Otro maldito escocés Capítulo 3Mesa para cuatro, novio para dos #3
13%

Capítulo 3Mesa para cuatro, novio para dos #3

Se me escapa una risa. Nathaniel vuelve la cabeza hacia mí con esa seriedad que conserva incluso cuando está tomando el pelo a alguien, aunque acaba sonriendo al verme. Durante unos segundos me entretiene más su expresión que la conversación de los otros dos.

Vuelvo a mi plato todavía divertida. Catriona ha venido a cenar con el hombre del que asegura llevar años enamorada y, sin embargo, apenas se ha acordado de él desde que nos sentamos.

La facilidad con la que puede olvidarse de Nathaniel para hablar con Matthew me incomoda más de lo que quiero reconocer.

Me gustaría que sus explicaciones encajaran un poco mejor con lo que tengo delante.

Cuando levanto la mirada, Nathaniel vuelve a observarme. La risa de hace un momento todavía me permite sostenerle los ojos con menos ganas de defenderme.

—¿Qué? —pregunto mientras dejo el tenedor sobre el plato.

—Nada —responde, y la brevedad de la contestación consigue que vuelva a desconfiar.

—No te creo. Podrías facilitarme el trabajo y dejar de mirarme como si supieras algo que yo no sé —añado antes de que pueda volver a su cena.

Nathaniel apoya una mano junto a la copa. La luz del restaurante alcanza la pequeña cicatriz que tiene cerca del pulgar y me distraigo un momento antes de regresar a sus ojos.

—Sé muchas cosas que tú no sabes, Abril. Tú también sabes muchas que yo ignoro. Así suele funcionar el mundo.

—Qué manera tan elaborada de no responder —replico mientras me recuesto en la silla.

—Y aun así sigues preguntando —observa, con un amago de sonrisa que esta vez consigo devolverle.

—Soy profesora, Nathaniel. Estoy acostumbrada a insistir hasta que alguien contesta lo que le he preguntado.

La sonrisa se le ensancha y permanece un momento mirándome por encima del vaso. Antes de que responda, Matthew vuelve a incorporarnos a la conversación preguntándole por el viaje a Madrid de la semana siguiente. Nathaniel se gira hacia él, contesta y deja el vaso sobre la mesa.

Catriona comenta que también tiene previsto irse a Londres durante las vacaciones escolares y la charla cambia por fin de dirección.

Yo pregunto por las fechas y descubro que Nathaniel estará varios días allí supervisando la apertura de la nueva sede de su empresa. Habla de despachos, de contrataciones pendientes y de una reunión que alguien ha tenido la brillante idea de convocar antes de que estén instaladas las mesas.

—Supongo que estarás allí para asegurarte de que todo el mundo hace exactamente lo que habías previsto —comento mientras Nathaniel acerca el vaso.

—Los primeros días —responde antes de beber—. Después intentaré dejar que la gente que sabe hacer su trabajo lo haga sin mí.

—Matthew sostiene que eso va contra tu naturaleza —señalo, mirando un momento a mi pareja.

—Matthew habla demasiado —replica Nathaniel, y él levanta las manos para fingir que renuncia a defenderse.

—En algo estamos de acuerdo —murmuro, aunque esta vez mi sonrisa llega antes que el reproche.

—Harriet ha estado revisando el horario que le dejaste —comenta Nathaniel mientras aparta el plato—. Cree que podríais organizar las primeras conexiones antes de que entres en Fettes. Ahora hay tres horas y media de diferencia con Afganistán. A las siete de aquí, allí son las diez y media.

—Podría hacerlo un par de días a la semana —respondo, calculando a qué hora tendría que levantarme—. Y por las tardes preparar el temario y planificar las clases con los demás profesores.

—Sí. Tendréis que concretarlo con Shabnam, pero podría encajar.

Me descubro deseando que llegue el lunes. Todavía no me han explicado las condiciones y yo ya estoy reorganizando las mañanas. Hacía tiempo que algo me ilusionaba tanto como para considerar voluntariamente la posibilidad de madrugar más.

El camarero retira los platos y nos ofrece la carta de postres.

Matthew la consulta con interés, Catriona le pregunta si el tiramisú merece la pena y él propone que compartan uno.

Ambos quieren probarlo y ninguno tiene hambre suficiente para terminar uno solo.

La decisión se produce con una naturalidad que me deja mirando mi carta sin leerla.

—Yo tomaré café —dice Nathaniel mientras entrega la suya al camarero.

—Yo también —añado, cerrando la carta antes de que Matthew me pregunte si estoy segura.

Catriona empieza a explicarle que el de ese sitio es mejor que el de un restaurante al que fueron hace años. La conversación vuelve a alejarse de nosotros con una facilidad casi cómica.

Nathaniel coge su vaso de agua y me observa por encima del borde.

Me doy cuenta de que durante una parte de la cena he dejado de seguir cada palabra de Matthew y Catriona.

He estado hablando de mi trabajo, pensando en Madrid y riéndome con él, y eso me ha permitido descansar un poco de los otros dos.

El camarero trae los cafés y deja el tiramisú entre Matthew y Catriona, acompañado de dos cucharillas. Contemplo el plato mientras intento averiguar en qué momento mi cita romántica se ha transformado en una cena de cuatro en la que mi novio comparte postre con la mujer con la que me ha engañado.

La noche mejora por momentos.