Otro maldito escocés Capítulo 12Fingir requiere cierta moderación #3
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Capítulo 12Fingir requiere cierta moderación #3

Nathaniel se queda inmóvil un instante. Cuando vuelvo a mirarlo tiene la boca entreabierta y una expresión que no le conozco. Me acaricia la nuca con los dedos, rozando el borde del recogido, y baja la cabeza hasta apoyar la frente en la mía.

—Te estás tomando bastantes molestias —murmura.

Todavía tengo su labio húmedo bajo el pulgar. Lo retiro despacio, consciente de que mi otra mano sigue agarrada a su pelo y de que sería complicado atribuir semejante entusiasmo a una preocupación por la credibilidad.

—No querrás que resulte poco convincente —respondo, aunque la voz me sale sin la firmeza necesaria para sostener la broma.

Nathaniel mira hacia mi boca y me besa antes de contestar.

Esta vez siento el roce de sus dientes en el labio inferior, una mordida suave que me hace apretar los dedos sobre su hombro.

Pasa la lengua por el mismo lugar y después succiona despacio, hasta que me muevo contra él buscando otra vez su boca entera.

Me recibe con una respiración honda y la mano abierta en mi espalda.

El beso pierde aquella cautela inicial. Nuestras lenguas se encuentran sin tanteos, con una familiaridad que estamos adquiriendo demasiado deprisa, y yo deslizo la mano bajo su chaqueta para acercarlo más.

Tengo la sensación de que me estoy derritiendo por dentro mientras él continúa ahí, sólido, sujetándome de la cintura.

Cuando consigo apartar la boca, necesito apoyar la cabeza en la pared. Me tiemblan las piernas y los labios me laten de una manera que nunca había considerado posible. Nathaniel permanece cerca, acariciándome la mandíbula con el pulgar, y tarda un momento en abrir los ojos.

Miro su boca antes de volver a sus ojos. Hay una marca tenue de mi pintalabios junto a la comisura y me entretengo borrándola con el dedo porque necesito hacer algo que sepa terminar.

—Ni siquiera sabemos si está mirando —comento.

Nathaniel me observa mientras mi mano se queda otra vez en su cara, sin que nadie me obligue ni exista una razón práctica para mantenerla allí.

—Llevas un rato sin comprobarlo —responde.

Podría hacerlo ahora. La puerta está a unos metros y me bastaría con girarme, pero Nathaniel me acaricia el labio con el pulgar y abro la boca bajo su dedo. Lo veo seguir el gesto con los ojos.

—Podrías soltarme, entonces —murmuro sin aire.

El pulgar se mueve sobre mi piel, me abre la boca.

—Tú también —responde, deslizando su boca de nuevo por mis labios.

Esta vez el beso pierde aquella lentitud deliberada.

Nuestras lenguas se encuentran y vuelven a buscarse, húmedas, calientes, mientras mis manos recorren sus hombros sin decidir dónde quedarse.

La chaqueta me estorba. Me doy cuenta con una claridad que debería alarmarme, pero solo consigo deslizar una mano debajo y apretarla contra su espalda.

Cuando consigo levantar la cabeza, tengo el pulso golpeándome en el cuello. Intento recordar qué hacíamos antes de salir a esta terraza.

Ah, sí. Matthew.

Me aparto de la pared evitando mirarle la boca.

—Será mejor que volvamos ya —consigo decir.

—Entra si quieres. Yo necesito un momento —me responde mientras me deja pasar.

Miro la puerta y después a él. Hasta ahora no había reparado en su empeño por quedarse donde está, medio oculto por el macetero. Sigo la mano con la que intenta acomodarse la chaqueta y reparo en el bulto que la tela del kilt no consigue disimular.

Vuelvo a mirarlo a la cara, bastante menos convencida de que yo haya sido la única en tomarse demasiadas libertades con la representación.

—Ah —consigo decir, y tengo que apretar los labios porque estoy a punto de reaccionar de una forma que no va a ayudar a ninguno de los dos.

—Procura no entusiasmarte con el descubrimiento —comenta—. La noche ya está requiriendo bastante paciencia. No llevar nada tiene ciertos inconvenientes cuando necesito que todo se quede en su sitio.

Debería seguir hacia la puerta, concederle esos minutos y ocuparme de averiguar dónde he dejado mi sentido común. En cambio, me quedo mirándolo.

—Entonces, debajo del kilt…

Nathaniel cierra los ojos un instante antes de contestar.

—Nada, Abril. Ya tienes resuelta la cuestión antropológica.

La risa me sorprende antes de poder contenerla. Me tapo la boca con los dedos, consciente de que no debería disfrutar tanto de la expresión en su cara. Él me observa con las manos en las caderas, esperando a que termine.

—Perdona. No me estoy riendo de ti.

—Desde aquí cuesta apreciar la diferencia.

Resulta difícil conservar intactas mis preocupaciones cuando Nathaniel Grant necesita quedarse escondido detrás de una planta después de besarme.

—Nos hemos tomado muy en serio lo de Matthew —comento, señalando vagamente hacia el restaurante.

Nathaniel sigue la dirección de mi mano y vuelve a mirarme.

—Estoy seguro de que mencionarlo otra vez contribuirá a resolverlo. Sigue por ahí.

Me muerdo el labio, pero se me escapa una sonrisa. Él la ve y suelta el aire despacio.

—Puedo esperarte —ofrezco, apoyándome en la pared.

Nathaniel recorre con los ojos la distancia que acabo de dejar entre nosotros.

—Entonces deja de morderte el labio. No estás ayudando.