Otros mundos (El Talismán 3) Capítulo 31 #4
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Capítulo 31 #4

Larry, con movimientos espasmódicos, se vuelve y tiende la mano hacia la caja de munición entre la SAW y la calibre cincuenta.

De repente, sacude la cabeza, como para despejársela o para negar.

Cruza los brazos ante el pecho y se agarra los hombros, como si se contuviera para evitar que las manos fueran hacia lo que no deben coger.

Tambaleante, retrocede hasta el borde del carro artillado.

Intenta ejecutar uno de sus giros y se cae de la plataforma del vehículo.

Choca contra el asfalto, y todos oyen el crujido del brazo al partirse.

Se levanta con el pantalón y la camiseta polvorientos.

Con la mano izquierda se frota lo que le queda de boca, y Jack comprende —todos lo comprenden— que Larry intenta eliminarse todo rastro del beso de la muti.

Se lleva la mano a la pistola de rayos sónicos que lleva prendida de una de las trabillas del pantalón, al estilo de los jinetes de la Pendiente.

El brazo derecho le cuelga, inutilizado.

Jack salta hacia delante y le arranca el arma de la mano.

—Yo no quería —dice Larry con voz baja, como en confianza—. No era mi intención.

—Lo sé —dice Jack.

—Son ellos . —Señala hacia el bosque.

—¿Los mutantes lentos?

—Ea. Desde que ese ser venenoso me besó.

—Lo sé.

—Tengo que matarte, Jack. Vosotros tendréis que mataros entre vosotros y el último tendrá que quitarse la vida él mismo. No podéis… No podéis…

—¿No podemos qué, Larry?

—¡No podéis terminar la misión! —exclama Larry. A sus ojos asoma un destello lleno de vida y al mismo tiempo totalmente muerto—. No podéis… ¡ NO PODÉIS !

—¿Por qué?

—No tenéis… derecho. Este mundo…, todos los mundos…, plagados de enfermedad. Hinchados. Negros. Pestilentes. Gangrenados.

—¿Eso dicen las voces?

—Ea.

—¿No las cajas?

—No, no las cajas. Los mutantes lentos. Ahora son pelirrojos. Todos los pelirrojos. Yo seré uno de ellos. ¡No lo permitas, Jack! ¡Por favor!

Larry toma aire con una inhalación profunda y trémula.

Vuelve a cruzar los brazos ante el pecho y se agarra los hombros.

Salta a la vista que le duele, pero lo hace de todos modos.

Su húmero fracturado emite un chirrido horripilante.

Da la impresión de que no lo siente, pero cierta cordura reaparece en su mirada.

—Me proponía mataros a todos. —Larry acerca la cara a la de Jack. El aliento de esa boca destrozada es espantoso, apesta a descomposición. Jack no se aparta a pesar de la atroz fetidez. Tiene que oír lo que le cuenta—. Me lo dijeron ellos. Me lo ordenaron.

—Pero no las cajas. No esas voces.

—No.

Eso Jack ya lo sabía, pero necesita que los demás lo oigan.

Las voces que salen de las masas que antes eran unas cajas en el subsuelo del complejo de Arrowhead no son más imperiosas que antes.

Hablan de la vida pasada de los miembros del tet en el lado de Estados Unidos…

y del futuro. Larry Magruder se ha contagiado debido al beso de la muti y oye otras voces.

—Larry, podrías habernos matado a balazos mientras dormíamos. ¿No es así?

—¡Sí! ¡Debería haberlo hecho! ¡Sois un cáncer!

—No. Somos un antídoto contra el cáncer. Una parte de ti lo sabe.

—Me he… resistido. —Larry realiza un giro lento y torpe con los brazos cruzados—. Es como dicen los Panteras Negras… ¡He luchado contra el poder!

—Así es —dice Mary.

—Ea, supongo que así ha sido —coincide Ry.

—Pues sea —dice Alice.

—Es horrible, Jack. —Ahora su voz es poco más que un susurro—.

Esas voces… Pronto eso será lo único que quede.

—Larry alza los ojos en las cuencas sudorosas—.

Seré un pelirrojo. Es horrible. Es muy intenso y horrible.

Me quedé dormido, así que supongo que me lo merezco, pero es horrible…

—Se echa a llorar—. No quiero mataros, sois amigos míos, mi tet, lamento haberme dormido, pero tenías razón, Ry.

Sí , piensa Jack. Ry tenía razón. El castigo para quienes se duermen en su turno de guardia es la muerte, porque ponen en peligro la vida de todos los demás. Es duro, pero cierto.

—Sois veneno —espeta Larry—. Todos vosotros. ¡Mataos unos a otros, adelante! ¡Derramad vuestra sangre! ¡Esparcid vuestros sesos podridos!

Mary retrocede. Esa no es ya la voz de Larry. Es la voz de los pelirrojos, de Roy Kinneston, de Charles Starkweather. Es la voz del espacio del exotránsito .

—Peonza. —Jack habla con calma, como para despertar a alguien de una pesadilla—. Larry.

—Jack, ¿eres tú?

—Ea.

—Esto es…, tío, es un desastre. —Intenta incluso sonreír.

—Puede mejorar.

Jack vuelve a insertar la pistola de rayos G-H en la trabilla del pantalón de Larry. Más tarde reflexionará acerca de eso y se detestará por hacerlo. Entiende que ha sido un acto de misericordia, pero a veces la misericordia es brutal.

Larry mira la pistola y, poco a poco, la extrae de la trabilla. Se la coloca ante los ojos y la examina como si nunca hubiera visto una cosa así.

Ry y Mary desenfundan sus propias armas.

—No lo hagáis —ordena Jack—. Es ka-tet.

Larry los mira con los ojos cerrados y apunta la pistola hacia Alice, que todavía sostiene su plato ante la cintura en posición de lanzamiento. Ella dirige una mirada a Jack, con una expresión de duda, pero decidida a obedecer a su dinh .

—No lo haga.

—Sois veneno —les espeta el ser que hay dentro de Larry—. Sois gangrena. —A continuación, dice—: Sois amigos míos. —Y se apoya el cañón de la pistola de rayos bajo el mentón y aprieta el gatillo.

Chas .

Ry Connors se vuelve hacia Jack con una lúgubre sonrisa.

—Ya solo quedamos cuatro —dice—. ¿Quién será el siguiente?