Otros mundos (El Talismán 3) Capítulo 2 #6
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Capítulo 2 #6

—Iremos —propone Mary—. Nos necesita. —Señala con la cabeza a Jack para dar a entender que se refiere a él y no a Youngblood, allá en su gran mansión.

—¿Para qué? —pregunta Pay.

—No lo sé. Como testigos…, creo. Y por la verja.

—¿Qué verja? —dice Pay.

—Aquella que había detrás de Hestin. Donde ponía prohibido .

—¿De qué hablas? No entiendo nada, encanto —responde Pay—. ¿Podrías explicarte?

Mary se cubre la cara con las manos.

—No lo sé. Pero lo que hay detrás de esa verja, sea lo que sea, es malo. Creo… creo que es Discordia .

—¿Y eso qué quiere decir?

—No lo sé —contesta ella—. Y no quiero saberlo.

12

Payton Orville examina la habitación 202 del Good Rest con la mirada de un hombre que se ha alojado en muchos hoteles cochambrosos: los estores amarillentos, la jarra polvorienta en la única mesa de la habitación con una mosca muerta dentro, la acuarela ladeada de una puesta de sol estridente, la cama de matrimonio combada.

—Me he alojado en tugurios peores —dictamina—. Vamos, flor de alhelí, descálzate y descansa un rato.

Jack les recuerda el encargo del bucka y, a continuación, sube a la segunda planta por la escalera entre los crujidos de los peldaños.

La suite Tull es más agradable, pese a que las ventanas dan solo a la calle principal de Pernil, bajo un sol de justicia.

Ve la torre de agua del pueblo, sobre sus altos pilares, la caballeriza de alquiler y el edificio tapiado que en otro tiempo albergó el banco de Pernil.

En un corral de la parte trasera hay caballos, lo cual es un buen augurio en cuanto a las posibilidades de Pay de encontrar un bucka que los lleve a Riven y a la Garganta…

, sea lo que sea. Jack se imagina una versión del Gran Cañón en los Territorios, pero duda que sea igual de magnífico.

Deja la mochila desinflada en un canapé tapizado en terciopelo, y un ratón chilla y huye en busca de la seguridad de su agujero en el zócalo.

No le importa tener un pequeño compañero de habitación peludo; al igual que Pay, se ha alojado en tugurios peores y no prevé pasar mucho tiempo en el hotel Good Rest. Ni va a saltar desde la segunda planta para llegar a Nebraska con las piernas rotas.

La puerta del jardín cercado de Youngblood solo va a Central Park en julio de 1976 y solo le sirve a Ayden Hestin, quien parece poseer algún poder especial sobre ella.

Cuando Jack salta, va siempre a Estados Unidos en el presente (sea eso lo que sea; el tiempo, como la distancia, no es exactamente igual en los dos mundos) y a un lugar vagamente análogo a aquel en el que se encuentra en Mundo Medio.

Ha estado antes en Pernil, pero solo en las afueras del pueblo.

No viene aquí en busca de compañía. Viene para estar solo, lejos de Youngblood, y por lo general se queda únicamente el tiempo justo para saltar.

Jack localiza la escalera de servicio y desciende a la planta baja.

Se detiene ante la puerta para acceder al cinturón billetero.

Se guarda veinte billetes de veinte dólares, dinero estadounidense de toda la vida, en el bolsillo de delante de los vaqueros, se remete la camiseta y sale al closi entre el hotel y el restaurante.

El olor a basura podrida es muy intenso.

Zumban escuadrones de moscas. Jack cierra los ojos y se apoya en el muro de adobe del hotel, caliente por el sol.

Tiempo atrás necesitaba un sorbo del zumo mágico de Speedy Parker para saltar, un mejunje de un sabor espantoso que, como se vio, era vino barato: ¿Q ué es lo que bebo?

¡Tintorro! ¡A ese precio, seguro que ahorro!

Posteriormente descubrió que el presunto zumo mágico no era más que un placebo.

Como la facultad de Dumbo para volar, la magia no residía en el alcohol, sino en él.

Se concentra y piensa en una rampa de salida de la autopista y un establo en ruinas con un cartel en la única pared que queda en pie: ¡obséquiese lo mejor! ¡mastique tabaco mail pouch! Piensa en una señal de stop con dos orificios de bala.

Huele la basura.

Oye las moscas.

Oye el chacoloteo de un caballo en la calle principal de Pernil.

Nota el adobe, áspero y caliente por el sol, a través de su camiseta de cerveza Kingsland.

Sophie y la libreta de Sophie asoman entre sus pensamientos, pero eso no lo ayudará. Después podrá pensar en ella todo lo que quiera, pero, por el momento, aparta de su cabeza ese grato recuerdo.

A diferencia de Mary, él no ve el futuro (aunque tiene sus intuiciones), pero esto sí puede hacerlo. Puede ir . En su mente, oye decir a su viejo amigo Speedy: Viajero Jack, viejo Viajero Jack, tiene que recorrer un largo camino y otro aún má largo para regresá.

No esta vez , piensa Jack. Solo una visita corta. Espera no equivocarse. Más le vale. Quedarse demasiado tiempo sería firmar su sentencia de muerte.

A su espalda, el adobe se disuelve. El zumbido de las moscas de la basura se atenúa y lo sustituye el desapacible silbido de un autocar interestatal que circula a toda marcha por la I-80. Ahora Jack ya no percibe olor a basura podrida, sino el aroma dulce del heno recién cortado.

Jack abre los ojos en Estados Unidos.