Capítulo 4 #3
Exactamente a las cuatro en punto (si algo distingue a la población de Nebraska es su puntualidad), tres personas suben con actitud premiosa los peldaños del quiosco.
Dos visten el uniforme marrón de ayudante del sheriff.
El tercero lleva un traje con chaleco, pese al día de otoño inusualmente caluroso, y sostiene lo que parece un cartel cubierto con un paño, tal vez una ayuda visual de algún tipo.
Jack supone que el hombre trajeado es un detective de la policía del estado o el fiscal del condado.
El agente que se acerca a los micrófonos en primer lugar, de rostro enrojecido e incipiente calvicie, está a todas luces muerto de miedo.
El equipo A, incluido el tal Widge Jefferson, un nombre interesante, está de servicio sobre el terreno , supone Jack.
Este es un sustituto, y muy posiblemente se encuentra fuera de su elemento. Cosa que se confirma de inmediato.
«Buenas noches, dalas y caballeros… Quiero decir, damas y caballeros.
Y, córcholis, ¿qué digo, buenas noches? Buenas tardes.
—Enrojece más aún. Si no se anda con cuidado , piensa Jack, va a estallarle la cabeza como un tomate con un petardo dentro —.
Soy el ayudante Walter White. No me confundan con el de Breaking Bad , si es que han visto la serie».
Espera risas ante este golpe de ingenio, pero el público lo defrauda. Uno de los periodistas, a voz en cuello, pregunta: «¿Han detenido ya a Kinneston y Speckhoffer?».
El ayudante White enrojece todavía más, cosa que Jack habría considerado imposible.
«Esto…, no, aunque se prevé que pronto se produzca una detención. Ese no es el motivo de esta rueda de prensa».
El hombre trajeado da un paso al frente y da un toque al ayudante White. Un gesto no demasiado sutil, cabe señalar.
«Dalas y caballeros, les presento a Jerry Gaithers, de la División de Investigación Criminosa de la Policía del Estado de Nebraska».
El ejecutivo cristiano deja escapar una risotada acerba, que Jack comprende.
El ayudante White, no preparado aún para un horario de máxima audiencia, parece, más que un agente del orden, el presentador de un antiguo programa de variedades encomiando al siguiente invitado.
Se oyen también las risitas ahogadas de los periodistas presentes.
Incluso el camarero sonríe mientras seca un vaso.
Gaithers se acerca al atril. El ayudante White, agradecido, se hace a un lado.
«Me llamo Jerome Gaithers, no Jerry. Estoy al frente de los Servicios Operativos Centrales del Destacamento H. Eso es la División de Investigación Criminal…, no Criminosa …, de la Policía del Estado. Prestamos apoyo en esta investigación».
O sea, que os habéis apropiado del caso , piensa Jack. Sabe adónde va a ir a parar eso.
«La razón es que el sheriff Dale Gilbertson ha desaparecido».
En cuanto a eso, Jack está ya al cabo de la calle.
Los periodistas no. Oye un murmullo de agitación y un torbellino de preguntas superpuestas.
Gaithers levanta una mano en ademán regio, como el rey Canuto al ordenar a las olas que no le tocaran los pies.
El rey fracasó, pero Gaithers no, al menos por el momento.
Los periodistas enmudecen, en espera de más información.
Gaithers retira el paño del objeto que sostiene y lo deja caer al suelo del quiosco. Es un retrato fotográfico de Dale Gilbertson de uniforme, con la gorra bajo el brazo. Seguramente lo han descolgado de la pared del vestíbulo de la oficina del sheriff.
Gaithers lo sostiene en alto.
«Ustedes, los reporteros gráficos, saquen un primer plano de esto, si son tan amables».
El rostro de Dale abarca toda la pantalla.
A sus sesenta y cinco años, poco más o menos, continúa siendo un hombre atractivo, pese a que lleva gafas y que ahora, en las sienes, su cabello, antes oscuro, es blanco como la nieve.
Jack ha ido a ver a Dale a Nebraska en varias ocasiones durante su exilio por razones de supervivencia en Mundo Medio, también conocido como los Territorios, pero lo recuerda sobre todo por el horripilante caso del Pescador en French Landing.
Dale se vio claramente desbordado cuando llegó el momento de atrapar a un caníbal asesino de niños pequeños.
Burny, en cuyo cerebro en proceso de calcificación arraigaba el alzhéimer cada vez a mayor profundidad, debería haber sido a esas alturas poco más que un vegetal, pero estaba poseído…
, invadido…, infestado —llámeselo como se quiera— por un poder salido de Mundo Medio.
Dale es un buen hombre y un buen poli. Jack no quiere ni pensar que podría estar muerto, pero si se ha topado con dos adolescentes que ya han matado a ocho o nueve personas y lo cogen desprevenido…
«Si algún telespectador ha visto al sheriff Gilbertson, debe llamar a este número».
Gaithers lo recita y el número aparece en la pantalla.
El primer plano del retrato de Dale da paso a los hombres situados tras el atril (el ayudante Walter White con cara de querer desaparecer), pero Gaithers mantiene aún en alto el retrato de Dale.
