Capítulo 32 #3
Los pensamientos acuden en los momentos más inoportunos.
Para su propia sorpresa, Jack recuerda la canción «Werewolves of London», de Warren Zevon, y solo logra ahogar una risa de loco golpeándose la frente contra la rampa de acero que baja hacia la cochera.
No está dispuesto a reírse, ni siquiera en un arrebato de histeria, mientras Alice de Dezi yace con las piernas a la sombra y el cuerpo decapitado al sol.
Más garla en susurros. Después, por encima del lado izquierdo de la rampa, asoma una cara sonriente. Es hermosa pese a su piel animal, su hocico y sus ojos de un azul verdoso. Es Lena. En la cabeza y el hocico tiene el pelo apelmazado por el tinte de bayas de ave.
—¡Cucutrás, Jacky! ¡Cucut…!
Jack desenfunda la Glock de Maeve de la agarradera, rápido como una exhalación, y descerraja un tiro. Ella retrocede con una velocidad animal —¿qué, si no?—, pero no antes de que Jack alcance a ver un salpicón de sangre brotar de un lado de su cabeza. Lena grita de dolor y rabia.
— ¡Pagarás por esto! ¡Los lobos te haremos pagar AUUU !
Ryall empieza a levantarse. Jacky y Mary tiran de él para obligarlo a seguir tumbado.
Otro trazo de luz, otro misil que pasa zumbando por encima de ellos.
Arranca otro trozo de pared lateral. Los proyectiles que disparan, sean lo que sean, no tienen la potencia de los Dragonfires.
Deben de ser obuses de algún tipo de artillería de campaña, supone Jack.
Si se les ocurre disparar contra el voladizo, caerá sobre nosotros.
Arriba, más susurros. Jack distingue solo una palabra, pero le basta para aterrorizarlo. En la lengua, es gulka . Significa «combustible».
Jack entrega a Mary la Glock.
—Si esa cabrona de cara peluda sale otra vez con su cucutrás, vuélale la puta cabeza. No permitas que Ry haga una tontería y se deje matar. Tengo que volver a bajar.
—Jack, ¿qué…?
—No hay tiempo. Van a intentar quemarnos.
Baja a rastras los tres primeros metros.
En cuanto se halla bajo la protección del voladizo, se levanta y corre hacia Goldie.
El Peonza era un fanático de las armas y, además de la SAW y la calibre cincuenta —las dos demasiado pesadas—, hay algo semejante a un AR-15 de cargador curvo y un lanzamisiles de Dragonfires.
Coge el lanzador, amartilla el mecanismo de cierre y lo carga.
Intenta llevarse otro par de Dragonfires, consciente de que uno o más pueden salir defectuosos, pero le tiemblan las manos y le cuesta manipularlos.
—Dame eso —gruñe Ry desde detrás del hombro derecho de Jack, y le arranca el lanzador de las manos. Si Jack hubiese tenido el dedo en el gatillo, habría disparado contra Lazaro y volado la mitad de su carga.
—¡Ry, espera!
Ry no le presta atención. Corre rampa arriba a la vez que se echa el lanzador al hombro.
Jack lo sigue con otros tres misiles en los brazos y el M2 encajado bajo la cinturilla del pantalón, una imagen que habría resultado cómica en otras circunstancias.
No en estas. Tan pronto como la cabeza de Ry asoma por encima de la pared izquierda que delimita la rampa, desde arriba disparan un par de veces y arrojan una saeta de ba , que no lo alcanza porque resbala en la sangre de Alice.
Ry gira a la izquierda y dispara el misil. Este no falla. De la parte trasera del lanzador brotan humo y fuego en el momento del disparo. Se produce una explosión, seguida de gritos y aullidos y la exclamación agónica lobo-lobo.
Suenan más detonaciones, pero solo unas pocas. Jack supone que no tienen muchas armas de fuego o no saben usarlas. Pero sí se ven más saetas de ba ; vuelan a ambos lados de la cabeza de Ry.
Jack suelta los misiles Dragonfire con la esperanza de que no estallen al golpear la rampa y empuña el M2.
La mujer lobo, Lena, aparece por encima del borde de la rampa.
Ahora se suma al tinte de bayas de ave la sangre que le corre a un lado de la cara semihumana.
Empuña una pistola antigua de cañón largo, lo que en el lado de Estados Unidos se conocería como Buntline Special.
Jack aprieta el gatillo del AR-15. No pasa nada.
Baja la vista y ve que está puesto el seguro.
Lena levanta su revólver antiguo a la vez que contrae el labio superior, dejando a la vista unos dientes parecidos a colmillos.
Jack piensa Mierda y cae en la cuenta de que ese va a ser su último pensamiento.
Pero, antes de que Lena pueda disparar, Mary aparece junto a él.
Se sujeta la muñeca derecha con la mano izquierda y dispara la Glock dos veces.
Lena da un respingo y Jack le ve los ojos en blanco.
Se inclina hacia delante, se precipita sobre la rampa e intenta levantarse pese al hecho de que ha perdido casi media cabeza.
Ry la derriba de una patada y le pisa la garganta, indiferente a las saetas que vuelan en torno a él.
Jack lo agarra por el tobillo y, tirando de él, lo derriba. El lanzamisiles cae en la rampa con estrépito. Richard se echa sobre él con las patas delanteras e impide que resbale.
