Otros mundos (El Talismán 3) Capítulo 29 #2
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Capítulo 29 #2

—Mi pregunta tiene que ver con los niveles de burbuja que trajiste del lado de Estados Unidos.

Los pusimos encima de las cajas cuando las sacamos de aquella sala fría donde llevaban guardadas sabe Dios cuántos años.

Por insistencia tuya, procuramos no ladear ni golpear las cajas.

Pero, como tú mismo has señalado, en nuestro viaje hemos subido y bajado muchas cuestas, y, según nos has dicho, más adelante serán aún más empinadas.

Hemos ido con cuidado, pero algunos baches eran ineludibles.

¿Por qué, pues, pensabas que era tan importante mantener las cajas niveladas y evitar las sacudidas?

Ahí está. Una pregunta sencilla que todos ellos se han planteado ya. Servirá para determinar si sigue al frente del tet o si alguien lo releva. Jack piensa que, si se llegara a esa situación, lo sustituiría Ry, lo cual casi con toda seguridad tendría consecuencias desastrosas.

—Porque Hestin dijo que era importante, y yo lo creí —contesta Jack.

Lo miran; no con expresión acusadora, sino en espera de lo que viene a continuación. En la oscuridad de la gran charca (o pequeño lago), salta un pez.

—Me indujo a creer que esas cajas, además de peligrosas, eran delicadas. Yo hice deducciones deficientes, suposiciones deficientes, basándome en determinados ecos entre este mundo y el nuestro. Ahora mirad esto.

Se levanta la camiseta para revelar la cicatriz en el lado izquierdo del pecho, justo por debajo del pezón.

—Una mujer llamada Wanda Kinderling me disparó durante una rueda de prensa. Yo había detenido a su marido por ser un asesino en serie, pero no me disparó por eso.

—Lo hizo porque estaba loca —apunta Mary—. ¿No es así?

—Sí. La bala me rozó el corazón. Debería haberme matado.

Por ese motivo solo puedo volver al lado de Estados Unidos durante periodos cortos.

Si me quedo allí mucho tiempo, me pongo enfermo.

Pero esa no es la cuestión. El pelirrojo que inició todo este asunto se llamaba Roy Kinneston. Kinderling y Kinneston, ¿os consta?

—De acuerdo, veo la similitud —dice Ry—, pero ¿qué tiene eso que ver con Hestin y las cajas?

—Jack habla de los ecos entre el lado de Estados Unidos y Mundo Medio —aclara Mary—. ¿Es que no lo ves? Habla de cómo consiguió Hestin llevarlo a error.

—Kinneston era un eco de Kinderling —continúa Jack—. También era un eco de un asesino de otra época llamado Charles Starkweather. La novia de Kinneston era un eco de la novia de Starkweather. Replicaron los crímenes de Starkweather. Sus asesinatos.

—Ecos.

—Cuando llegué al llano hundido donde la Garganta aumenta de tamaño, el Binny Ding que conducía emitió la melodía de cinco notas de una película titulada Encuentros en la tercera fase. Yo vi esa película con mi madre y mi amigo Richard no mucho después de ver Carga maldita , también con mi madre.

—¿Tenías un amigo que se llamaba Richard? —pregunta Mary, y acaricia al brambo.

—Sí. Por él le puse ese nombre a tu pequeño amigo. Carga maldita es un eco de la película que vio Larry.

—El salario del miedo —aporta este.

—Cierra el pico —ordena Ry.

—De niño, me gustaba mucho un libro titulado Destry cabalga de nuevo. He conocido no a un representante de la ley llamado Destry, sino a dos. Más ecos.

—Aaron y Moses —interviene Mary—. Gemelos. Auténticos.

—Debido a los ecos, creí que las cajas que llevábamos tenían que ser explosivos. En ningún momento lo puse en duda.

—Una falsa deducción a la que te indujo Hestin —dice George.

—Sí.

—Así es como los polis y los fiscales trincan a hombres inocentes —comenta Ryall—. Hacen malas suposiciones y después fuerzan los hechos para que concuerden.

—Cierra el pico —ataja Larry.

Todos se ríen, con lo que se rebaja la tensión.

—Cuéntales lo que me has enseñado a mí, Ry —insta Jack—. Y lo que piensas.

—No son explosivos —dice Ry—. El peligro son las propias cajas, que no son cajas. Están vivas y empiezan a despertarse.

—Gan nos libre —musita Alice con los ojos muy abiertos en un gesto de consternación—. ¿Por qué lo indujo Hestin a creer eso, Jack? ¿Fue porque él mismo no lo sabía?

—Me parece que sí lo sabía. Me parece que quizá temía que alguno de nosotros se echara atrás, y bastaba con que uno solo se retirara para romper el ka-tet. Y otra cosa: quería que fuéramos despacio.

—¿Con la intención de dar tiempo a esas cajas, sean lo que sean, para despertar? —pregunta Mary.

—Eso creo. Dormían en el fuerte de Arrowhead desde hacía mucho tiempo. Ahora vuelven a la vida.

—¿Podrían volverse contra nosotros? —pregunta Alice.

—Digamos que podrían empujarnos a llegar a esa grieta en la tierra lo antes posible y a echarlas dentro.

—Pues adiós muy buenas y con viento fresco —dice Larry.

—Somos peones de Hestin, ¿no? —pregunta George. Parece molesto.

