la cuenta de que no lo ha despertado un ruido, sino la ausencia de ruido. Las voces de las masas han cesado.

Una sombra se desplaza, se acerca. Jack medio desenfunda la Glock antes de ver el brillo de un par de ojos. Richard apoya las patas en la pierna de Jack.

A continuación, desde el otro extremo de la cochera, llega una sola palabra: su nombre. Es Mary.

Ve corridos los laterales de lona de Lazaro.

Ella está de pie en la parte trasera del camión.

Cuando Jack se levanta, se activan con un parpadeo varias de las luces con sensores de movimiento de la cochera, y bajo su resplandor ve dos cosas.

La masa gris ha crecido hasta llenar toda la plataforma del camión.

El contenedor y las provisiones y la artilla que han traído de Dezi han sido engullidos.

La masa es ahora un charco y esta vez no solo ha atrapado la mano de Mary. Le ha atrapado todo el brazo.

—Creo que estoy bien. —Mary habla con una voz extrañamente serena.

Ry sale de la cocina con la cabeza gacha y la camisa desabrochada, dejando a la vista el vello entrecano del pecho. Empuña una pistola de rayos con la mano derecha y el AR-15 con la izquierda.

—Estaba medio dormido y las voces me han despertado —dice. Sacude la cabeza como para despejarse—. Es decir, el silencio de las voces me ha despertado. Mary no estaba y… —La ve—. ¡Por Dios!

—Calla —dice Jack.

—No hay necesidad de callar —responde Mary—. Están totalmente despiertas.