Otro maldito escocés Capítulo 1El universo tiene acento escocés #3
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Capítulo 1El universo tiene acento escocés #3

Nathaniel asiente y deja la hoja sobre la mesa. Yo debería dar por contestada la pregunta. En cambio, siento la necesidad de añadir algo, porque de pronto me molesta que tenga delante mi vida profesional entera y aun así parezca estar buscando dónde va a fallar.

—No voy a dejar Fettes. Me gusta mi trabajo y quiero seguir allí.

—No te he pedido que lo dejes —responde, manteniéndome la mirada—. Quería saber con qué disponibilidad contamos.

Harriet acerca mi horario hacia él y yo aprovecho para recolocar el bolígrafo sobre las notas mojadas. Empiezo a sospechar que esta entrevista sería bastante más sencilla si dejara de contestar también a las preguntas que Nathaniel no ha hecho.

—Durante el verano podré dedicarle más tiempo al intensivo —continúo—. Aunque tengo previsto irme a Madrid. Eso sí quería comentarlo antes de seguir.

Nathaniel levanta los ojos del papel.

—¿Todo el verano? —pregunta.

—Esa es la idea. Quiero pasar tiempo con mi familia y con mi hermana.

Echo de menos España de una forma difícil de explicar después de tantos años fuera.

Me apetece escuchar mi idioma alrededor sin prestarle atención, quedar con Lía sin tener que organizar un vuelo y entrar en una cafetería donde el café no tenga el tamaño de una bañera infantil.

También me apetece dejar de pasar las tardes pendiente de Matthew, pero prefiero ahorrarme esa explicación delante de su mejor amigo.

—Las sesiones serían a distancia, así que puede impartirlas desde Madrid —aclara Harriet—. Necesitaríamos que mantuviera los horarios acordados con Shabnam y que dispusiera de un lugar adecuado y buena conexión.

—Tendría ambas cosas —aseguro, volviéndome hacia ella—. Me interesa la colaboración, pero ese viaje ya estaba en mis planes.

—Entonces podremos organizarlo —responde Harriet mientras anota algo.

—Yo también estaré en Madrid buena parte del verano —añade Nathaniel—. Estoy preparando la apertura de una sede de mi empresa allí.

Lo miro. Había empezado a pensar en Madrid como un lugar donde descansar de ciertas complicaciones escocesas. Al parecer, algunas tienen planes de expansión.

Él sigue observándome y, durante unos segundos, tengo esa vieja sensación de estar siendo examinada por él.

Me pregunto qué estará pensando de mis planes y me irrita que me importe. He venido a una entrevista de trabajo, no a solicitarle permiso para pasar el verano en mi ciudad.

Al terminar la entrevista, Harriet cierra su carpeta y me explica que hablarán con otros dos candidatos antes de tomar una decisión.

Nathaniel recoge mi currículum, aunque antes de guardarlo vuelve a mirar la primera página y tengo el impulso absurdo de preguntarle qué demonios encuentra ahí después de haberlo leído ya.

Me pongo de pie con más cuidado que antes. Esta vez no golpeo la mesa, no derramo agua y consigo colgarme el bolso sin engancharme el pelo en la correa.

Progreso.

Nathaniel se levanta también.

A su lado vuelvo a notar esa desproporción física que siempre me resulta irritantemente evidente.

Tengo que alzar un poco la cabeza para mirarlo y él baja la suya.

De cerca puedo ver una sombra más oscura de barba sobre la mandíbula y una línea fina junto al ojo izquierdo que aparece cuando entrecierra los ojos.

—Matthew tenía razón en una cosa —dice mientras me entrega la carpeta que he dejado sobre la mesa.

La cojo procurando no rozarle los dedos, una precaución completamente innecesaria que me hace sentir todavía más idiota.

—Eso sí que es una noticia. ¿En cuál?

Nathaniel tarda un instante en responder. Su expresión sigue siendo seria, pero vuelve a aparecer ese amago de sonrisa que empiezo a sospechar que utiliza deliberadamente para desconcertarme.

—El puesto encaja contigo.

No sé por qué esa frase me afecta.

—Gracias —respondo, y esta vez no encuentro ninguna broma que colocar detrás.

Él asiente y abre la puerta para dejarme pasar.

Mientras cruzo junto a su cuerpo vuelvo a sentir la impresión absurda de que Nathaniel ocupa más espacio del que le corresponde.

No me toca. Ni siquiera se acerca demasiado. Aun así, noto su presencia en el hombro que pasa cerca de su pecho y en esa parte de mi atención que se queda atrás cuando ya he salido al pasillo.

La recepcionista me sonríe desde el mostrador.

Yo le devuelvo la sonrisa y sigo caminando hacia el ascensor con la carpeta apretada contra el costado.

He venido buscando una colaboración que me ilusione, algo que pueda compaginar con el colegio y llevarme conmigo durante el verano en Madrid. Matthew me ha recomendado el proyecto, me ha animado a presentarme y ha olvidado mencionar que su mejor amigo iba a sentarse enfrente para hacerme preguntas.

Encuentro el móvil dentro del bolso mientras espero el ascensor. Tengo un mensaje suyo.

¿Qué tal ha ido?

Miro la pantalla y después la carpeta, todavía húmeda por una esquina. Podría contarle que Harriet me ha caído bien, que el horario encaja y que sigo queriendo el trabajo. Empiezo por otra cosa.

¿Hay algún otro amigo tuyo que deba esperar en la segunda entrevista?