Capítulo 19 #4
Retrocede. Jack se acerca a Destry y ve más hormigas que entran y salen de su boca, las cuencas vacías de sus ojos y los restos de la nariz.
—Lo han clavado encima de un hormiguero —señala Jack. Había visto eso en el cine, pero no esperaba verlo en la vida real.
Mary toma aire con inhalaciones breves y rápidas. Es casi un jadeo.
—Se lo llevaron vivo. Para hacer esto. Esto fue idea de la novia de Bass.
Pese a lo que Mary tiene ante sus ojos, Jack podría decirle que se equivoca, que los responsables de todo esto son Kinneston y su novia, Tara Lynne Speckhoffer, pero en rigor no sería cierto.
No le cabe duda de que Kinneston y Speckhoffer, en lugar de ser atraídos por la Garganta, fueron expulsados por ella, vomitados como un alimento envenenado, ¿y con qué fin?
Porque la fuerza que vive ahí dentro, sea lo que sea, quería darles rienda suelta para que se abandonaran a sus delirios y causaran estragos.
Jack ignora dónde están o cuántos daños son capaces de provocar ellos y sus acólitos pelirrojos.
Lo único que sabe es que Destry era uno de los buenos —un polizonte—, y he ahí cómo ha acabado.
Helo ahí.
—Tápalo con una manta hasta que yo vuelva.
—¿Qué…?
—¡Tú tápalo! —ataja Jack—. Espérame. No tardo. —Le entrega la Glock que otra mentalista, Maeve Quiller, le dio a él—. Ve con cuidado. No tiene los seguros puestos.
—¿Adónde vas?
—Al Winola .
Mary no pregunta por qué. Tal vez ya lo sabe.
6
El tranvía tiene un hueco para el servicio de mantenimiento en la parte de atrás.
Dentro encuentra equipo electrónico informatizado.
Ve una hilera de pilotos luminosos bajo una fila de interruptores.
Algunos pilotos — muy pocos— aún parpadean.
A Jack le parecen cansados. Eso es sin duda lo que su profesor de Lengua de primero habría definido como un ejemplo de falacia patética, pero a Jack le trae sin cuidado; es cierto: parecen cansados.
«Las herramientas de software se están actualizando —dice Winola—. Esto puede requerir un tiempo. Las herramientas de software se están actualizando».
Jack pulsa varios botones en un intento de acallar la voz —lo está sacando de quicio—, pero nada surte efecto. En el compartimento hay herramientas y una pala, quizá para cuando la arena arrastrada por el viento cubría los raíles. Jack la coge.
Mary y él cavan por turnos en el duro suelo y después en la tierra pedregosa de debajo.
Atardece. Dan de comer a Boy y Richard. El sudor les corre por la cara y tienen que apartar a manotazos las voraces hormigas rojas.
Ninguno de los dos se queja. Mary, aunque todavía débil después de su suplicio, insiste en asumir su parte del trabajo.
No explica por qué ni hace falta. Jack lo sabe.
Destry la trató bien, y la única muestra de agradecimiento que ella le dio fue un mordisco en el brazo.
En las películas da la impresión de que cavar una fosa es fácil.
Uno ve las primeras paladas y luego, tras un corte, la tumba está acabada, con los ángulos rematados en perfectas escuadras.
En realidad, no es así. La tumba de Destry es un hoyo desigual, pero Jack quiere ahondar lo suficiente para que los animales que huelan el cadáver no puedan desenterrarlo.
O esa es su esperanza. Por fin terminan.
Lo envuelven en una manta a modo de mortaja, lo depositan en la fosa y cubren con piedras la tumba reciente.
Richard, para ayudar, les lleva guijarros con las patas e incluso cava un poco.
Mary le da las gracias, le acaricia la cabeza y lo llama sai.
Jack pregunta a Mary si quiere pronunciar unas palabras por el difunto alguacil. Ella niega con la cabeza, pero enseguida cambia de idea. Se acerca a la cabecera de la tumba y abre las manos, cubiertas de ampollas. En la lengua, dice:
— Gan bi bin.
Gan esté contigo.
Retrocede y hace una seña a Jack. Él abre las manos como ha hecho ella. Aquí siempre cuesta hablar en inglés, sobre todo después de utilizar la lengua, pero consigue articular unas cuantas palabras:
—Que te sea de provecho y que tu espíritu vuele libre.
Erguido sobre las patas traseras, con las delanteras también separadas, Richard habla por primera vez. Con voz totalmente clara:
—Libre.
7
—Estás cansada —dice Jack. Él mismo está muy cansado—. ¿Y si acampamos aquí?
Ella mueve la cabeza en un vehemente gesto de negación.
—¿Junto a su tumba? Jamás, Jack.
Así pues, siguen adelante, hasta que los separan tres colinas del último lugar de descanso de Aaron Destry.
Mary considera que con eso basta. Para cuando Jack ha recogido leña suficiente para una fogata, ella se ha sumido ya en un sueño profundo a la sombra del Binny Ding.
Richard, tumbado junto a ella, observa a Jack mientras enciende el fuego.
Mary despierta lo justo para cenar un poco y tomar varias tazas de agua de uno de los odres; luego se duerme otra vez. Jack permanece despierto hasta que asoman las estrellas. Al este, lejos de allí, oye truenos o explosiones. Piensa que más bien esto último.
Cree que los patanes pelirrojos, con o sin Kinneston y Speckhoffer, han llegado al Mar Limpio.