«He aquí lo que sabemos. A unos doscientos setenta kilómetros al oeste de aquí, un granjero llamado Cole Travers ha sido brutalmente asesinado por Roy Kinneston y Tara Lynne Speckhoffer.
Los ha identificado otro granjero que retiraba piedras de un campo que se proponía arar.
Estaba demasiado lejos para ofrecer ayuda, pero ha reconocido a Kinneston por el pelo rojo y a la chica por el pelo rubio y la cazadora rosa de motorista… Todos ustedes han visto ya esas fotos».
—Gentuza salida de los parques de caravanas —opina el ejecutivo cristiano antes de pedir otro martini.
«La camioneta ha sido abandonada en el aparcamiento de un Motel 6 en las afueras de Taylor City, en el condado de Elm. Kinneston y Speckhoffer tal vez hayan cambiado de vehículo. No lo sabemos con certeza, porque no se ha denunciado ningún robo».
Alguien: «¿Qué se sabe de Gilbertson?».
Otro: «¿Ha muerto?».
Un tercero: «¿Cuál es la conexión?».
Gaithers dirige a los presentes (quienes, cabe suponer, están ahí tanto para ayudar como para recibir la primicia de un suceso sensacionalista) una mirada de profesor cascarrabias en presencia de unos alumnos díscolos. Cuando callan, continúa:
«El sheriff Gilbertson ha viajado a Wyoming, poco más allá de la línea divisoria.
Como no ha encontrado allí a Kinneston y Speckhoffer, ha reanudado su patrulla habitual por la zona oeste del condado de Hemingford.
A las nueve de la mañana, se ha puesto en contacto con la comisaría y ha dicho a Marjorie Gompers que se proponía cruzar al condado de Elm.
Eso no es nada fuera de lo común, porque los integrantes de los departamentos de los dos condados…
, ambos en Nebraska, de hecho…, viajan de uno a otro lado y se ayudan siempre que pueden.
Esa es la última comunicación que se ha recibido del sheriff Gilbertson.
Poco antes de las doce del mediodía, su coche patrulla ha sido encontrado al final de la carretera de Goshen con la llave en el contacto».
Se elevan murmullos entre los periodistas reunidos. Al igual que Jack, saben cuándo algo no es buena señal en cuanto lo oyen.
«No ha vuelto a verse a Roy Kinneston ni a Tara Lynne Speckhoffer desde que han matado al señor Travers.
Quiero subrayar que no se los ha visto .
Puede que hayan tenido algo que ver con la desaparición del sheriff Gilbertson.
Broken Bow, en el condado de Custer, no está lejos del condado de Elm, pero eso son solo suposiciones, y no me cabe duda de que saben ustedes lo que significa suposición ».
—Sí, mi comandante. O mico mandante —dice el ejecutivo cristiano—. Un chiste viejo pero con gracia.
—Calle, estoy intentando escuchar —lo interrumpe Jack…
, pero en realidad no le hace falta oír nada más.
Jerome Gaithers (nunca Jerry) está en lo cierto al decir que no existe prueba alguna de conexión entre Dale y los asesinos adolescentes, pero también ha dejado patente, sin llegar a expresarlo a las claras, que, a su juicio, sí la hay.
Dale Gilbertson se ha cruzado con un par de serpientes de cascabel, y es probable que el último amigo que a Jack le queda de sus tiempos en French Landing haya muerto.
«La principal finalidad de esta rueda de prensa es asegurarnos de que todo el mundo en el condado de Elm, el condado de Lancaster, el condado de Hemingford y los condados del Cuadrángulo sabe dos cosas: que Dale Gilbertson ha desaparecido y que esta es su cara.
—Levanta el retrato—. El sheriff Gilbertson ha… ».
Walter White se inclina hacia delante. Sigue con la cara como un tomate, pero ahora las lágrimas le vidrian los ojos. Pese a que es un payaso, Jack lo compadece. «¡El sheriff tiene muchas condecoraciones por su valor, tanto de aquí como de Wisconsin! Además…, es un buen hombre. Bueno de verdad ».
Gaithers le dirige una mirada con la que le pregunta: ¿Has terminado ya?
«¡Recen por él!», prorrumpe Walter White.
El ejecutivo cristiano levanta su vaso.
—Brindo por eso.
Gaithers abre el turno de preguntas. Hay muchas, no especialmente incisivas. Jack deja un poco de dinero en la barra, coge su bolsa de lona y se dispone a marcharse.
—Eh, oiga, ¿esto es una broma?
Jack se da la vuelta. El camarero sostiene un trozo de papel arrugado en el que se ve el rostro mal dibujado de Edward Youngblood.
Debajo figura una sarta de garabatos ininteligibles que en los Territorios significaría bienes y servicios.
Por lo visto, Jack no ha retirado todos los vales de Dezi del fajo de billetes.
—Sí, es broma. —Jack coge el papel y deja un billete de veinte—. Quédese el cambio.
En la rueda de prensa, alguien toma la palabra: «En esa zona del condado de Elm hay mucho bosque. ¿Están buscando ahí?».
«Sí —contesta Gaithers. Habla despacio, como un deficiente mental—. Estamos peinando el bosque. Hasta el momento no hay ni rastro de Gilbertson ni de los adolescentes».