Otros mundos (El Talismán 3) Capítulo 22 #4
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Capítulo 22 #4

—Mataron a todos aquellos con quienes se cruzaron —dice Mary cuando pasan por delante de un espantapájaros cuya cabeza de paja ha sido sustituida por la de un anciano que murió con una mueca terminal de horror.

—Una atrocidad. Como Atila y sus hunos.

Jack sonríe a su pesar.

—Dicho así, parece que estés hablando de un grupo de heavy metal.

Ella enarca una ceja.

—¿Como Steppenwolf? ¿«Born to Be Wild» ?

—Exacto. —Mary abandonó el lado de Estados Unidos antes de la llegada de grupos como Anthrax, Rancid y Metallica. Lo cual podría ser bueno o malo, según los gustos musicales de cada cual.

Muchos de los cadáveres han atraído a los plunjas, pero estos se elevan con pesadez en cuanto ven acercarse el Binny.

La idea de que Richard de algún modo les manda una señal telepática — Cuidado conmigo, devoradores de muertos— es absurda y a la vez totalmente verosímil.

Solo uno de ellos se niega a huir. Richard salta del vehículo y se acerca a él como ha hecho con el otro.

Este tampoco alza el vuelo; se limita a fijar la mirada en el brambo que se acerca; después se tiende en espera del coup de grâce , que Richard administra sin mayores aspavientos.

A continuación, el brambo regresa al Binny y sube de un salto al regazo de Mary, donde estira el cuello para disfrutar más de sus caricias de aprobación.

—¿Y los demás, Jack? ¿Nuestros amigos? ¿Habrá sobrevivido alguno de ellos?

—Ni idea.

Se detiene cerca del cuerpo en el que se había cebado el ave. Mary le pregunta qué hace.

—Quiero comprobar una cosa.

Jack da la vuelta al cadáver. En un primer momento, hace una mueca al ver corretear bichos y percibir el olor a descomposición.

Contiene la respiración y se agacha para observarlo más de cerca.

Es un chico, seguramente de no más de catorce años, vestido con ropa de labrador tejida en casa.

Pero encima lleva un elegante chaleco largo conocido en la lengua como kim commala.

Se trata de una prenda que se usa solo en ocasiones ceremoniales: bodas, funerales y actos por el estilo.

Ese sin duda es robado. El chico, con trasquilones en el cabello mal cortado, va teñido del intenso color rojo de las bayas de ave.

Parte de una saeta de ba le sobresale de la mitad superior del pecho.

Debió de partir el asta y después murió mientras intentaba extraer la punta de la flecha.

Jack siente una mezcla de emociones. Por un lado, experimenta una brutal satisfacción por el hecho de que uno de los «hunos» haya sido abatido. Por otro lado, este no es más que un chico de pueblo que ha sucumbido a una fuerza mucho mayor que su capacidad de resistirse.

Abre el kim commala y encuentra en un bolsillo interior vales de Dezi y dos monedas de oro. Queda a la vista también una agarradera de estiba y una pistola futurista como la que él perdió al saltar a Taylor City desde la Garganta. Deja el botín, pero coge el arma y se la entrega a Mary.

—Ve con cuidado. Me parece que dispara una especie de ondas sonoras muy potentes.

—Ese era uno de ellos, ¿no? Uno de los chicos malos.

Chicos malos.

—Sí. Chicos malos y chicas malas.

—¿Podemos seguir ya?

—Sí. Adelante, señora Talbot.

La señora T sí sabe lo que eso significa.

11

La carretera —lo que queda de ella— se ensancha cuando se acercan a Dezi. Llegan a un punto salpicado de fragmentos de piedra kinna rosada, algunos chamuscados. Obstruyen la carretera, lo que exige un rodeo. Jack empieza a circundarlos, pero Mary le pide que pare.

—¿Sabes qué es esto? —pregunta ella—. Mejor dicho, era.

Claro que lo sabe.

—Es el Arco de Bienvenida. El pueblo está a menos de una hora de aquí. Oigo las olas, ¿y tú?

—Sí. Espera, si no te importa.

Deja a Richard a un lado (el brambo ha decidido que el regazo de Mary es su nuevo hogar) y se apea.

Jack la sigue. Con cierto esfuerzo, apartan una de las piedras rosadas.

Tiene unas palabras grabadas. Jack solo puede leer dos de ellas: dezi y commala .

Aun así, sabe de sobra lo que dice el resto, y también Mary.

ESTO ES DEZI. ENTRAD EN SON DE PAZ

No mucho después, rebasan la alargada loma conocida como el Reducto, una elevación de tierra que se extiende hasta Mejis y más allá, hasta los Montes Rotos.

Desde esa atalaya, pueden ver los restos de Dezi.

Las pintorescas terrazas rosadas que descienden hasta el mar han quedado destruidas en su mayor parte por armas que no se habían usado en Mundo Medio desde hacía dela de años.

Las ruinas de esta ciudad en otro tiempo hermosa, distinta de cualquiera de las otras poblaciones de los Territorios, llena de dolor a Jack.

Cuando mira a Mary, ve lágrimas resbalar por su cara.

Lo único bueno es que, después de tantas andanzas y aventuras, han regresado al Mar Limpio.

Al contemplar las reverberaciones del sol en esa superficie azul, Jack cae en la cuenta de que no esperaba volver a verlo.

—¡Ha desaparecido, Jack! ¡Dezi ha desaparecido !

Jack guarda silencio.