Otros mundos (El Talismán 3) Capítulo 32
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Capítulo 32

En su undécimo día, ven un largo toldo verde más adelante que refleja el sol como un heliógrafo gigante.

Es exactamente igual que el toldo situado sobre los surtidores de combustible de la parte de atrás del complejo de Arrowhead.

Al verlo, Jack siente desaliento y cansancio, al pensar en un primer momento que la carretera de Bayver es una especie de extraña cinta de Möbius que los ha llevado de regreso al punto de partida.

De pronto aparecerá Ayden Hestin agitando sus brazos animatrónicos y gritará: «¡Ja, ja, os he engañado, gilipollas! ¿Lo pilláis?».

Han sorteado Riven, y eso complace a Jack.

No puede saber con certeza si los pelirrojos han exterminado o no a los bondadosos mannis del clan Dipa y han dejado el pueblo en poder de los wympis que salen de las minas al anochecer.

No, no tiene la certeza…, pero presiente que, casi con toda seguridad, eso es lo que ha ocurrido.

El tet llena los depósitos de los cuatro vehículos: Sorcerer, Lazaro, Goldie, Francesca.

También llenan los bidones, pese a que Jack cree que no necesitarán más combustible.

Aquí, al sur de las Tierras Arrasadas, el terreno será abierto la mayor parte del camino hasta la Garganta.

Con mucha luz para los paneles solares. Ignora qué sucederá cuando lleguen allí.

Ni siquiera se atreve a especular. Le obsesiona la idea de que su ka-tet se ha roto, tal como el de Roland en las leyendas antiguas.

Esto no es lo mismo. Hay ecos, pero también hay coincidencias.

En el fondo de su alma, sabe cuál es la verdad.

—Esperadme.

Avanza hasta el sitio donde el desvío hacia el Fuerte 19 parte de la antigua carretera de Gilead.

El viento ha borrado las huellas del Kia en el que Kinneston y Speckhoffer salieron de algún modo del lado de Estados Unidos y entraron en los Territorios, pero ve el coche a lo lejos, poco más que un punto en cuya luna trasera se refleja el sol.

Recuerda el adhesivo en el parachoques de Rhonda McMeel: Sam Bigotes, con su poblado mostacho rojo y un gran sombrero amarillo, que decía: ¡ atrás !

Jack cree ver movimiento con el rabillo del ojo y desvía la mirada, pero no hay nada; solo matorrales y prominentes formaciones rocosas que el viento ha esculpido.

Le quita importancia pensando que ha sido una vibración del aire provocada por el calor y regresa al lugar donde los demás lo esperan, cerca de la rampa que desciende a la cochera del Fuerte 19.

—Bajaremos —indica Jack—. Hay aparcamiento de sobra.

No es una intuición. Las voces de las masas grises al parecer causan interferencias en su intuición, del mismo modo que el motor eléctrico de una licuadora puede causar estática en una radio.

Sencillamente piensa que le será más fácil cargar nuevas provisiones si aparcan abajo.

Y el fresco ayudará a las unidades de aire acondicionado, con lo que tal vez se ralentice el crecimiento de las masas.

Como se verá, es una decisión excelente.

2

Ry queda encantado con la cocina. No, más bien extasiado.

—¡Fijaos en esta mierda! —exclama mientras contempla los armarios llenos de latas de comida dispuestas en orden.

Los abre de uno en uno hasta que encuentra una pila de bolsas y empieza a llenarlas con las cosas más diversas, desde SpaghettiOs hasta carne en salazón.

Enseña a Jack una gruesa lata repleta de ideogramas que no se parecen a nada que hayan visto antes.

Sin embargo, la imagen es muy reconocible.

—No sé qué dice, Jacky, pero sé lo que hay dentro. ¡Esto es el puto estofado de carne de Dinty Moore!

—Si tú lo dices… —contesta Jack—. Carga esos víveres en Francesca.

—Yo ayudaré —se ofrece Alice.

Cuando Ry y Alice se marchan, Jack pregunta a Mary si ha tenido algún presentimiento de peligro. Para expresarlo, utiliza la palabra en inglés.

—No exactamente —responde ella—, pero este sitio pone la carne de gallina. ¿Eso cuenta?

—Diría que no.

—Ya lo imaginaba. —Sujeta una caja. El texto está en los mismos ideogramas ilegibles, pero la imagen ciertamente recuerda a Jack unas galletas saladas Ritz—. Coge una.

Jack saca una de la funda de papel encerado y da un bocado.

—¿Qué te parece?

—Es una Ritz, o algo muy parecido.

Jack sabe qué va a decir ella a continuación con toda exactitud.

—Todo sabe mejor cuando lo pones en una Ritz.

—Eso lo decía Pay.

—Lo sé. Pero ¿qué tal te sabe?

—Bien. Solo un poco pasada.

—Eso es lo raro —comenta Mary—. Porque solo un poco pasada cuando todo el mundo dice que el Pueblo Antiguo desapareció hace…

¿Cuánto?, ¿miles de años? O sea, los armarios son buenos y herméticos, desde luego, y eso seguro que conserva los alimentos frescos durante un tiempo, pero ¿miles de años?

¿En serio? Estas galletas deberían ser polvo.

¿Y esos camiones que todavía funcionan? ¿Las armas que todavía disparan? Y los misiles; ¿qué me dices de eso?