Jack no contesta. Es verdad, y Youngblood lo era también.

—¿Por qué no las tiramos aquí mismo? —La insignia de Cadete del Espacio de George refulge a la luz del fuego cuando señala con el dedo—. En esa charca.

—Porque los pelirrojos están alimentando la Garganta de la misma manera que un fogonero echa carbón a una caldera de vapor. La están despertando. Cuando se despierte del todo, partirá este mundo en dos. Luego el mundo del que venimos. Luego quizá todos los mundos.

—¿Eso te lo dijo él? ¿Hestin? —pregunta Larry.

—Sí.

—¿Y no podría estar mintiendo? —pregunta Alice.

—Eso es lo que creo, no lo que sé.

—Pero ya te ha engañado antes —dice Ry—. Te habías equivocado sobre esas cajas.

—Hestin dejó que me engañara yo mismo. Creí demasiado en el eco entre esas dos películas y lo que estábamos haciendo.

Os ruego vuestro perdón, eso os ruego. Dijo que era necesario mantener las cajas frías y húmedas todo el tiempo.

Pero el movimiento también es parte del proceso de despertar.

Seguramente una parte esencial. Pensando en Carga maldita , le pregunté qué le parecía que deshincháramos un poco los neumáticos si la carretera se complicaba mucho.

Dijo: «Si consideras que ha de ser así, que así sea».

—Lo cual no era mentira —dice George.

—No. Debería haberlo sabido. Debería habérmelo olido.

—No te castigues tanto —dice Mary.

—O sí —corrige Ry—. Dios mío.

Jack se plantea preguntar a Ry si él lo habría hecho mucho mejor, pero eso solo serviría para provocar más discusiones.

—Dijo que nuestro viaje sería difícil, pero no solo por el terreno. Dijo que habría más pelirrojos. También habló de lobos malos.

Alice deja escapar un resoplido de desdén.

—Eso no me lo creo. Los lobos solo son violentos cuando ven amenazados sus rebaños. Ese es el pacto al que llegaron con Gan cuando los Haces eran nuevos.

—¡En fin, nosotros también tenemos cuentos de hadas como ese! —dice Ry—. Uno de ellos trata de Noé y el graaan diluvio.

Alice reacciona con ira.

—Diga y crea lo que guste. En mi edad juvenil, conocí a muchos lobos al norte del cañón hechizado conocido como la Armella. Allí no había ni uno solo que no estuviera dispuesto a dar su vida por el rebaño.

Jack está a punto de contarles que su amigo Lobo dio su vida por el rebaño, el rebaño que era Jack Sawyer. Pero quiere concluir esta garla, sea cual sea la decisión a la que se llegue.

—Os traje en este viaje con las mejores intenciones, pero reconozco que he cometido errores. Incluso ahora no estoy seguro de que Hestin esté al servicio… —¿De qué? ¿De los buenos? Eso parece poco convincente y no sabe bien cómo terminar.

Jory ha permanecido callado todo el tiempo. Ahora toma la palabra:

—¿No está seguro de que esté al servicio de los Haces?

—Sí, digámoslo así. Creo que sí lo está, pero…

—Pero ya te has equivocado antes —termina George.

—Dices verdad.

Silencio. Todos contemplan el fuego. Más allá solo hay oscuridad. Finalmente Jack vuelve a hablar:

—Os he contado todo lo que sé y he reconocido mis fallos.

—Tus errores —repite Ry.

—De acuerdo, mis errores. La cuestión es si me permitiréis o no continuar como vuestro dinh.

—Hay un detalle que aún no les ha contado.

Debes ser tú quien esté al frente, dijo Hestin aquella noche en el balcón.

Es en ti en quien se ha concentrado el poder.

Aun así, puede que no lo logres, pero sin ti en el papel de dinh el ka-tet está condenado al fracaso y el Tajo lo engullirá todo.

Pero no puede lograrlo sin la confianza de todos ellos. Hestin tal vez no se diera cuenta porque es una máquina. Muy lista y conectada a una enorme red de datos, pero una máquina, al fin y al cabo.

—Yo le permitiría seguir al frente —dice Alice.

—Sigue al frente. —Larry tiene los brazos cruzados ante el pecho y se sujeta los hombros con las manos.

—Pues sea —dice Mary.

—Si tengo voto, voto ea —dice Jory.

—¿George?

El antiguo administrador de Youngblood exhala un suspiro.

—Digo sí, por supuesto. Solo quería saber qué ocultabas. O qué te avergonzaba contar. —Se quita el sombrero de ala ancha y copa baja—. ¿Quieres mi sigul?

Jack se conmueve.

—Consérvalo tú, sai. Te lo has ganado. ¿Ry?

Con la mirada fija en el fuego, Ry contesta:

—No te caigo muy bien, ¿verdad, Jack? Me ves como un hampón de poca monta. El hombre duro de Youngblood cuando lo necesitaba.

—He acabado respetándote y me gusta tu comida. ¿Eso te basta?

—Supongo que tendrá que bastarme. Eres el dinh .

—Bien. Ahora durmamos un rato. Yo haré el primer turno de guardia y avivaré el fuego. Larry, tú serás el siguiente. George, tú vigilarás hasta que salga el sol.

Llega la noche y el aire refresca. Jack rellena los pulverizadores y luego se queda en cuclillas junto a la pila de leña, donde de vez en cuando echa otro trozo de madera del árbol caído a las llamas.