Capítulo 15 #5
Extrae el cargador y lo deja a un lado. A continuación, desliza la corredera para comprobar la recámara. En el tubo hay una bala. Esta sale despedida y la atrapa al vuelo antes de que caiga en la mesa o ruede por el suelo. Mose suelta una risotada de sorpresa y admiración.
—Estaba preparado —dice Jack, que es lo más cercano a «bah, pan comido» que le sale a estas alturas de la vida.
—Aun así, muy rápido —afirma el shurf Mose—. Rápido como un rayo.
El cargador está lleno. Diecisiete balas en total, contando la que ha expulsado.
Exactamente igual que la que se apropiaron los vándalos.
Los cartuchos parecen nuevos. Vuelve a comprobar la recámara —más vale prevenir que curar—; luego aprieta el gatillo ( clic ), presiona los retenes y retira el cañón.
Mose observa todos sus movimientos. La versión de la Glock 22 de North Central Positronics se compone de cuatro piezas, como todas las semiautomáticas que ha manejado: la corredera, el armazón, el cañón y el muelle recuperador.
Mientras frota y lubrica cada pieza con un paño limpio que Maeve le ha entregado sin necesidad de pedírselo, casi se olvida de que tiene público.
Este proceso siempre ha tenido un efecto tranquilizador en él.
Vuelve a montar el arma —clic, clac, clic— y luego va sacando las balas del cargador con el pulgar.
Tendrá que probarla para asegurarse de que tanto la pistola como las balas funcionan…
y confiar en que la Glock no le estalle en la mano.
Preferiría tener su propia semiautomática, pero esta servirá.
—En la oficina tengo una agarradera de estiba, si la quiere —ofrece Mose Destry.
—No me vendría mal —responde Jack—. Mañana. —Bosteza hasta que le cruje la mandíbula.
—Sea, mañana habrá tiempo de sobra para salvar el mundo —dice Maeve, y Jack no puede evitar reírse.
7
A Jack siempre le ha asombrado lo deprisa que se cura la gente en las series de televisión: en un episodio se encuentran en estado crítico a causa de una herida de bala, y dos episodios más tarde andan por ahí tan campantes.
No es así como funcionan las heridas de bala; Jack es un buen ejemplo de ello.
Wanda Kinderling le disparó casi a quemarropa y no se ha curado ni se curará nunca.
Ahora que se para a pensarlo, observa ahí otro eco: Kinneston, Kinderling.
Podría ser una coincidencia, pero no lo cree.
Ahora soy una de esas personas que se curan con la rapidez increíble de la televisión , piensa.
Aunque, claro está, las recuperaciones rápidas son la especialidad de los Territorios.
Normalmente no tan rápidas, cierto, pero el té de Maeve ha contribuido también a que se restablezca.
Todo ese proceso de sanación lo ha agotado y piensa que, después de los sobresaltos y las excursiones de la última semana, dormirá bien.
Cuando empieza a vencerlo el sueño, ya acostado en el porche trasero, aparece Maeve con paso enérgico para ofrecerle otra taza de su elixir recién hecho.
—Quizá queráis tomarlo durante la noche si sentís una recaída —dice a la vez que se agacha.
Jack coge la taza de la mano trémula de la anciana.
—Maeve, no tendría que haberse tomado la molestia.
—Haré lo que esté a mi alcance mientras me sea posible —responde ella—. Que no será por mucho más tiempo. Frío sabe mal, pero el efecto es el mismo.
—Gracias, sai.
—Una cosa para vuestras reflexiones. Habéis aparecido ante la estatua de Roland y su ka-tet; habéis llegado aquí salido de la nada, así ha sido.
Alguien, al verlo, os ha llamado el segundo advenimiento de Jason, de El libro del buen agricultor.
¿Cuánto tiempo pasará hasta que corra la voz de que no sois Jason, sino el segundo advenimiento de Roland Deschain de Gilead?
Jack, atónito, es incapaz de contestar.
—Y más si os ven con esto. —Coge la semiautomática, que él se ha llevado al porche para tenerla a mano.
—Maeve, no acerque el dedo al gatillo.
Ella le dirige su sonrisa casi desdentada.
—Por mí no temáis. Poseo esta herramienta del diablo desde hace más de ochenta años y no me he pegado un tiro con ella ni una sola vez.
—Deja la pistola junto a la taza de su zumo mágico…
, que, a diferencia del de Speedy Parker, sí es mágico .
O eso le parece a Jack—. En Mejis hay unas cuantas armas, que los hombres usaron para ahuyentar a esos lescentes asesinos, pero ninguna como esta.
Sea, algunos llegarán a la conclusión de que sois Roland renacido, que venís para salvarnos.
—No si no me ven con el arma. Si el shurf Mose puede traerme una agarradera, podrá proporcionarme también una chaqueta para taparla.
Maeve mueve la cabeza en un lento gesto de negación.
—Mose es un buen sheriff, pero ¡menudo cotilla está hecho!
Ese hombre labhair na cosa… , no calla ni debajo del agua.
Ya habrá ido por ahí con el cuento de que sois aquel a quien yo esperaba y de que os he dado una pistola que no se parece en nada a las de esta parte del mundo.
De aquí a mañana contarán que es una de las de Roland, de tiempos inmemoriales…
, y no esta pistolita, sino un hierro enorme con cachas de sándalo.
—Me habré marchado antes de que la ciudad despierte.
Maeve se ríe como si supiera algo que él desconoce y hace ademán de marcharse.
—Una pregunta, sai. Acudió algo a mi mente, con mucha intensidad…
—¿Una visión?
—No lo sé. Me acudió en francés, pese a que no hablo ese idioma. —En el instituto escogió español porque en California resulta más útil—. Me llevó a pensar en mi madre.
—¿Froncés? No me consta.
Jack no se toma la molestia de corregirle el error de pronunciación ni le dice que podría traducirlo él mismo si tuviera un iPhone o incluso un teléfono desechable de cualquier tienda.
Demasiada complicación y tiene sueño. Además, quiere saber si ella lo sabe.
No existe razón alguna por la que deba saberlo, pero es tanto lo que en apariencia sabe que merece la pena intentarlo.
Con sumo cuidado, pronuncia las palabras: Le salaire de la peur.
Maeve le pide que lo repita, y él así lo hace. Ella niega con la cabeza…, pero ¿asoma algo a sus ojos? Jack, agotado como está, no podría asegurarlo. Maeve le da las buenas noches en un susurro y se marcha.
8
Despierta en plena noche y sale a hacer sus necesidades, atento a la posible presencia de fauna hostil.
Ahora se encuentra por encima de las Tierras Arrasadas, pero en el límite norte de la Pendiente, así que conviene prestar atención al entorno incluso mientras echa una meada.
Oye música y cantos procedentes del centro de la ciudad.
Las canciones suelen ser algo alegre, pero no estas; Mejis celebra un velatorio por sus muertos durante toda la noche.
Espera que también lloren la pérdida de Rafe Richardson, pero lo duda.
El corazón le da un vuelco, pero solo uno. Jack vuelve al jergón que le ha preparado Maeve, bebe la mitad de su poción (tenía razón: fría sabe mal) y se duerme otra vez.
9