Capítulo 29 #7
Agarra a la vieja Dama de Plata po debajo de la cola, dijo Speedy. ¿Por qué ahora? É tomarse sierta libertade con la Dama, pero me imagino que no le importará.
Jack coge el gancho del cabrestante, se echa al hombro el cable reluciente de grasa y regresa como puede al puente. El agua le llega casi hasta las rodillas y la corriente intenta derribarlo y llevárselo del puente. Casi se cae, pero recupera el equilibrio.
Delante del camión, se arrodilla, pasa el cable por debajo del parachoques doblado
( agarra a la vieja Dama de Plata po debajo de la cola, Jacky )
y ancla el gancho en el chasis. Aquí abajo, con el pecho y los antebrazos hundidos en el agua fría de la rápida corriente, los sonidos del puente en sus últimos estertores son estruendosos. Se parte otra lama y, de pronto, la mano y la muñeca le quedan atrapados.
Todo esto para nada. Voy a irme abajo con él , piensa.
En ese momento, aparece Alice junto a él.
Ha bajado hasta ahí aferrándose al cable del cabrestante con ambas manos, que tiene manchadas de grasa y también ensangrentadas debido a las hebras de acero que sobresalen del cable.
Lo sujeta por la muñeca atrapada y tira.
La mano se desprende, sangrando por media docena de heridas, casi intacta pero no del todo.
El dedo meñique le cuelga de un jirón de carne y el dedo anular lo tiene también roto o dislocado.
Seguramente le dolerá mucho, pero eso queda para después, cuando remita el subidón de adrenalina.
Siempre en el supuesto de que haya un después.
— ¡REVOLUCIÓNALO! —grita a Ryall—. ¡REVOLUCIÓNALO A TOPE!
Rodea a Alice con el brazo y empieza a subir por el puente retorcido y en pronunciada pendiente.
Vuelve a caerse contra las lamas resbaladizas y arrastra consigo a Alice.
Ella se hunde por completo bajo el agua.
Asoma de nuevo a la superficie tosiendo y boqueando.
El cable del cabrestante se tensa y vibra sobre sus cabezas. Jack pierde pie y traga agua.
— ¡Levante, Jack! —exclama Alice. Ahueca la mano bajo la axila de Jack—. ¡El puente va a irse abajo!
Tambaleante, Jack se pone en pie. En medio de un infernal chirrido de metal contra metal, el morro del camión de Jack sale de la abertura en la plataforma del puente como un mastodonte de un pozo de alquitrán.
Alice está luchando, y perdiendo, contra la corriente.
Jack le rodea la cintura con el brazo para sostenerla.
Tiene tiempo para advertir lo delgada que está, pese a que el camión, en su vacilante avance, se cierne sobre ellos.
En otro universo, Mary, a gritos, los insta a apartarse del medio: ¡Salid del medio , SALID DEL MEDIO !
A trompicones, vadean hasta el extremo del puente por delante del camión, que se aproxima, sujetándose Jack al cable tensado del cabrestante para mantener el equilibrio.
George agarra a Jack por los brazos; Larry agarra a Alice.
Ry echa marcha atrás con su camión. Los neumáticos escupen tierra y piedras.
El cable vibra. Jack cree distinguir en ese sonido un do agudo.
El camión de Jack, balanceándose, recorre los dos o tres últimos metros hasta tierra firme.
Los bajos chorrean agua del río. Jack, cubierto de polvo, barro, sangre y óxido, cae de rodillas, jadeante.
En el preciso momento en que las ruedas traseras del camión abandonan el puente, se desprende el último poste de la otra orilla y toda la estructura se precipita al río Nadie.
—Eso pasó en la película El salario —comenta Larry—. Casi exactamente igual.
—No me digas —dice Jack con la respiración entrecortada.
—Mire al otro lado del río, Jack —indica Alice.
Jack no ve nada, pero siente un brusco tirón en la mano derecha mientras tiene la atención puesta en otro sitio.
Alice le enseña su propio dedo meñique, ahora separado de la mano.
—Se le habría caído de todos modos. ¿Lo quiere? ¿Como recuerdo, quizá?
—No.
—Mejor así, pues sea —responde ella, y el dedo de Jack sigue los pasos del puente hasta el cauce del río—.
Tiene suerte de conservar los demás. —Le sujeta el dedo anular y le da una enérgica sacudida.
Jack siente una punzada de dolor. Cuando baja la vista, se ve el dedo hinchado, pero otra vez recto.
—Digo gracias.
Ella se encoge de hombros.
—No es la primera vez que lo hago.
—Me refiero a lo de antes.
—No había otra opción —dice Alice—. Estaba usted atrapado.
Larry desengancha el cable del cabrestante.
Ry revoluciona el motor por última vez para enrollarlo en el tambor.
A continuación, sale de la cabina y cierra la tapa del cabrestante.
Inspecciona los daños en la parte delantera del camión de Jack y luego dirige la atención hacia el propio Jack, que está envolviéndose el muñón del meñique con un jirón de tela de su camiseta.
—Esto a los de Hertz no les va a hacer gracia —comenta.
Jack suelta una carcajada. Los demás se ríen también. Incluso Alice, que no tiene ni remota idea de lo que es Hertz.