Capítulo 3 #2
—Para eso cuento con mi tía —responde Jack, aunque no tiene la menor intención de «adecentarse» o siquiera cambiarse la camiseta manchada de sudor.
Quiere dar la imagen de uno de esos currantes incautos gracias a los cuales los casinos de las reservas indias se mantienen a flote.
Solo que hoy encarnará el papel de un currante que, casualmente, tiene su día de suerte.
Además, la última vez que estuvo allí no llevaba una barba de cuatro días ni necesitaba un corte de pelo.
No quiere que lo echen a patadas por embolsarse un pastón en su última visita; sería una jodienda tener que ir a alguno de los casinos de Iowa.
—¿No sabrás si Dale Gilbertson sigue al frente de la Oficina del Sheriff del condado?
—Uy, pobre hombre —dice Clanton, y alza la mirada al techo.
Eso a Jack le da mala espina. Lo cierto es que no cuenta con medio alguno para mantenerse en contacto, y, si bien Dale sabe cuidar de sí mismo, va entrando en años y es un candidato perfecto para sufrir un infarto o pillar un cáncer por culpa del tabaco.
—¿Le ha pasado algo?
—No, que yo sepa —responde Clanton—, pero tiene un grave problema con esos chavales, ese par de asesinos a los que les sigue el rastro.
Mataron a seis personas aquí mismo, en el condado de Hemingford, y eso fue solo el principio.
Es lo más sonado que ha pasado nunca en esta zona.
Y lo peor. Me extraña que no te hayas enterado.
La noticia ha salido en todas partes. Por los asesinatos y también por lo otro, que da canguelo. ¿Dónde has estado metido, muchacho?
—No sigo las noticias —contesta Jack—. Se me indigestan.
—Vaya que sí, en eso te doy la razón.
—Desde luego, me gustaría saber qué está pasando, si tiene que ver con Dale. Nos conocemos desde que él era jefe de policía en un pueblo de Wisconsin. Lo ayudé en un caso.
Clanton aparta su plato.
—Por aquí, la gente, incluida mi mujer, cree que esto va más allá de un par de chavales asesinos.
Según un comecocos que sale por la tele, Kinneston imita a Charles Starkweather.
Vale, sí, podría ser. No sería el primer asesino que imita a otro, pero hay quien dice que ese chico, Roy Kinneston, está poseído por Charlie Starkweather. Por su espíritu. ¿Sabes de quién hablo?
Por desgracia, Jack cree saberlo.
La camarera vuelve y les pregunta si quieren más café.
—Yo sí —contesta Clanton—, y llénesela también a él. Tengo una historia que contarle sobre Roy Kinneston y el otro, Starkweather.
—Kinneston está infestado —afirma ella categóricamente—. Lo he oído en la iglesia y me lo creo. La chica también. ¿No es eso lo que dicen de las personas poseídas? ¿Que están infestadas?
—Eso lo sabría mi mujer —dice Clanton—. Se ve todos los programas y antes leía la revista Fate , hasta que cerró.
—Infestados por demonios, los dos —prosigue la camarera—. La putilla y el patán. No me digan lo contrario. Así nos lo explicó el pastor Mike el domingo pasado, aunque él no usó la palabra que rima con silla. Es un buen perro, ese que tiene ahí.
Si empieza a echar gases, no pensarás lo mismo , se dice Jack.
La camarera les rellena la taza con la jarra de la Silex y se marcha. Clanton sorbe el café y se inclina hacia delante.
—¿Has oído hablar de Charlie Starkweather?
—Me suena de algo.
—Charlie Starkweather vivía en Lincoln, a un paso de aquí por esta misma carretera, ¿vale? Se crio allí.
—Vale…
—Roy Kinneston se crio aquí, en Hemingford Home. El año pasado conoció a esa chica, la tal Tara Lynne Speckhoffer. Él tenía dieciocho años; ella, trece. ¿Queda claro?
—Sí.
—Charlie Starkweather, por su parte, conoció a una tal Caril Ann Fugate. Eso pasó en 1956. Él tenía dieciocho; ella, trece. ¿ Eso también te queda claro?
—Sí, e intuyo que quizá estás hablando de reencarnación, como tu mujer.
—Yo dudo que sea reencarnación. Lo veo más bien como lo que Alberta ha dicho.
—Señala con la cabeza en dirección a la camarera—.
Alguien llamó a Charlie Starkweather «patán pelirrojo».
Por el color del pelo, ya me entiendes, y se le quedó el apodo.
Los condenaron a los dos, a él y a Caril Ann, por once asesinatos.
Bueno…, no, miento. Los condenaron solo por uno…
, para simplificar las cosas, supongo…, pero Charlie confesó que él y su amiguita los habían matado a todos.
Ahora Jack sabe de qué le suena el apellido Starkweather.
—Bruce Springsteen compuso una canción sobre esos dos, ¿no? —La incluyó en su álbum Nebraska .
—Exacto, y han estado poniéndola en la KLNC a todas horas, en lo que llaman rotación intensiva. Por la similitud, ¿te das cuenta?
Clanton hurga en el bolsillo delantero de su peto y saca el móvil.
