Otros mundos (El Talismán 3) Capítulo 8 #4
22%

Capítulo 8 #4

Es noche cerrada cuando Jack regresa a los Territorios.

La luna se ha desplazado al otro lado del cielo, pero ignora qué significa eso en cuanto al paso del tiempo.

En este otro mundo, las estrellas se despliegan por el cielo en forma de grandes resortes de relojería, y la más brillante con diferencia es la Vieja Madre.

Se encuentra en un promontorio demasiado bajo para llamarlo colina.

Cerca borbotea un manantial que forma un lánguido arroyo.

A menos de un kilómetro de distancia, o quizá un poco más (lo que se correspondería aproximadamente a la distancia entre el centro comercial y la comisaría de Taylor City), arden dos fuegos en la noche.

Uno es la Estación; el otro, el establo.

Jack echa a correr y, al acercarse a los edificios, ve que no solo se han incendiado: los han volado.

Una silueta grande, surgida al parecer de la oscuridad, cobra forma ante él.

Wompis , piensa en un primer momento y echa mano a la Glock antes de recordar que se la ha dejado a Pay.

Se lanza a la derecha para apartarse de la trayectoria de ese ser.

Antes de caer al suelo, se da cuenta de que es uno de sus caballos.

Jack se levanta y sigue corriendo, casi sin reparar en que se ha arañado las dos manos y le sangran.

Para cuando llega al círculo de resplandor proyectado por los edificios en llamas, se ha quedado sin aliento.

Dos ideas se persiguen la una a la otra dentro de su cerebro como niños que juegan al pillapilla: Lo has dejado solo y Pensabas que no pasaría nada.

Quiere acercarse, quiere descubrir si Pay está vivo o muerto, pero el calor, muy intenso, le abrasa la cara y los brazos. El incendio no durará mucho, pero, por el momento, es una vorágine cebada en la madera seca, más el grano almacenado en el establo.

Oye un gemido a su izquierda. Jack corre en esa dirección y ve otra sombra en la ígnea oscuridad.

No, dos sombras, una mucho más grande que la otra.

Pero solo se mueve la más pequeña. Es Payton.

La sombra más grande es un caballo muerto.

Pay, tendido boca abajo, mueve débilmente una pierna.

Jack le da la vuelta y queda horrorizado por lo que ve.

Pay tiene la piel ennegrecida y cubierta de ampollas.

Casi toda su ropa ha desaparecido, arrancada por la explosión.

La poca que le queda parece fundirse con la piel.

Fusionarse. Le ha desaparecido media cara.

Un ojo mantiene la mirada fija en Jack bajo la trémula luz rojiza de los edificios incendiados.

Lo has dejado solo. Pensabas que no pasaría nada.

—Jack. —Casi no le queda voz. Jack observa con horror que un minúsculo hilo de humo se eleva de su boca al pronunciar la palabra.

—Estoy aquí. Pensaba que no pasaría nada. Pensaba…

—Ahórrate… ahórrate el aliento para enfriar… enfriar la sopa. —Es el vestigio deformado por el calor de la voz guasona de Pay. Se le han abrasado las cuerdas vocales—. Me han quitado… el arma. He intentado… disparar, pero…

—No te esfuerces en hablar —dice Jack, consciente de que sus palabras son el colmo de la necedad. Pay se encuentra al final del camino, como dice la gente de este mundo, y a punto de entrar en el claro. Que diga lo que quiera ahora, que aún puede.

—No eran… wompis… Al menos ya no tendré que preocuparme por… el camino de vuel-vuel…

Pay empieza a toser. De lo que le queda de boca brotan sangre y una sustancia negra.

Jack supone que la sustancia negra es hollín.

Rodea los hombros de Pay con el brazo y lo ayuda a incorporarse.

Pay grita de dolor. Jack percibe que la piel quemada se desliza bajo su mano, lo que lo lleva a pensar en un pollo asado, pero la tos se atenúa.

Los incendios han llegado a su apogeo y Jack da las gracias a Dios por que en los campos que rodean la Estación no crezca ya el grano.

De lo contrario, él mismo se habría cocido, como Payton.

Pay lo mira fijamente con el único ojo azul que le queda en medio del intenso resplandor, quizá sin verlo, y Jack sabe que ese ojo lo acompañará en sueños en las noches posteriores. En el supuesto de que haya noches posteriores, lo cual es una duda que flota en el aire.

—¿Qué ha pasado, Pay? ¿Puedes contármelo?

—No… wo-womp…

—No han sido los wompis, eso lo entiendo. ¿Quién, pues?

—Críos —contesta Pay. Extrañamente, parece estar recobrando las fuerzas. Jack piensa en que a veces las bombillas antiguas brillaban más justo antes de fundirse para siempre—. Dos críos. Un chico…, una chica.

—¿El chico era un adolescente? ¿Pelirrojo?

Le parece ver que Pay asiente con la cabeza, pero acaso sea solo por efecto del resplandor.

—Luces…, luces brillantes… en el techo…

—No sé de qué hablas, Pay. —Pero de pronto cae en la cuenta—. ¿Como en una película de Mad Max ?

Pay se limita a mirarlo con cara de incomprensión. ¿Se estrenó Mad Max después de 1976? Jack no lo recuerda.

—He salido. Los caballos…, ellos… ellos…

—¿Cómo han volado los edificios?

—Esos críos tenían… una cosa. He salido a ver. Lo han volado. El mundo… entero…, todo…

—Sí. Han volado el mundo entero, ¿no?

El ojo ileso que Jack verá en sus sueños fija la mirada en los dos ojos ilesos de Jack.

—No… duele.

—Mejor así, Pay, me alegro, pero tienes que descansar.

—No. Pero ahora sí…, ahora sí…

—Ahorra energía, Pay.

Este baja la mirada a lo que queda de él.

—Ahora sí… sí que estoy que ardo.

Para su propia sorpresa, Jack se ríe.

Pay levanta una mano y señala a Jack con un dedo trémulo. Sonríe con lo que le queda de boca.

—Lo has…, lo has…

Cierra los ojos. Deja escapar un suspiro estertóreo y un último aliento que huele a sus pulmones chamuscados. No vuelve a tomar aire. Ni lo tomará nunca más.

—Sí, lo he pillado —dice Jack, que sostiene el cuerpo del bufón de la corte de Edward Youngblood a la luz de los edificios en llamas.

Permanece ahí sentado durante largo rato, sin pensar en cómo explicará a Mary Klee que Pay se ha ido (en el supuesto de que logre regresar junto a ella), sin preguntarse cómo han llegado hasta aquí esos adolescentes homicidas, sin pensar en qué va a hacer a continuación, sin pensar en nada.

Al cabo de un rato, los violentos incendios empiezan a extinguirse.

Al cabo de un rato aún más largo, la luz de otro día empieza a asomar por el este.

—Pensaba que no pasaría nada —dice Jack al paisaje vacío—. De verdad que lo pensaba.