Capítulo 5 #4
—Yo me encargaré de que dispongan de un bucka ligero y dos buenos caballos para tirar de él —propone Destry—.
Se plantarán en Riven en tres días, cuatro como mucho.
En el camino hay puestos de heliógrafo, y a lo mejor les es posible enviarnos un mensaje desde Riven.
Solo para informar de que han llegado bien, ¿consta?
Cuando regresen, la señora estará serena y lista para empezar a beber otra vez.
— Si es que regresamos —dice Pay, taciturno…
, pero Jack percibe un leve destello en los ojos de su rechoncho compañero, lo que lo induce a pensar que Pay siente curiosidad por ver Riven o incluso la Garganta que hay más allá.
O quizá solo le atrae la idea de tomarse un breve descanso de su relación de codependencia.
Jack se pregunta qué será un puesto de heliógrafo, pero prefiere no preguntar. Lo que de verdad quiere ahora es acostarse en su cama de la suite Tull del hotel Good Rest. El colchón debe de ser mejor que el heno.
3
Sin prisa, regresan al hotel hombro con hombro acompañados del chacoloteo de sus zapatos contra el entarimado.
—¿Has vuelto? —No es necesario que Pay aclare a qué se refiere.
—Sí.
—¿Nuestro mundo no se ha convertido aún en un desierto nuclear?
—No, los políticos siguen trabajando en eso. He de volver otra vez. Una visita corta. Tengo un amigo en apuros.
—Pero no decidirás quedarte allí y dejarme en este pueblucho polvoriento en el culo del mundo, ¿verdad?
—No.
Jack, tras una breve reflexión, descarta la idea de contar a Pay que, si se quedara en el lado de Estados Unidos, enfermaría en cuestión de días y moriría al cabo de una o dos semanas.
Pay tiende a irse de la lengua sin pararse a pensar, y la delicada situación de Jack tal vez llegara a oídos de Edward Youngblood.
Eso sería malo, porque Youngblood cree que Jack podría marcharse a su propio mundo para siempre en cualquier momento.
Ese es uno de los factores que le permite ejercer cierto poder sobre el GJ.
—No tardaré en volver. Espera un segundo.
Han llegado al lugar donde dejó la Coca-Cola de Youngblood y ve con alivio que sigue ahí.
—Guarda esto de momento —dice Jack—. Y a buen recaudo.
—¿Qué es?
—Coca-Cola. Puedes tomarte una botella. Solo una.
El resto es para Youngblood. Ahí dentro también hay un libro.
No es el que el GJ quería, pero tiene una buena portada y servirá para tenerlo contento.
—Antes de entregarle el petate a Pay, saca la caja de madera con el rótulo para tus premios en la tapa.
—¿Qué tienes ahí?
Jack abre la tapa. Pay mira el anzuelo oxidado y dice exactamente lo que Jack preveía:
—Menudo premio. ¿Cambia en el otro lado?
—Más vale.
Pay extrae el libro de la bolsa, y Jack adivina también en esta ocasión qué va a decir el humorista regordete.
—Venga, venga, venga.
—El baile continúa —añade Jack.
Pay despliega una sonrisa radiante.
— ¡Sí! ¡Gig Young, tío! ¿A que sí?
Jack le devuelve la sonrisa.
—Impresionante. Siempre quise que Paul Newman hiciera un remake. — Con mi madre .
Siguen andando.
—¿Quién va a vigilar la Coca-Cola cuando nos vayamos de aventuras? ¿Te has parado a pensar en eso? Seguramente en el hotel hay caja fuerte, pero sin duda el recepcionista tiene la combinación, y en este rincón del universo la Coca-Cola es un bien aún más escaso que los libros.
Jack sí se ha parado a pensarlo.
—Tú guárdala a buen recaudo esta noche. Una botella y solo una, ¿te consta?
—Habla en nuestro idioma, grandullón.
—¿Os consta, rechon-chaval?
Pay se dispone a contestar, pero se ríe y señala a Jack.
—Ya lo pillo.
Siguen adelante. Se oye el tintineo de las botellas. En la puerta del hotel, Pay alza la mirada hacia Jack. Mantiene una expresión solemne en su rostro fofo. Con esa cara parece mayor. Señala hacia el oeste con un gesto impreciso.
—¿Vamos a morir allí?
Jack da una palmada a Pay en el hombro y, con toda la claridad que le permite el idioma que ambos comparten, responde:
—Ni de coña.
Entrega el petate a Pay.
4
Hace una breve visita a la suite Tull y coge la libreta, la que lleva estampado en la tapa el nombre sophie en letras doradas.
Sin motivo alguno, solo por intuición. Se la coloca en la espalda bajo el cinturón billetero y vuelve al closi situado entre el hotel y el restaurante con la caja de premios de madera en la mano.
Cierra los ojos. Piensa en el establo en ruinas con el cartel descolorido de Mail Pouch y el acceso a la autopista cercano. Por un momento no está en ningún sitio, se encuentra entre los mundos
( pero no en el espacio del exotránsito; Dios, eso no )
y de pronto nota que la caja de premios cambia. Cuando abre los ojos, tiene ante sí un hermoso amanecer de Nebraska. Grandes tráileres zumban hacia el este y el oeste por la I-80. Y en la mano tiene un TracFone en lugar de una caja de madera.
5
Extrae la Glock de debajo del heno y se la ciñe a la cintura.
Dentro del establo, el TracFone no tiene ninguna barra.
Al dirigirse hacia la autopista, se le humedece el pantalón hasta la rodilla por el rocío de la mañana.
En la carretera 19, cerca de la rampa de acceso, hay un supermercado B no pueden esconderse eternamente”.
Les habla George Samms, de las noticias del Canal 8. Devuelvo la conexión a los estudios».