Capítulo 5 #3
Lily Cavanaugh era una actriz talentosa y resuelta, y es probable que esa fuera la razón por la que continuó trabajando incluso después de aumentar de peso y de sustituir en parte su belleza natural por maquillaje.
Sin duda, su longevidad en «el mundillo» se debió tanto a su matrimonio con un buen agente cinematográfico como a su predisposición a darlo todo de sí en las películas de serie B, pero había algo más.
Mucho después de que la mayoría de las otras aspirantes a estrella con las que había empezado —caras bonitas, pechos firmes, piernas largas— se hubieran retirado del medio, derrotadas, ella aún actuaba en películas.
Decía a Jack que uno debía perseverar, pero que, cuando tocara dar un paso atrás, había que hacerlo con elegancia.
Bátete el cobre, Jacky, mientras el cuerpo aguante.
—Acercarse por allí a echar una visteada no estaría de más —dice Destry—. Alguien tiene que hacerlo, y debería ser alguien responsable. Su compa no me parece muy allá…
—Gracias —lo interrumpe Pay, que ofrece a Destry su mejor imitación del acento de Elvis—. Muchísimas gracias.
—… pero fue a por su amiga, y eso requería ciertas agallas.
—¿Qué es el Desfiladero, o la Garganta? —pregunta Jack.
Destry deja escapar un profundo suspiro y apura la taza de café, lo que, a juicio de Jack, lo convierte casi en un héroe.
—En realidad, no lo sabe nadie, pero, según cuentan los mannis, está creciendo.
No sé si eso tiene alguna importancia o qué pueden hacer ustedes si la tiene, pero ese Youngblood es el único hombre poderoso a este lado del misterio, así que él al menos debería estar enterado.
Aunque no sé qué podría hacer al respecto, si es que hay que hacer algo.
Jack sabe que, cuando las yentes de Mundo Medio hablan del misterio, se refieren a la ciudad perdida de Gilead.
Destry se inclina al frente.
—Pero escúcheme, Jack: Youngblood no se enterará de nada si usted se pierde o lo matan.
Así que debe andarse con cuidado. Las Tierras Arrasadas están llenas de animales mutis y, por lo que dicen los mannis, Riven está lleno de wompis.
No sé si es verdad o no, pero ellos deberían saberlo, porque viven allí.
No le conviene quedarse al descubierto después de oscurecer. O al menos yo lo evitaría.
—¿Existe algún camino para llegar a esa Garganta? ¿Lo conoce?
—Antes había uno cerca de allí. Algunos lo llaman carretera de Riven; otros, carretera de Gilead. Los viejos del lugar dicen que, al llegar al oeste de Riven, se ve la Garganta por la noche. Cuentan que proyecta una luz que ilumina las nubes.
—¿Y hay radiación? —pregunta Pay. Esa palabra le sale en inglés, no en la lengua.
Destry arruga la frente.
—¿Cómo?
—Veneno. He oído decir que en las Arrasadas la gente se pone enferma. Vomitan, se les desprende la piel, sangran y al final mueren. Algo así.
—En Riven no hay problema, o eso dicen. Y en tiempos antiguos, cuando había comercio de aquí para allá…, aunque eso acabó en cuanto los mannis ocuparon Riven…, había formas de entrar en las Arrasadas sin peligro, por lo que he oído.
—Yo las atravesé de niño —dice Jack, para su propia sorpresa— y estoy bien.
Por otro lado, es cierto que no ha tenido hijos.
Sophie y él querían un niño o dos y nunca tomaron precauciones, pero ella no quedó encinta.
Sophie culpaba al gemelo de Morgan Sloat, que la violó a los doce años, pero Jack pensaba que, con el tiempo, ella concebiría a pesar de sus lesiones.
Pero no pudo ser, porque se les acabó el tiempo.
Tras eso, Jack quedó vacío y perdido, y la motilidad de sus espermatozoides pasó a importarle un comino.
Pay lo mira con los ojos muy abiertos.
—¿ Cómo dices?
—Ya sabías que estuve aquí antes —responde Jack, que piensa: Es como la reencarnación. Dirigiéndose a Destry, dice—: Eso es una larga historia para mejor ocasión. Mi amigo Richard y yo viajamos en tren. ¿Le consta lo que es un tren, alguacil?
—Pues claro. Ya le he dicho…
—No es estúpido, ya. Le ruego su perdón.
—No pasa nada. ¿Cuánto tiempo hace de eso?
Jack es incapaz de precisarlo, porque el flujo del tiempo entre uno y otro mundo no guarda correlación. Se limita a levantar las manos a la manera de Mundo Medio y decir dela.
—Pero, de niños, ¿usted y su amigo no vieron señales de la Garganta?
—No.
—Según contaban mi padre y mi abuelo, las cosas iban a mejor en las Arrasadas, pero un día se abrió la Garganta y ahora las cosas son como las describe su amigo. La gente que pasa mucho tiempo allí enferma.
—La verdad es que no le veo la gracia a acabar con leucemia —comenta Pay. Esa palabra le sale también en inglés.
—No tengo ni noción de lo que pueda ser eso —dice Destry.
—Una enfermedad de la sangre. —Pay se frota la coronilla con la mano—.
Preferiría conservar el poco pelo que me queda.
Y no me gustaría que, un buen día, se me cayera el culo al ir a cagar.