Jack podría señalar que algunos de los Dragonfires fallan, pero el razonamiento de Mary no va por ahí. Lo que a ella le llama la atención es que gran parte de este material antiguo todavía sirve.

—No creo que el Pueblo Antiguo y el pueblo de North Central Positronics sean lo mismo. —Piensa de nuevo en colores que se corren, pero no sabe cómo expresarlo para que ella lo comprenda. Mejor no complicar las cosas y centrarse en su objetivo—. ¿No presientes nada? O sea, ¿algo malo?

—No. —Ella abre las manos y se mira los ojos tatuados—. Están abiertos en la palma de mis manos, pero cerrados en mi cabeza. ¿Entiendes?

—Creo que sí.

—Es como si me hubiera quedado en blanco desde que ese bulto se me tragó la mano derecha. Por Dios y por Gan, qué raro fue.

—¿Tuviste miedo?

—En ese momento sí. Ahora…, en retrospectiva…, quizá no tanto. ¿Por qué? ¿ Tú presientes algo?

Una arruga de preocupación surca la frente de Mary, pero, cuando Jack sonríe, la arruga se borra.

—Nada de nada. Estamos a salvo. Al menos de momento.

—¿Seguro? —pregunta ella.

—Sí.

Un gran error.

3

Con los vehículos repostados y las provisiones cargadas, Jack los lleva a las habitaciones del personal del Fuerte 19. Está más convencido que nunca de que posiblemente un pueblo nuevo, el pueblo de Positronics, modernizó lo que era un complejo antiquísimo.

—Bien sé que este lugar está hechizado por simis —dice Alice en voz muy baja.

—Los fantasmas se fueron de aquí hace mucho tiempo —asegura Jack—. Me parece que esto es tan viejo como las pirámides en mi mundo. —No añade que, según contaban, recaería una maldición en cualquiera que alterase aquellas tumbas de piedra: mala suerte, enfermedades, la muerte.

Se plantea abrir una puerta en la zona de oficiales para enseñarles un fantasma verdadero: el holograma de la rubia con unos minishorts y una blusa de escote halter tachonada de estrellas.

Pero eso sería mala intención. Pay lo haría , piensa.

¿Y por qué? Porque, en el fondo, el humor es cruel. Seguro que él lo sabía.

Pasan junto al perro momificado (que también debería haber quedado reducido a polvo hace mucho tiempo). En el mismo pasillo, más allá, Jack abre un armario y saca un traje antirradiación.

—Encontraréis uno o dos de estos en cada una de las suites de los oficiales —les explica—.

Nos los pondremos cuando nos acerquemos a la Garganta.

En los salpicaderos de los vehículos hay mascarillas y pequeñas botellas de oxígeno.

Solo tenéis que pedirlas. Algo así como decir «Ábrete, Sésamo».

El Pueblo Antiguo (o Positronics, o Sombra, quien fuera) debía organizar incursiones periódicas en las Tierras Arrasadas, y por eso disponían de todo tipo de protección contra la radiación.

Estos trajes tienen unas pequeñas insignias…

—Ahórrate el tutorial —dice Ry.

A Jack le molesta la interrupción, pero no es Ry el único que lo mira como si hubiese tenido un ataque de estupidez. Las mujeres también lo miran así. Incluso Richard tiene la cabeza ladeada, como si dijera: ¿Tú de qué vas?

—No creo que debamos preocuparnos por la radiación. —Ry habla con una delicadeza desacostumbrada—. Ninguno de nosotros va a salir de esta. Diría que ya lo sabéis.

4

Jack insiste en que cojan cuatro trajes antirradiación: son tan fáciles de llevar como fundas de ropa vacías.

No hay traje para Richard, y el hecho de que Mary no tenga nada que decir al respecto subraya el fatalismo imperante entre los demás.

Pese a lo que Ry ha dicho, Jack no comparte su impresión.

Se dice que eso se debe a que la intuición se le ha adormecido.

Desde luego, no puede ser porque, en la película Carga maldita , Jackie Scanlon fuera el único superviviente.

O porque, en las leyendas antiguas, solo Roland sobrevivía a la muerte de sus compañeros de ka.

¿Es posible?

Esto no es lo mismo , insiste Jack de nuevo. No tiene por qué serlo .

Lamentando dejar tanta comida en la cocina, Ry carga una bolsa más.

Las latas le golpean la pierna mientras cruzan la cochera hacia sus vehículos (con la parte delantera del camión de Jack arrugada además de polvorienta, sin parachoques).

La voz robotizada clama: «¡Seguridad! ¡Seguridad!

». Al entrar, los ha sobresaltado —incluso a Jack, que se había olvidado de ella—, pero ahora no. Ahora es solo una voz más del pasado.

Jack preferiría seguir adelante solo con los camiones en los que transportan los bultos grises, que ahora han desbordado los contenedores y han empezado a expandirse por la parte trasera de los camiones.

De esa manera podrían compartir vehículo: Jack y Mary en Sorcerer (junto con Richard), Alice y Ry en Lazaro.

Pero decide que necesitan al menos uno de los carros artillados, potencia de fuego por si se cruzan con los pelirrojos de aquí a la Garganta.

Le gustaría creer que eso no va a ocurrir, pero no necesita la famosa intuición de Sawyer para saber que probablemente sí ocurra.