Otros mundos (El Talismán 3) Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

—Vaya a por la mujer —indica el alguacil a Jack. Y, volviéndose hacia Pay, dice—: Dele el muñeco a Upfield. —Esta vez señala al camarero—. Hector ya ha hablado más que suficiente por esta noche.

Pay entrega la marioneta al camarero de expresión imperturbable.

Jack se acerca a Mary y dice al hombre sentado junto a ella que retire la mano.

El hombre obedece. Jack la toma en brazos.

No le representa un gran esfuerzo. Tiene la impresión de que Mary no pesa casi nada, pero tal vez se deba a que él ha recuperado las fuerzas de pleno. Además, claro, rebosa adrenalina.

—Venga, vámonos —dice el alguacil a Jack—. Este tal Orvis y yo tenemos que terminar la garla que hemos empezado antes.

—Me llamo Orville —corrige Pay—. No se lo creerá, pero mi hermano Wilber y yo…

—Cállate —ordena Jack, y por una vez Pay se calla.

2

Por lo general, Jack entiende que es un hombre real que lleva una vida real, alguien que come, caga y duerme (aunque, desde la muerte de Sophie, le cuesta conciliar el sueño).

Sin embargo, a veces se siente como un personaje ficticio de una puta saga que solo a ratos tiene algo de sentido.

Esa es la sensación que lo invade cuando el agente del orden de Pernil se presenta formalmente en su despacho pequeño y ordenado.

Dice que se llama Aaron Destry. En su adolescencia, Jack atravesó un breve pero vehemente idilio con los wésterns, que su madre llamaba «folletines de vaqueros».

(Ella, en tanto que Reina de la Serie B, había trabajado en no pocos).

Sus novelistas preferidos del género eran Zane Grey, Archie Joscelyn y Max Brand.

El libro más famoso de este último es Destry cabalga de nuevo.

A Jack le encantaba; suplicaba a su madre que hiciera un remake, con Paul Newman en el papel de Tom Destry y ella, Lily Cavanaugh, como objeto de su interés amoroso.

Jack aún recuerda la respuesta de su madre y la triste sonrisa con que lo dijo: Ya soy demasiado vieja, y Paul Newman nunca habría actuado conmigo, ni siquiera en mis mejores tiempos. Él es una estrella.

El despacho del alguacil resulta bastante acogedor, en parte por la estufa, una pequeña salamandra que desprende un calor soporífero.

Destry cuelga el chaleco en un gancho del perchero y el cinto con la pistola en otro.

Señala con el pulgar las dos celdas no mayores que armarios e indica a Jack que deje a la señora en una de ellas.

Pronuncia «señora » con un ligero énfasis sarcástico.

Se han dado una buena caminata por la calle principal de Pernil para llegar a esta modesta ciudadela de la ley y el orden, y, si bien Jack al principio ha tenido la impresión de que Mary era liviana, ahora, ya aquí, le parece que pesa mucho más.

Sintiéndose como una de las criaturas vestidas con traje de goma que salían en las películas de monstruos de su madre (le viene a la memoria El ser de la cueva de sangre ), Jack la acarrea hasta una de las celdas y la deja en el camastro.

Mary emite unos ronquidos aún más sonoros que antes.

Cuando regresa, el alguacil Destry está poniendo a calentar en el fogón una cafetera abollada.

—Ya es la segunda vez que lo filtro, así que saldrá fuerte como mil demonios —advierte el alguacil.

—Mejor —contesta Jack—. Me vendrá bien la cafeína.

—¿La qué?

—El combustible que te hace imbatible —dice Pay—. La droga legal que te devuelve la moral y te anima a pisar a fondo el pedal. El…

—Hijo —dice el alguacil (sin hostilidad)—, cierra el pico.

Pay obedece. Jack lo nota cansado y todavía asustado, la clase de hombre que cuenta chistes en lugar de silbar en la oscuridad…

, que es, ahora que Jack se detiene a pensarlo, una descripción muy acertada del trabajo de humorista.

Payton está sobrio, sin duda, y sabe que Mary y él se han salvado por los pelos.

—Aquí su amigo el gracioso dice que tienen previsto viajar a Riven —comenta el alguacil Destry—. Aunque él lo llama Reevin.

—¿Puede ponerme al corriente? —pregunta Jack—. He estado fuera del pueblo.

Esta vez Destry señala con el pulgar a Pay.

—Empiece usted y procure ahorrarse los chistes.

Pay hace una mueca.

—Me he enterado por el recepcionista del hotel de que había aquí un alguacil.

He preguntado a Mary si le apetecía dar un paseíto por la calle Mayor para ver qué sabía el poli del pueblo sobre Revin, Reevin, Riven o como diantres se llame.

Se había acostado. Me ha dicho que estaba con la bandera roja y los retortijones de costumbre, y yo, como tonto que soy, me lo he tragado.

Me ha dicho que se tomaría una sopa en el restaurante, y yo, como tonto que soy, también me lo he tragado.

Le he dado unos cuantos vales, y con eso se ha ido derecha a la cantina de Pernil.