—¿Estás herido? —le pregunta Jack—. ¿Te han dado?
—No. Ni una sola vez.
— ¡Shaaacky! —Otra voz gutural, esta masculina—.
¡Uno de los tuyos, uno de los nuestros! ¡Estamos empatados!
¡Lobo! Ahora os dejamos ir, ¿de acuerdo?
¡Lobo- AUUU ! Se acabó la batalla, ¿de acuerdo?
—¿Podría ser el hermano de Lilith? ¿El único delgado en una familia de gorditos?
La intuición no tiene nada que decir al respecto, pero cuadraría con siniestra perfección.
—¡No me fío de ti! —contesta Jack en voz alta—. ¡Ulrich!
—¿Cómo sabes mi nombre?
Jack no contesta. Sigue sujetando a Ry por un tobillo.
Mary lo tiene agarrado por el otro. Ry tiembla como si descargas eléctricas recorriesen su cuerpo.
El hecho de que Jack no se fíe de Ulrich, el lobo que ha sustituido a Lena, es inapelable, pero necesita tiempo.
Quizá haya otras salidas en el complejo, pero no tiene la menor idea de dónde están ni tiempo para buscarlas.
—¡Maté a tu hermana, Ulrich! ¡Sangró como un cerdo!
La respuesta a esto es un aullido de furia.
Jack oye el tenue ronroneo de un camión.
En el extremo opuesto de la gasolinera había camiones cisterna aparcados, y deduce que lo que oye acercarse es uno de esos.
Su greñudo compañero de viaje temía incluso subirse a un vehículo de motor, pero las mentes de estos lobos ahora forman parte de la colmena.
Es muy fácil imaginar una manguera sobre el borde de la rampa y la gasolina de alto octanaje corriendo por esta pendiente de acero hacia la cochera.
Después…, uno de esos misiles…, o incluso una bengala de emergencia…
—¡Quiero vuestra palabra, Ulrich! —dice Jack a voz en grito—. ¡Vuestra palabra de lobos que han jurado proteger al rebaño!
—¡Ea, tienes nuestra palabra, AUUU ! —La respuesta es demasiado rápida e impaciente; Jack no es el único que pretende ganar tiempo.
Se oyen más susurros de voces roncas. ¿Cuántos hay?
Después de salir del Fuerte 19 con la señora T, Jack vio más o menos una docena en la manada, pero algunos de esos podrían haberse puesto del lado de Seth y oponerse al poder de la mente colmena.
Que es el poder de la Garganta. Es decir, quizá unos ocho.
La única esperanza de Jack es que el resto de los lobos se haya agrupado en torno a Ulrich.
Cree que es lo más probable; es la forma en que los lobos se enfrentan a un enemigo común. Eso lo recuerda de su Lobo.
Coge el lanzamisiles y confía en que no esté demasiado dañado para disparar. Dios y Gan bendigan a Mary Klee, que ya sostiene uno de los Dragonfires que han caído al suelo. Se lo tiende. Jack lo acepta, amartilla el mecanismo de cierre e inserta el misil, esperando que no sea defectuoso.
—Ya sabes mi nombre, soy Jacky. Tú eres Ully.
—¡Ulrich! ¡Lobo!
—Has olvidado la cara de tu padre, Ully. —Ahora el ruido del camión suena más fuerte. Está casi en la rampa. Jack espera verlo, o al menos ver su sombra, pero no puede contar con ello.
—¡Ulrich! ¡ ULRICH ! ¡AUUU! ¡Escupo en mi padre!
¡Escupo en mi madre! —Los demás responden a esta ocurrencia con más risas roncas.
Ahora no es en Warren Zevon en quien Jack piensa, sino en los hombres bestia de H.
G. Wells en La isla del doctor Moreau. Jack los imagina ahí fuera, armados con bas y pistolas viejas oxidadas, vestidos con peto y quizá fumando pitillos de liar.
En espera de que uno de los suyos sitúe el camión de gasolina en su sitio.
—Déjame a mí —dice Ry, e intenta agarrar el lanzador.
—Ca. —Teme que, si entrega el arma a Ry, no dispare al camión, sino a los lobos, y, si falla…, habrán perdido la bola de partido.
Ry tira con más fuerza.
—¡Se lo debo a ella! ¡Esos catetos inmundos!
—Ry, el dinh es él —recuerda Mary—. Haz lo que él diga.
Ry lo suelta de mala gana.
He ahí la sombra del camión. La silueta distorsionada se desliza por la pared de la derecha, lo que indica que se encuentra en el lado izquierdo, de donde proceden los gruñidos.
De pronto, Richard corre rampa arriba, en zigzag, tan agachado que roza la rampa con el pelaje del vientre.
Se oyen gritos de sorpresa y una palabra pronunciada entre dientes que podría significar (o no) throcken .
Mary lanza un alarido de sorpresa y horror cuando una saeta de ba pasa justo por encima del lomo ensangrentado de Richard.
Jack reconoce una maniobra de distracción cuando la ve.
Se yergue, da un paso al frente y ve un camión cisterna verde.
El rótulo del costado herrumbroso no reza exxon ni chevron ; son de nuevo los ideogramas retorcidos.
Sin embargo, la placa lateral es muy clara.
Muestra una llama tachada con una raya roja oblicua.