Perdone que sea tan explícito, pero las cosas son como son.
Mejor que vayas tú en solitario a inspeccionar la Garganta…
, a echar una visteada…, Jacky, muchacho.
—Hasta Riven no correrán un gran peligro —asegura Destry—. Allí hable con los mannis. En ese pueblo aún viven algunos, aunque no sé por qué se quedan ni cómo se protegen de los wompis. Pero, por lo que he oído, saben cómo hacerlo y cómo entrar en las Tierras Arrasadas sin contraer la enfermedad.
—¿Usted ha estado en Riven?
—No desde hace años, pero sí han estado un par de hombres en quienes confío. Mi padre y mi tío. Fueron a buscar… cosas de valor.
Jack conserva aún la intuición, y muy viva. Por otra parte, la realidad entre Estados Unidos y Mundo Medio tiene un extraño (pero gratificante) efecto de duplicación. Una especie de eco. O quizá sea ka .
—¿Cosas de valor como libros?
Destry asiente con la cabeza.
—En Riven había muchos libros. Dela. Además, los mannis trocaban comida en lata y hortalizas frescas por carne fresca.
No sé de dónde sacaban esa comida enlatada, ni si tienen más o no.
De niño, yo era aficionado a las alubias en salsa de tomate.
¿Les consta lo que son las alubias en salsa de tomate?
—Jack y Pay asienten—. Ni siquiera estoy muy seguro de que los mannis sigan allí.
Me gustaría pensar que sí, pero ese comercio ha terminado.
—¿Su padre y su tío traían libros de allí?
—Sea. Aquí los libros valen más que el oro.
—¿Y hablaban con los mannis?
—Sea. Los mannis les contaron que existe una ropa mágica.
—¡La ropa interior de los mormones! —exclama Pay, y se echa a reír.
Destry le lanza una mirada de perplejidad.
—¿Se llama mormones a los mannis en el sitio de donde ustedes vienen?
—Dejémoslo —contesta Pay—. Un chiste que se explica, etcétera.
—¿Está loco, su amigo? —pregunta Destry a Jack.
—No. Es solo que todo pensamiento que entra en su cabeza sale de su boca sin pausa para la reflexión.
—Sin duda —admite Pay—. Lo mío es el monólogo interior.
Jack se vuelve hacia él.
—Acompáñame al menos hasta Riven. A ver qué encontramos allí. ¿Qué me dices?
—Wompis, eso es lo que encontraremos. Al menos por lo que cuenta este Wyatt Earp aquí presente.
—¿Eso es un no?
—Es un vayamos con cuidado. Visitémoslo solo de día. —Pay mira a Destry—. Supongo que los wompis de Riven se quedan en casita durante el día, ¿no?
—Ea, o eso me han contado. Según he oído, al sol arden como yesca seca.
Si los mannis les indican el camino hasta la Garganta, vuelvan aquí y cuéntenme qué han visto.
Solo a mí, ¿les consta? No quiero que las malas noticias corran de una punta a otra de Pernil y cunda el pánico.
Bastante difícil lo tenemos ya. Ahora que el tranvía a Debaria nos ha dejado tirados, no sé qué vamos a hacer.
—¿Y Mary? —pregunta Pay—. Si no me tiene a mí para mantenerla en vereda…, para impedir que vuelva a irse de juerga… —Se encoge de hombros.
Destry va a la celda donde Mary ronca y cierra la puerta corredera. Se oye el chasquido del cerrojo. Mary emite un gemido gutural de protesta y se vuelve de cara a la pared.
—Yo la vigilaré y le daré de comer hasta que ustedes vuelvan. Bella, la de la cantina, puede hacerle un lavado rápido y aclararle el vómito del pelo.
—Lo mismo tiene delirium tremens —dice Pay. Aunque la expresión le sale en latín, Destry lo entiende.
—Dice verdad: se sacudirá y temblará y devolverá. Puede que incluso coja un berrinche. Pero, cuando ustedes vuelvan, estará tan despejada como el cielo de verano y lista para regresar al sitio del que han venido. Al lado del mar, me consta.
—Quiere decir que la tendrá presa —deduce Pay.
Destry se encoge de hombros.
Pay mueve la cabeza en un lento gesto de asentimiento.
—Puede que sea lo mejor. Pero espero no encontrármela muerta cuando vuelva. Esta mujer no es gran cosa, poco más que un proyecto, pero tampoco es tan mala persona.
La quieres , piensa Jack. Solo que no te animas a decirlo.
Jack se plantea la posibilidad de mandarla de vuelta a Dezi en el tranvía, si es que todavía funciona.
Al fin y al cabo, aguantó bien el viaje de tres días hasta aquí.
Aunque bien es cierto que llevaba una bolsa de viaje enorme, ¿o no?
Y lo mismo echaba un trago de una botella escondida ahí dentro cada vez que se iba a hacer sus necesidades, cosa que ocurría (cae Jack en la cuenta ahora) con sospechosa frecuencia.
Beber en secreto es una especialidad de los alcohólicos impenitentes, y llegan a desarrollar un gran ingenio al respecto.
Podría mandarla de regreso con bebida suficiente para su mantenimiento, pero ¿y si el tranvía se paraba para siempre allí en los páramos?
Ni siquiera puede dejar a Mary su arma, porque en este momento no la tiene.