—Conocida también como el Cubo de Sangre —interviene Destry.

—Cosa que no me sorprende —observa Pay—. Es uno de esos garitos donde primero se beben la cerveza y después se comen el vaso. ¿Qué pinta ahí ese muñeco horrendo con semejante tranca?

—Hector es la mascota de la cantina —contesta Destry—. Lleva años en ese estante. Si les hubiera roto usted la marioneta, lo habrían metido de cabeza en el retrete de la parte de atrás y se hubieran quedado mirando mientras se ahogaba en mierda.

—Vaya pueblo —dice Pay—. Seguro que hay quema de brujas los miércoles.

—Por aquí las mujeres escasean, así que no es como para andar quemándolas —responde Destry, que parece sorprenderse cuando Pay suelta una carcajada—. ¿Qué pasa? ¿Qué he dicho?

—Dejémoslo —responde Pay—. Un chiste que se explica es un chiste que se echa a perder. Estábamos garlando sobre Ruina, el sheriff y yo…

—El alguacil. Y se dice Riven.

—Riven, registrado. Alguacil, doblemente registrado. Estábamos garlando y de pronto he empezado a preocuparme por Mary. Ha sido un presentimiento intenso… Seguramente no lo entiendas…

—Lo entiendo muy bien —contesta Jack.

—La he encontrado como la has visto. Inconsciente y manoseada.

Cuando se le han acabado los vales que le he dado…

, si es que se los han aceptado, eso no lo sé…

, esos tíos la han invitado a beber hasta que se ha quedado frita.

Yo he entrado, he visto lo que pasaba y les he ofrecido mis mejores números, sudando la gota gorda, por así decirlo, para impedir que se la llevaran a la parte de atrás y la violaran uno tras otro. Entonces has llegado tú.

— Deus ex machina —dice Jack.

A lo que Pay y Destry responden en perfecta armonía:

—¿Eh?

—Da igual.

—¿Cómo se llama? —pregunta Destry.

—Jack Sawyer.

—¿Seguro que no lo he visto yo en alguna parte? ¿Quizá en Arten o en Debaria? Fui representante de la ley durante un tiempo en esos dos sitios.

—Allí no —contesta Jack.

—Bueno, da igual, ya me vendrá a la cabeza. Entretanto, vayamos al grano. ¿Por qué quieren ir a Riven? Es un sitio peligroso y ustedes no parecen personas especialmente peligrosas. —Se detiene a pensar en eso y añade—: Bueno, o al menos no lo parecen el chistoso y la crimpa borracha.

—No la llame así —protesta Pay, y salta a la vista que en ese momento no habla en broma ni mucho menos.

Destry lo examina por un instante y, a continuación, dice:

—Ruego su perdón.

Se vuelve hacia Jack.

—Nos envía Edward Youngblood. ¿Lo conoce?

—Por aquí la gente lo llama Barón de Mejis. Medio en broma, medio en serio.

—Es el gobernador, pero sí, es posible que se considere a sí mismo un barón. Tiene delirios de grandeza. Lo que significa…

—Me hago una idea bastante clara de lo que significa —lo interrumpe Destry. Tras envolver con un paño el asa, lleva la cafetera a la mesa—. No soy estúpido —dice en español.

—Nadie lo ha dicho —contesta Jack.

Destry sirve tres tazas de café.

—Cuando esa mujer se despierte, necesitará un poco de esto. Si es que se despierta. El matarratas que sirven en el Cubo es muy potente y ella debe de haber bebido lo suyo.

—Tiene mucho aguante —afirma Pay—. Se sorprendería.

—Dedicándome al oficio de la ley y el orden, seguramente no me sorprendería. Bebe mucho, ¿eh?

Pay reflexiona detenidamente la respuesta, quizá con la sensación de que, diga lo que diga, no hará justicia a Mary, porque él es —en palabras de Lily Cavanaugh— «su acompañante masculino especial». Al final, habla con mayor diplomacia de la que Jack habría esperado.

—Empina el codo con bastante regularidad, en la medida en que puede permitírselo. Pero pillar semejante melopea como la de esta tarde y esta noche… —Mueve la cabeza en un gesto de negación y deja escapar un suspiro.

—Cuénteme su historia —dice Destry a Jack.

Jack cuenta a Destry que Youngblood los ha enviado a echar un vistazo a lo que él llamó el Gran Desfiladero.

—Aquí lo llamamos la Garganta —dice Destry—. Según su amigo, aquí presente, usted le dijo que Riven está a unas setenta ruedas al oeste. Son más bien noventa. Y no en las Tierras Arrasadas, sino cerca del límite sur de estas. ¿De verdad quiere ir allí?

—Creo que no nos queda más remedio —responde Jack…

, pero le pesa el recuerdo de Dale, desaparecido en el lado de Estados Unidos, posiblemente muerto.

Sarah debe de estar aterrorizada. Su hijo Davey, también.

¿Y qué puede hacer él al respecto? No gran cosa, tal vez nada en absoluto.

Eso le trae a su madre a la memoria. No es de extrañar.

Bátete el cobre mientras el cuerpo aguante, Jacky, le decía .