—Quiero enseñarte una cosa.
Trastea con el teléfono durante largo rato: botones pequeños, dedos artríticos.
Jack está más que dispuesto a esperar. Si Dale tiene algo que ver con eso, Jack quiere saberlo, y la historia es interesante por sí misma.
¿Reencarnación? ¿Demonios? Un relato como ese no desentonaría para nada en Mundo Medio.
—Esto salió en el Lincoln Journal Star —informa Clanton—. En el número de la semana pasada, pero Chloe, mi mujer, me lo guardó en el como se llame. Aquí. Mira las fotos.
Jack empieza por el titular y el subtítulo: LA ORGÍA HOMICIDA CONTINÚA.
INQUIETANTES SIMILITUDES CON LOS ASESINATOS DE STARKWEATHER .
Los retratos de Roy Kinneston y Charles Starkweather, puestos uno junto al otro, no presentan un gran parecido; Kinneston tiene el rostro alargado y estrecho, una cara casi de intelectual.
El de Starkweather es mucho más ancho. Pero sus expresiones de hostilidad son idénticas, y Kinneston se ha peinado el cabello rojo con una cola de pato a lo James Dean, igual que Starkweather.
De los labios de ambos cuelgan sendos pitillos sin filtro.
—Desliza hacia abajo —indica Clanton.
Jack desplaza la imagen y, hacia la mitad del artículo, encuentra otras dos fotos, también una junto a la otra. Son los retratos de Caril Ann Fugate y Tara Lynne Speckhoffer. Casi podrían pasar por hermanas gemelas, solo que Speckhoffer es rubia y Fugate morena.
—¡Dios bendito! —exclama Jack.
El parecido no es lo único que lo sorprende.
En el lado de Estados Unidos muchas personas tienen dobles en los Territorios, a veces —no siempre— incluso con el mismo nombre: gemelos.
En los Territorios, el padre de Richard el Racional era un reyezuelo de pacotilla llamado Morgan de Orris.
Judy Marshall, de French Landing, tenía su propia gemela, lady Sophie de las Marismas.
En sus dos versiones era valiente y hermosa.
—Te das cuenta, ¿no? —pregunta Clanton—. Es difícil no verlo. Imposible, en realidad.
—¿Dónde está Dale ahora? —Jack empieza a pensar que quizá sería mejor que fuera en busca de su viejo amigo antes de dirigirse al casino de Wahoo y la librería de Lincoln.
—Es difícil saberlo. Sí sé que anteayer salió escopeteado camino de Wyoming, como si llevara un petardo en el culo.
—¿Por qué?
—Porque allí es donde acabaron Starkweather y Fugate. En Douglas, Wyoming. Gilberson pensó que, como la historia se está repitiendo… —Clanton se encoge de hombros y abre las manos para completar la idea.
—¿Estaban allí? ¿Kinneston y Speckhoffer?
Clanton da el último trozo de su gofre al perro.
—Si estaban…, o están…, todavía no les han dado caza, al menos no el sheriff Gilbertson ni la Policía Estatal de Wyoming.
Ni desde luego el Departamento de Policía de Douglas, que viene a ser del mismo tamaño que el de Wahoo.
Si los hubieran pillado, o siquiera localizado, habría salido por la radio.
No, esos dos siguen sueltos, y me juego lo que quieras a que el sheriff Gilbertson todavía les va detrás.
Pero no he terminado. Hay otras cosas que coinciden.
Podría ser que Kinneston solo esté copiando a Starkweather, claro, lo sé, todo el mundo lo sabe, pero te diré una cosa: si eso es así, el universo está echándole una mano a ese patán pelirrojo, porque tiene el pelo exactamente del mismo color que Starkweather y, por lo que cuenta la gente, no es que se lo haya teñido.
—¿Qué quieres decir?
Clanton se termina el café y deja el plato en el suelo para que Rex lama los restos de sirope de arce falso.
—De acuerdo, ahí va. Caril Ann Fugate vivía con su madre, su padrastro y una hermana pequeña. Tara Lynne Speckhoffer vivía con su padre, su madrastra y su hermano. No un hermano pequeño; Neal Speckhoffer tenía siete años más que Tara Lynne y se había alistado en la Armada. Así que sigue vivo.
»El padrastro de Caril Ann pidió a Charlie Starkweather que no fuese más por allí, que Caril era demasiado joven para que anduviera tonteando con ella.
Starkweather dijo: «Sí, señor, tiene toda la razón, muchas gracias», y después volvió con su rifle y los mató a los dos, al marido y a la mujer.
Mató a la hermana pequeña, un bebé todavía en su cuna, de un culatazo.
Puede que no quisiera malgastar una bala.
—Dios mío.
—Ahora saltamos adelante en el tiempo unos setenta y tantos años.
El señor Speckhoffer dijo a Roy que no fuera más por allí porque Tara Lynne era demasiado joven para él.
Roy no lo encajó bien y cogió su escopeta…
, también un arma larga, como la de Charlie Starkweather…
, y fue a casa de los Speckhoffer y los mató a los dos. Huyó con Tara Lynne.
—¿Ella se fue como cómplice o como rehén?